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sábado, 30 de marzo de 2019

Así empezó

- Si te giras, te beso. - Le dijo él, mirándola a escasos centímetros de distancia, la cara apoyada en su cama, mientras ella estaba tumabada boca arriba y a veces le daba por girarse para encontrarse con su mirada.
Él se moría por besarla, y ella lo sabía. Ella quería que la besara, y él lo sabía también. Pero sin embargo, pese a repetir la misma amenaza hasta 3 veces, no llegó a besarla. Y ganas no le faltaba a ninguno, y besos tampoco, pero a veces el corazón de una persona tiene tantas heridas que las cicatrices se convierten en miedo, que el dolor del pasado se convierte en duda.

"La beso, a la próxima la beso, de verdad" pensó él hasta en 3 ocasiones. No hubo un cuarto pensamiento similar, no hubo otra auto-promesa incumplida. Y no la hubo, porque ese día sí hubo un héroe, sí hubo un valiente. Ella se giró, él la miró... y ella misma, sin dejarle amenazar en vano, le besó. Le besó y le quitó el miedo, le besó y le curó cien heridas, le besó y cerró cicatrices que no recordaban ya qué era sentirse listas. Le besó, y todo, desde aquel momento, cambió. Y aunque ella en ese momento no supo lo que ese beso acarrearía, arriesgó. Y ganó, ella. Y ganó, él.

 Y hoy, más de dos años después, no hay ni un sólo día en el que él no la mire y la admire, y de gracias por aquel día en el que ella fue, lo que él no pudo ser. Valiente.

 

 

Te quiero, cielo.

martes, 4 de diciembre de 2018

No todo el amor se siente igual

No todos los amores son iguales, no.
No todos se sienten igual... y quizá sea eso lo que haga del amor, amor.
Algo íntimo, personal, que se nutre y se moldea de distinta manera según la persona a la que se ama. Y se crea algo irrepetible, algo que por muchas veces que te hayas enamorado, no será nunca igual. ¿Y no es eso bonito? Yo creo que sí.

Aun hoy, después de tantos meses juntos, sigo pensando en ti constantemente. Mientras trabajo, mientras voy en el metro, mientras juego, mientras canto, y sobretodo mientras escribo. Y siempre pienso que tengo ganas de volver a tu lado, sea la hora que sea, esté donde esté. Me encanta la sensación de estar cerca de ti, aunque tú estés a lo tuyo, y yo a lo mío. Me hace feliz sentir tu presencia cercana.

Eres la playa recóndita donde descansa mi ser,
mi santuario de paz donde puedo volver.
Hasta en mi peor día, encontrarme a tu lado,
apaga mi rabia y deja mi corazón calmado.

Eres la magia que me mantiene siempre niño,
el hada que crea los polvos con los que río.
Mi pensamiento alegre de Nunca Jamás,
no importa dónde volemos si tú aun estás.

Eres el suspiro de Becquer,
que nunca supo a dónde iba.
Qué tonto él, que preguntó
yo lo seguí, a ti me llevó.


 Y estás lineas describen perfectamente como siento mi amor por ti.
Gracias por ser así.

~R

viernes, 9 de junio de 2017

Solo con verte

Como un desierto para el caminante,
que implacable y eterno lo siente.
Como una espina de rosa,
que tiñe de rojo al valiente.

Fuego desnudo en mi alma,
cada vez que roza mi piel tu mano.
Fuego desnudo, que quema,
como tu vela al secar mi llanto.

No intento predecir el viento,
sino dejarme llevar a donde ir.
No pretendo entender qué siento,
sino dejar a mi corazón latir.

¿Y que hago si no es quererte
a cada segundo que estás aquí,
paseando por mi mente,
porque nunca te has ido de ahí?

¿Y qué hago si no es amarte,
a ti y cada momento a tu lado?
Sería feliz sólo con verte,

pero he sido el más afortunado.

viernes, 21 de abril de 2017

Porque sí.



Hoy es una de esas veces que voy a escribir puro sentimiento. No es ninguna historia ni ningún relato, no va a ser poesía ni tampoco voy a molestarme en embellecer lo que escriba. Simplemente voy a cerrar los ojos, y voy a escribir hasta que mis dedos quieran parar, hasta que sienta que estoy tranquilo y que no tengo nada más que escribir... Ahí voy:

Te quiero. Así, sin pensarlo mucho, es lo primero que diría si me pidieras que te dijera algo. Y si lo pensara más, diría que te amo. Porque para amar a alguien hay que tener las cosas claras, hay que quererle, sí, pero no sólo con eso basta. Para amar a alguien hay que tener claro que quieres pasar el resto de tu vida con esa persona, que quieres que no hay ninguna más después, que quieres que esté contigo día a día y  que sepas que no serías capaz de cansarte de esa persona ni aunque vivierais 200 años. 
¿Y por qué sé que te amo? He estado feliz en muchos momentos de mi vida, pero ... eso es, en mucho "momentos". Esta es la primera vez que realmente siento que soy feliz de continuo, que soy feliz, y no simplemente lo estoy. Y esto es simplemente porque siento que todo lo que quiero de la vida resulta mejor cuando lo comparto contigo.
Saber que estás conmigo y que voy a poder tenerte a mi lado al volver a casa hace que adore mi trabajo hasta en un día malo. Hace que adore la lluvia, hasta cuando me toca salir por obligación.

Y es que ahora vivo de una manera que no había vivido nunca. Ahora vivo una vida y media, la mía, y la nuestra. Y eso no querría cambiarlo por nada, porque nada me compensa más que compartirme contigo, nada me compensa más que llegar a casa a las 8am de un turno de noche y caer rendido en tus brazos. Se descansa de otra manera.

Te amo, y yo lo sé. Te amo, y tú lo sabes. Y aunque a nadie le importe si te amo o te dejo de amar. Aquí lo dejo, para que quede nota, para que pasen los años y nos muramos, y todavía quede un rastro de esto que siento por ti.
Quedarán historias y recuerdos, quedarán poemas y canciones y relatos que he hecho y haré por ti. Quedarán muchas cosas, y desde hoy también quedará para siempre, mi amor.

Y ojalá dentro de muchos años, alguien que esté enamorado a rabiar, alguien que esté convencido en que daría la vida por su ser amado, alguien que ame tanto que no le quepa en el corazón lea esto que escribo hoy y se diga a sí mismo, con conocimiento de causa: "Vaya, sí que estaba enamorado de verdad".

Porque joder, otra cosa no, pero de saber qué siento, no me gana nadie y nadie me entiende mejor. Y te amo, y lo digo, y lo vuelvo a decir, y aquí estoy yo y mis sentimientos, y te los doy ambos a ti. Mis sentimientos , y a mí.

Te quiero, bolita.

domingo, 12 de febrero de 2017

La caja de la felicidad (4)

Despertó sin sobresaltos, tranquilo y con el corazón caliente, sin duda alguna había soñado con ella. Solo ella le dejaba esa sensación de calma en todo el cuerpo, en toda el alma.
Se desperezó y asomó la cabeza por el agujero del tronco, hacía un día estupendo, soleado y de temperatura agradable. Esto le hizo sonreír aun más.
Cuando salió del escondite y se disponía a retomar el camino, tuvo la sensación de que algo no estaba bien, de que algo fallaba. Se quedó cavilando unos segundos de qué podía tratarse aquello, cuando de repente escucho un rugido, un rugido muy cercano, tan cercano como que venía de su estómago. ¡Eso era! No había comido nada desde hacía demasiadas horas. 

Miró al cielo frunciendo el ceño, no podía usar sus cubiertos de comer estrellas, esos de colores que le había puesto en la mochila. Tendría que haber cenado antes de irse a dormir, pero se había olvidado, distraído que estaba con las luciérnagas. Suspiró un momento, pero en seguida recobró el espíritu positivo que le había inundado desde el despertar. No tenía importancia, si no podía desayunar estrellas, tiraría de las viandas especiales que llevaba encima. Nada más sano, nada más sabroso...

Regalices, lacasitos... y helados pequeñitos de chocolate. ¡Excelente! Primero, segundo y postre, una comida sana y equilibrada sin duda. Comenzó a comerse el regaliz mientras caminada de vuelta al camino. Era consciente, o así lo sentía él, de que todavía quedaba mucho camino por recorrer, pero esto no lo desmotivaba en absoluto. Él la quería, y todo lo que tuviera que hacer era poco si era por ella. El camino parecía hoy estar más amabale al caminante, con menos piedras y menos socabones. Quizá era su imaginación, pero la imaginación es poderosa, y solo de imaginarlo hacía que le molestara menos a los pies. Después del regaliz, tiró a por lacasitos, y al volcar el recipiente en su mano no pudo más que sonreír, sólo había rojos y azules, ninguno de los otros colores, y él entendió el por qué. Entendió que alguien le había dado lo mejor a cambio de nada, que ella había elegido uno a uno los lacasitos que le iba a dar para su viaje. Los rojos daban más energía, y los azules, ¡mejor espíritu para aguantar el viaje!

Caminó y caminó, en linea recta, que hoy el camino ni se retorcía ni daba vueltas de loco. Caminó con ella en la mente, con ella en los ojos, las manos y los labios, con ella, porque no quería caminar con nadie más, porque nadie más era ella.

domingo, 1 de enero de 2017

Descubrir

La tenía al lado muchas veces, y era muy curioso descubrir como, al menos una vez al día, algún abrazo o beso suyo me hacían sentir como si nada más hubiera en esta vida.

~ pequeña

jueves, 22 de diciembre de 2016

La caja de la felicidad (3)

Siguió caminando, caminando sin descanso. No porque no estuviera cansado, sino porque el amor no entiende de cansancio, el amor no entiende de esperas. El amor ocurre, cuando ocurre de verdad, a todas horas, sin interrupciones, en todo momento, sin excepciones.Y por ello tenía que seguir avanzando.


El sol se despedía en la ontananza ondeando lazos de fuego entre las nubes, mientras que la luna esperaba agazapada tras la montaña esperando su turno para salir a escena y teñirlo todo de misterio. Cualquier buen aventurero sabe que cuando cae el sol hay que encontrar un lugar donde refugiarse, porque las más peligrosas de las criaturas son aquellas que atacan por la noche. Pero allí no había cuevas, ni poblados ni ruinas.
Allí no había más que un camino mal hecho y árboles a los lados. ¿Cómo iba pues a encontrar refugio?


Pensó durante unos minutos, pero sin dejar de caminar. "Cada paso que diera hoy, era un paso que no tendría que dar mañana." Así se decía él mismo para motivarse a seguir.
De pronto, tuvo una idea. No tenía garantía de que fuera a funcionar, pero si lo que buscaba era un escondite, entonces encontraría uno. El sol a penas se dejaba ver ya, y la oscuridad de la noche desnudaba las siniestras siluetas de un bosque solitario. La única luz era la que se veía en el cielo, y la luna se negaba a iluminar más allá del linde del bosque. Quizá por miedo, quizá por maldad, quizá porque no sabía hacer más.


Sacó entonces la linterna y la encendió sin apuntar a ningún sitio en concreto. La luz de la linterna se posaba alegre e inquietamente sobre el suelo, rocas, flores, plantas o ramas de los árboles. En cualquier sitio, pero nunca paraba quieta.
Parecía revolotear con vida propia. Esto era porque no se trataba de una linterna normal, esta linterna la habían puesto en su mochila porque tenía una función como ninguna otra. Servía para jugar al escondite con las luciérnagas.
A los pocos segundos de haber encendido la linterna, un grupo de traviesas luces comenzó a dejarse ver entre la maleza. Acto seguido, empezó a internarse en el bosque. Él las siguió, no era difícil seguirlas, era más difícil no caer al pisar o no tropezarse con ninguna raíz. Las siguió durante un par de minutos, no más, ya que todo el mundo sabe que cuando se juega al escondite, especialmente con luciérnagas, sólo tienes 2 minutos antes de que el que pilla empiece a buscar.


Un árbol que fácilmente podía haber sido 3, un árbol frondoso con ramas y hojas tristes que caían como un paragüas, ocultando el agujero que había en su tronco donde las luciérnagas se habían metido. Se metió sin dudarlo. Estaban jugando al escondite, y se habían escondido allí, así que ahí tenía lo que buscaba, un escondite para pasar la noche. Estaba escondido como ellas, las luciérnagas, y nadie ni nada podría encontrarle allí. Pensó en utilizar su manta, pero allí dentro no hacía frío,y prefirió reservarla para una ocasión mejor. Esa noche, de todas maneras, seguro que soñaría con ella.

domingo, 6 de noviembre de 2016

La caja de la felicidad (Capítulo 2)

El camino que se extendía en zigzag hacia el horizonte cubierto de nieve estaba un poco descuidado aunque era fácilmente transitable. Había algún socavón y varias piedras que de forma caprichosa y sin ningún propósito descansaban perezosas sobre la tierra. A los lados, se alzaban incontables árboles de diferentes formas y tamaños. Algunos tan altos que sus copas quedaban ocultadas entre el frondoso ramaje y otros tan pequeños que podría haberlos saltado si hubiera querido.
Pero a él no le interesaba lo que había tras los árboles, ni le molestaban las importunidades del camino. Él tenía que llegar a la montaña helada al final del camino, para después descender por la gruta de las hadas hasta el jardín oculto donde, si todo iba bien, encontraría la entrada del volcán de cenizas. Lugar donde se forjan los sueños, donde se presumía estar custodiado el tesoro que andaba buscando.

Caminaba a ritmo ligero, no por tener demasiada prisa, sino porque sus piernas estaban acostumbradas a ello. Además la maleta de su espalda parecía no tener peso alguno, se sentía ligera como el mismo viento. Quien se la había preparado, había definitivamente tenido un gran detalle eligiendo tela de hoja de Nymphadora dorada. Pues era el único material existente capaz de absorber hasta la mitad del peso de cualquier cosa que resguardara en su interior.

Miró al cielo, moviendo la nariz de forma instintiva. Parecía que tan sólo faltaban unas horas para que cayera la noche y se hiciera peligroso caminar por el camino. No estaba preocupado por el frío de la noche, pues tenía su manta en la maleta, pero sí le preocupaba perderse o tener un accidente caminando a oscuras, así que decidió que andaría 5 kilómetros más antes de hacer un alto en el camino.

Mientras marchaba, sus pensamientos bailaban distraídos y saltaban de tema en tema sin detenerse mucho rato en nada en concreto. A veces recordaba, otras inventaba, y otras simplemente observaba de forma rigurosa todo aquello que captaba su mirada. Y en uno de esos momentos últimos fue que se percató de que no se había cruzado con nadie en todo el rato, ni con nadie ni con nada. No había escuchado un sólo silbido de pájaro, ni el ruido de un conejo escurriéndose entre la maleza. Nada de nada. ¿Qué podía significar aquello? Nada bueno, eso seguro. Podría haberse asustado, podría haberse dejado atrapar por la sensación de desasosiego que envolvía el ambiente... pero esto estaba ya previsto, no se dejan estas cosas al azar cuando se pretende hacer un viaje así de importante.
Alcanzó de su maleta la libreta pequeña en donde guardaba sus sueños, la abrió al azar por la mitad. Las letras comenzaron a temblar en el papel, la tinta comenzó a derretirse y arremolinarse en la página y tras unos segundos se convirtió en una imagen. Ésta, al momento se despegó del papel y levitó con tranquilidad hasta su mente, donde se recostó en la parte frontal y quedó grabada, deshaciéndose de nuevo en un remolino y formando después las mismas exactas palabras y letras que había antes en la libreta. Pudo sentir la calidez de aquellas palabras recorriendo su mente y su cuerpo al instante, y aunque ahora la página de la libretita estaba en blanco, su corazón estaba lleno y en calma, y así pudo seguir sin temor.

sábado, 5 de noviembre de 2016

La caja de la felicidad (Capítulo 1)

Cuando salió a la calle no sabía muy bien cuando volvería. Era una de esas veces que hacías un viaje de ida... sin un billete de vuelta. Pese a ello, no se podía decir que llevara un gran equipaje. A parte de la ropa que llevaba puesta, una pequeña maleta colgada a la espalda le acompañaba, y ni siquiera la había preparado él. Esto es lo que había en ella:

Una linterna pequeña, para jugar al escondite con las luciérnagas; cubiertos de imanes que se abrían y cerraban, de colores brillantes para comer estrellas; Una manta, suave y morada, que al abrazarla de noche se convertía en su amada. También tenía una libreta pequeña y discreta, en cuyas paginas guardaba sus sueños; viandas, nada hay más sano, regalices, lacasitos y también algún helado; y bolsillos secretos, en dónde en cada uno había un deseo.
Y entre todos los cierres y capas de cremalleras, al fondo se ocultaba su compañera.

Como podéis observar, era una maleta bastante peculiar, y seguro que os preguntáis a dónde iba que necesitaría semejantes cosas. Pues no iba a un lugar concreto, ni a un tiempo definido, sino en busca de un tesoro del que poca gente había oído hablar, un tesoro que cualquier persona que hubiera sabido de él, habría querido conseguir. La caja de la felicidad. Había muchas leyendas e historias sobre esta caja. Algunas dicen que en ella se esconde el motivo de la felicidad de cada persona del mundo, otras dicen que hay tantas riquezas como para comprar un planeta, otras incluso dicen que te da el poder de cambiar el mundo a tu alrededor a como tus sueños se les antoje. En lo único que coincidían todas las leyendas, era en que para encontrarla había que arriesgar algo más que tiempo y vida, y que sólo un gran sacrificio podía abrirla. ¿Para qué quería él semejante tesoro, y por qué arriesgaría su existencia por él?
Pues bien... dicen que el amor te hace hacer locuras... y nadie, nadie amaba más que él.

Se ajustó las cuerdas de la maleta en los hombros, tomo aire con mucha profundidad y después lo dejó salir lentamente de sus pulmones mientras se empapaba de aquel ambiente que no volvería a ver en mucho tiempo. Sonrió para sí mismo, y avanzó hacia el camino de tierra que se extendía a sus pies. Supo que ahí estaba el principio.. pero, ¿dónde quedaría el final?

viernes, 23 de septiembre de 2016

Y consiguieron descansar.

Cuando bajé del tren me sentía un poco perdido, era una ciudad en la que sólo había estado una vez, hacía poco más de 10 años, cuando era niño. Desde la estación podía ver que nada a mi alrededor me era familiar, ni siquiera el viento frío que golpeaba mis mejillas suavemente se parecía al del lugar donde yo vivía.
El sol, pese a que hacía frío, hacía acto de presencia en un cielo totalmente despejado sin ninguna nube y se divertía cegando mi mirada cada vez que intentaba mirar a través del cristal de la estación. Supuse que estarías ya esperándome, aunque una parte de mí temía que llegaras tarde o que incluso te hubieras olvidado. "No, tú no haría eso", pensé.

Cuando cruce la puerta te vi de inmediato. Quizá porque te habías puesto justo en frente y estabas haciendo aspavientos con los brazos para que te viera. O quizá porque no había nadie más al rededor. Era una sensación extraña, te había visto antes, aunque nunca en persona; había oído tu voz, aunque nunca en directo; había incluso tenido conversaciones contigo, pero nunca a la cara. Esta era la primera vez, y no podía evitar sentir una sensación curiosa mitad emoción cuando conoces a alguien nuevo, mitad ganas de volverte a ver con alguien que hacía tiempo que no veías. Y aun así, en el instante en que te vi, supe que todo iba a estar bien, que el viaje valdría la pena.

Me recibiste con un fuerte abrazo y dos besos, exclamando no mi nombre, sino ese alias que estabas acostumbrada a leer mientras jugabas. Sentí como si no fuera la primera vez que me abrazabas. Ese calor que desprendía tu buen corazón lo había sentido antes, aunque fuera en la distancia, y eso me hizo sonreír aun más. Te devolví el abrazo con cariño, y comenzamos a caminar. No tenía claro qué íbamos a hacer ese día, y creo que tú tampoco... pero estaba claro que fuera lo que fuera iba a ser para pasarlo bien.
Y así fue, realmente hicimos muchas cosas para tan poco tiempo que tuvimos. Desde pasear sin rumbo por el parque, hasta empacharnos sin remedio a base de bollicaos en un banco en mitad de las Ramblas. Sé que caminamos mucho, aunque no sabría decir cuánto, sé que caminamos mucho, pero que en ningún momento me sentí cansado. Sé que caminamos mucho, pero ni la mitad de lo que reímos, ni la mitad de lo que hablamos.
Y es que contigo, es difícil no sentirse feliz.

Después te quise llevar a algún sitio a cenar, fingí saber perfectamente dónde iba, y tú fingiste creerme y te dejaste llevar sin ninguna queja. Giré en una calle aleatoria, crucé una plaza que no había ni visto antes. Me perdí en ningún lado y en ningún sitio, pero seguí caminando, y tú simplemente sonreías a escondidas sabiendo que estaba perdido. Sí, lo estaba, pero lo que tú no sabías, es que aunque no lo hubiera estado, sólo con verte sonreír, habría seguido perdido una vida y media más.

Finalmente encontré un restaurante, aunque creo que ya no recuerdo dónde ni qué cenamos. No recuerdo quién pago, o si llegamos siquiera a pagar. No recuerdo si hubo postre, si la comida estuvo buena o no... Pero sí recuerdo que contamos historias, las más absurdas que habíamos vivido, incluso las que aún nos quedaban por vivir. Sí que recuerdo que reíste tan fuerte que el agua casi te sale por la nariz, y que yo me atragante, con mi propia saliva, intentando no estallar en carcajadas. Eso sí lo recuerdo, porque dejó un sabor de boca difícil de olvidar.

Y cuando salimos, llovía a cántaros, como no había visto llover en meses. Me cogiste de la mano y me arrastraste calle arriba con tan sólo un "¡Por aquí!". Corrimos bajo la lluvia, y en ese momento admito que pareció una idea genial. Ahora, en perspectiva, veo que nos empapamos igual que si hubiéramos ido caminando despacio. No tenía ni idea de por dónde me llevabas, pero no dejabas de reír, de cagarte en todo, y yo de cagarme en la puta. No sé qué nos pareció tan divertido de aquello, de estar mojándonos como patos y pensar en la pulmonía que podíamos pillar. Pero ahí estábamos, corriendo bajo la lluvia y pasándolo tan bien como si aquello fuera un parque de atracciones. Y seguimos corriendo... hasta que llegamos allí. Paraste de golpe en un portal y nos refugiamos.

"¿Te has cansado de correr ya?" Te pregunté mientras me inclinaba para coger aire apoyado en mis rodillas. Me miraste casi ahogada tú también, y te reíste.

"Sí, desde que empezamos a correr" bromeaste mientras te incorporabas. Me reí con ganas. "Anda, sube y te secas, y con un paraguas te vas al Hotel".
No pude negarme a tu oferta, estaba tan calado en agua que me chorreaban hasta las pestañas. Así que simplemente asentí, como un tonto que no sabe qué responder. Un tonto  pasado por agua.

Y subimos, y me dejaste una toalla, una camiseta ancha y un pantalón a juego. Poco varonil, sí, pero seco y a juego. Me mandaste al baño a secarme y cambiarme, y te dejé a ti en la habitación. Yo creo que no tardé mucho, que sólo tarde unos minutos, más unos minutos que dejé pasar por si tú estabas haciendo lo propio en tu habitación. Sinceramente, yo creo que no pasaron más de 15 minutos, pero también es cierto que perdí un poco el control del reloj.
Cuando llegué a tu habitación estabas tirada ya en la cama, tapada con una manta y con los ojos cerrados, la luz encendida y la cara medio hundida en la almohada.
Aguanté la respiración, como si temiera despertarte con tan sólo respirar, mantuve el silencio como si temiera que al robarte el aire con un suspiro te pudieras molestar. Me acerqué de puntillas hacia la mesita donde estaba mi móvil y mi cartera. No tenía ni idea de cómo volver al Hotel, tampoco tenía paraguas y seguía lloviendo a cantaros. No tenía ni idea, pero sí sabía que no te quería despertar. Estaba ya en la puerta de tu cuarto, con la mano en el interruptor de la luz para dejarte descansar...

"Apaga la luz, deja eso y acuéstate ya, estoy cansada" te escuché decir. Me giré y te vi todavía con los ojos cerrados, la cabeza hundida en la almohada, y sin dar casi ningún signo de vida, excepto tu mano dando unos leves golpecitos sobre el colchón a tu lado.

"Bueno, si me lo ordenas... qué remedio" dije, como si te estuviera haciendo un favor, como si no me estuvieras salvando el día, como si no acabaras de hacerme sonreír aunque no pudieras verlo. Me acosté a tu lado sintiéndome raro, y me puse de lado dándote la espalda. Sentí tu brazo pasar por encima del mío, cayendo en forma de abrazo. Sentí tu abrazo en mi piel, y tu comprensión en el alma. Dejé de sentirme raro, y me sentí un poco más tú.

Abracé tu brazo con el mío sobre mi pecho. Compartí mi suspiro contigo, compartiste tu respiración conmigo. Compartimos una sonrisa en la oscuridad, y los dos nos entendimos.

Y así terminó el día, que no  todo termina como uno espera, ni todo espera a que uno termine. Pero aquella noche, en aquel momento, fuimos simplemente dos almas perdidas que encontraron un lugar, fuimos dos corazones rotos que consiguieron descansar. 
Fuimos dos personas durmiendo, compartiendo cama y quizá algún sueño. Fuimos lo que fuimos, y no pedimos nada más...

~DeWay.


lunes, 12 de septiembre de 2016

Y entonces lo vi...

Y te vi, una vez de muchas otras, pero igual de especial como cada otra vez.
Te vi y te admiré, a ti y cada una de tus palabras y tus gestos... como cada vez.

Pero en esta ocasión vi que no eras tan guapa como un ángel, aunque yo lo había dicho antes.Observe que tu pelo no caía a todo momento por donde debía, tu piel tenía algunas imperfecciones, tu cuerpo no era el de una chica de revista de moda, que no todos tus sonidos al hablar eran armonía ni todas tus caras poesía.

Vi que no siempre decías lo más acertado, que a veces se te escapaba algún comentario que quizá deberías haber omitido, que a veces te tomabas ciertas cosas demasiado en serio, que no estaba de acuerdo en todo lo que decías.

Y entonces lo vi, lo vi como si no hubiera nada más que ver:
Esa no era la chica de la que yo me había enamorado años atrás. No lo era, no más.
Y sonreí, porque la chica de la que me enamoré había desaparecido... la chica por la que en su día habría enloquecido si me lo hubiera pedido ya no existía. La chica que cambió mi corazón había dejado de ser.
Ahora estaba delante de una mujer diferente, una mujer distinta y que había dejado atrás a la chica anterior. Y recordé aquello que un día dejé salir de mí, para ti, al lado de la estación. "No te quiero sólo por quien eres ahora, sino por la mujer que creo que puedes llegar a ser".

Y entonces sucedió tal y como yo supe desde ese día. Y me enamoré de esa mujer también, y de ese pelo que caía por donde le daba la gana, de esa risa, de esa piel con alguna manchita blanca, de esas curvas que le recorrían, de sus contestaciones, las buenas y las malas; de su ceño fruncido, de sus muecas, y de todo, todo ella.
Me enamoré de ella, e imaginé la mujer que podría ser en unos años, y la quise también. Y entendí que sin saberlo, mientras ella cambiaba yo cambié también, que cada uno siguió un camino distinto, que cada uno vivió lo suyo y parte de lo del otro también. Que cada uno cambió en un sentido, en una dirección... pero que siempre estuvimos ahí, sutilmente a veces, otras simplemente como un soplido. Que siempre estuvimos ahí, siempre lo íbamos a estar.


Nini.

jueves, 18 de agosto de 2016

Mistakes

So many mistakes, so many errors and decissions that shouldn't have been made...But even if things didn't end up as we wanted and we hoped. I have to admit this is a mistake I'd go over and over again with. Not becase I love you still and I think loving you is the best thing in the world. Which I honestly do.

And now, if fate wants it, I'll find a way back to you. And this time will be a new first time, with a different me and a different you. Like the first hello once again, but with all the love and trust we've built throughout this time and the situations we've lived. But because even if now things have ended, I've got to know and understand you better than ever, because now you're free and you can seek your happiness for real. I'm marvelled that I can still learn more about you.

If you could see yourself as I see you, even if for just a moment, you would never doubt yoursefl again. Because you would see that there's nothing out there that shinnes more than you do.
~Forever you.~

sábado, 11 de junio de 2016

¿Preguntas? Respuestas.

Será que nunca lo he dicho antes. "Estoy enamorado". Más veces lo he dicho en toda mi vida de las que me gustaría tener que admitir. Y no necesariamente considero que haya mentido todas las otras veces, sino que con el tiempo el amor que uno siente madura también, igual que madura la persona.


Supongo que la pregunta que me podrías hacer ahora es "¿cómo sabes que no querrás a nadie más de lo que me quieres a mi?". Y no lo sé. No sé si eso podría suceder. Lo que sí te puedo decir es que de cada vez que he amado, el tiempo ha pasado y mi corazón ha olvidado. Hasta que llegué a ti, parece que a ti no te quiere olvidar, parece que el tiempo decidió detenerse ahí. Y sé que si estoy contigo, no puedo querer a nadie más... simplemente no soy capaz. Me pierdo en ti.


Otra pregunta que puedes hacerme es "¿Por qué dices que soy yo, que soy diferente a las demás? Eso lo dicen todos". Es cierto, eso siempre se dice. Y yo no sé por qué eres diferente a las demás, no tengo ni idea. Pero sí sé en qué me haces diferente a mi. Me haces más fuerte y más valiente con sólo estar ahí. Me haces mejor persona, para mí mismo y para los demás, con tan sólo dedicarme unas palabras. Me haces más feliz, inmensamente más feliz, cada segundo que paso contigo. Es cierto, no te necesito para ser feliz, pero eso no significa que no sea más feliz contigo.

Y la pregunta que te haces, pero que jamás me harás... "¿Qué te hace pensar que esta vez sí va a funcionar?". Que para mí no hubo una primera y una "esta" vez, para mí esto es aún el primer intento, ¿sabes? Era necesario tropezar para poder conocernos mejor, tanto tú a mi y yo a ti, como a nosotros mismos. Fue lo mejor que nos pudo pasar, lo mejor para llegar a donde estamos hoy... porque si después de 2 años todavía nada de lo que siento se ha roto ni desgastado, si después de 2 años te tengo en frente y pienso que por fin soy quien debí y quise ser entonces... entonces es porque realmente estoy listo.


Toda persona conoce a alguien en su vida que le hace sacar la mejor versión de sí mismo. Que le incita a aprender y a querer crecer, a querer avanzar y corregirse, a descubrir y ser más. Para mí no hay duda, esa persona eres tú. Sin importar a dónde nos lleve el camino, ni cómo decidas caminarlo junto a mi... lo que sí que tengo claro es que no quiero caminarlo sin ti.



Buh.

lunes, 6 de junio de 2016

De estos que sólo hay uno en la vida.

Se acercó a él como si nunca hubiera dejado de hacerlo, con esa naturalidad con la que lo hacen aquellas personas que se conocen más allá de las miradas. Se acercó sin levantar la mirada de su pecho, y cuando estuvo a escasos centímetros de él, se lanzó hacia adelante y lo abrazó apoyando su cabeza en su pecho con fuerza, sin decir una sola palabra, sin hacer ningún otro movimiento.
Él tardó unos segundos en ser capaz de reaccionar, pero enseguida la envolvió en sus brazos y puso suavemente una mano en su cabeza para apretarla contra su pecho con firmeza, mordiéndose el alma para no llorar. Había pasado tiempo, ni demasiado ni demasiado poco, simplemente el necesario.  


"Te he echado de menos, y no lo sabía". le dijo ella sin abrir los ojos ni separar su cabeza de su pecho. Podía sentir los latidos golpeando en su pecho y resonando en su oído. Él trago saliva, agarrando las lágrimas con la esquinita de los ojos, a penas pudiendo levantar la voz a algo más que un susurro titubeante. Ella ni siquiera pudo oír lo que dijo, tampoco pudo verle el rostro... y ni falta que le hizo. Pudo sentir sin tener ninguna duda, todas las lágrimas que rodaban por sus mejillas y terminaban en su pelo, pudo sentir como él cerraba los ojos y sonreía por fuera y por dentro, cómo se dejaba enteramente a ese instante y se fundía con ella en un momento inigualable, cómo se unía con ella en un recuerdo, otro más, pero como ningún otro.


Y de pronto, todo el tiempo que había transcurrido, cada decisión que se había tomado, cada palabra cuidada o descuidada, cada mirada y cada pensamiento, cada lágrima y cada duda... cobraron sentido. De pronto se unieron dos piezas, y un corazón latió por los dos.


"Nini."


sábado, 5 de marzo de 2016

Una historia que contar

Hay veces que una fuerza invisible te empuja a hacer algo que no habías hecho antes. Que te ves envuelto en una escena que no salía en tu guión principal. Hay veces que se crean historias de la manera más improbable, que todo parece ponerse de acuerdo para que una historia que sólo verías posible en una película, tengas la oportunidad de vivirla tú.

Y eso es lo que me pasó contigo... en el momento en el que decidí volver. En ese momento, sentencié nuestra historia. Para bien o para mal, pero ahí quedó decidido que esa historia, iba a existir. Nuestra historia.
Porque al final la vida se trata de vivir historias, de crear historias, de contarlas después. Que todo tiene un pasado un presente y un futuro, y las personas no estamos exentas de ello. Yo ya sé qué pasado hemos tenido, sé qué presente estamos viviendo... pero lo que realmente anhelo, es el futuro que no sé si llegaremos a escribir.

Quizá no te lo preguntes ya, pero sé que al menos una vez, aunque fuera durante un segundo... te has preguntado qué me empujó a volver. Te lo voy a decir...

Tú. Tú eres lo que me empujo a volver. Las ganas de verte de nuevo, de aferrarme a cualquier excusa con tal de poder estar unos minutos más a tu alrededor y poder descubrir más de ti.
Tenía que saber... tenía que que comprobar, si lo que había sentido al verte por primera vez, era una historia que algún día querría contar.


... Y vaya si lo es.

domingo, 7 de febrero de 2016

Inside of me

I rarely write in English in my blog. The reson for this is that it's not my first language, and that I can't express myself with the same accuracy as I would in Spanish. But this time, just for this one time... I'll try. Why? Because it's one of things inherited from you.


When I opened my eyes you were already gone. Your smile wasn't holding mine, and your eyes were not not peering into my soul. The sound of your voice was no longer to be heard, the warmth of your presence couldn't be felt anymore. But then again...that is the fate of a dream once you wake up.

But this time was something different, it was strange. Because even if I couldn't remember anything I had been dreaming with, whatever the dream was about, had left a feeling in me. It was very strong, so strong that it started to make me feel anxious because I couldn't pin point where it was coming from or what it exactly was. In order to find it out, I closed my eyes again and concentrated on my inside, trying to take out my inner-self to talk to him. It wasn't the first time I had done this, so it wouldn't be hard. I focused, I let my mind blank and all my senses stopped sensing my surroundings, I could barely listen to my breathing, but I could almost see it.

And then... there you were, sitting next to me, on my bed. Looking at me with as much of a suprised look as mine. 

- What... are you doing here? I was supposed to be seeing myself, kinda. - I asked, confused.

- I don't know - she replied - what were you trying to do? - she said, looking at me calmly. 

I winced. I had never been in this situation. I had never been asked what I was doing, let alone had to explain it. But it was a fair question nontheless, and it was one which answer I needed to hear myself. After a few silent seconds I answered, dubiously.

- Well, I was trying to look into myself, I was trying to find out about this strong feeling that was able to block my entire self, I was trying to look into my heart... - the last word almost made me choke, I blushed in realization. And so did she. Her cheeks turned slightly red and she unconsciously looked down as she did that covered smile of hers.

And in that very instant, I knew exactly who I was.



domingo, 10 de enero de 2016

Así de tú

"Me pregunto cuándo vendrá.." me dije a mí mismo justo antes de salir a la calle para comprobar si la puerta de atrás estaba cerrada. Sabía que me apetecía verla, pero no la esperaba hasta más tarde, y fue justamente por eso que cuando me topé con ella nada más salir por la puerta me di cuenta de cuántas ganas tenía realmente de verla. Sólo de verla, sólo de saber que ya estaba allí, algo dentro de mí se encendió. Estaba feliz.


A veces las mejores cosas aparecen de la manera más inesperada y aleatoria. Eso es tener suerte. A veces, las mejores cosas aparecen de la manera más inesperada y aleatoria, y justo en el momento perfecto. A eso se le llama señal. Señal de que a esa persona, nunca la deberías dejar escapar.

Y eso me pasa a mí contigo. Explicar con palabras lo que eres a mis ojos no es nada fácil, así que lo haré bien sencillo. ¿Por qué complicar con palabras lo que se puede sentir en un suspiro? Eres, sencillamente, ese momento en el que uno cambia una lágrima por una sonrisa. Ese momento, eres tú. 

Así de genial, así de limpio, así de mágico, así de tú.



~Gracias~

domingo, 3 de enero de 2016

El pasado que se quede donde está

Estaba sentada en frente, como tantas otras veces lo había estado en el pasado. Hablaba como si no hubiera pasado el tiempo, despreocupada y risueña como siempre. Pero había pasado año y medio desde la última vez que estuvimos uno en frente del otro... y su sonrisa seguía siendo la única capaz de hacerme arder y helar por igual. 

Uno podría pensar que un año y medio es mucho tiempo, y quizá para algunas cosas lo sea, pero te puedo asegurar que en el instante en el que nuestras miradas se cruzaron reviví en un sólo segundo emociones y sensaciones que mi corazón se había guardado. Como si mis recuerdos explotaran en mi piel para recordarme algo, como si algo dentro de mi hubiera estado aguardando este momento para hacerme recordar.

Volví a sentirme emocionado por escuchar cómo de emocionada contabas tú tus historias, a sentir la sonrisa dentro de mí en cada momento que te conseguía hacer reír. Volví a trabarme en inglés al empezar a hablar de nuevo de ti, a tener ganas de dar lo mejor de mí. Y en algún momento, uno tan efímero que seguro ni llegaste a notar, volví a perderme en todo tu ser con mi mirada, el resto de mis sentidos, y mis ganas de echar a volar.

Ahora esperarás que te diga que ojalá pudiera volver atrás en el tiempo, cambiar lo que no supe llevar, corregir tantísimos fallos tontos y que querría volver a empezar. No porque quieras oírlo, sino porque suena a lo que toca contar.
Pues no, definitivamente no. El pasado que se quede donde está, que fue gracias a todo lo que vivimos por lo que aprendí de verdad. Que si no hubiera ocurrido como ocurrió, no nos conoceríamos como nos conocemos ya, todo sería distinto, tú serías distinta, y yo no sería igual. Ha pasado un año y medio, quizá algo más... hemos seguido caminos diferentes y librado cada uno sus propias batallas, hemos conocido a más gente y sin quererlo perdido en palabras. Pero en todo momento, hemos seguido queriendo lo mejor para el otro, hemos querido no abandonarnos y luchar contra el olvido y lo roto.

Y aquí estamos hoy, compartiendo mesa, minutos y pausas. Y aunque aún hoy tienes que seguir tu vida por un camino alejado del mio, hay algo que me ha quedado más claro que un grito:

"A pesar de todo, tú eres la única persona con la que me gustaría estar, siento que todo ha cambiado, y que por fin te aprendí a amar"

~Nini

sábado, 5 de diciembre de 2015

Una vida entera

Cogí el papel y el bolígrafo como si hiciera años que no los cogía, como si fuera algo nuevo que no supiera cómo utilizar. Sabía que tenía que escribir, que tenía que escribirle. O más que saberlo, lo sentía. Me ardía el pecho, y no sabía si era de rabia o de amor; tenía la sangre helada, y no sabía si era de miedo o de dolor. La hoja estaba en blanco, y mientras la observaba con los ojos perdidos más allá del papel y del mundo, sentía como se revolvían dentro de mí todas las emociones sin forma definida que me habían asaltado tras la última conversación. Qué sensación tan incómoda la de no ser capaz de escribir.

Pero entonces sucedió, mi mente se perdió en los recuerdos, en el amor, y cuando cerré los ojos y la recordé sentada en mis piernas, en el banco de aquel parque, acercándose lentamente a mi oreja... para susurrarme el primer "te quiero" que nunca iba a olvidar, ahí rompió todo. Rompieron las lágrimas y con cada una nacieron a borboten miles de palabras para escribir. Parecía como si fueran las propias lágrimas las que cargaran las palabras que me nacían de dentro, como si al rodar por mis mejillas se deshacieran en mi piel dejando salir a volar mis sentimientos. Y en ese momento, en ese momento lo escribí:


"Te quise, te quiero, te querré." 

Y no necesité escribir nada más. Porque entendí que el resto de palabras que pudiera poner, serían sinsentidos, serían sólo aproximaciones a la verdad. Y no necesité escribir nada más, porque todo lo que escribiera sería como beber para olvidar.
Y no necesité escribir nada más... porque... ¿Cómo escribir en un papel lo que te querría contar en una vida entera?


Y como todas las demás, aquella carta ardió en llamas.



jueves, 19 de noviembre de 2015

Un adiós

Apareció como tantas otras veces, sin avisar, cuando le venía en gana. Estaba yo tranquilamente sentado en la cama, recostando mi espalda en la pared y con la mirada perdida en el techo y ella se sentó a mi lado, mirándome de frente, ladeando la cabeza curiosa y sin poder ocultar su curiosidad. Hacía tiempo que no se pasaba, que no indagaba sobre mis razones y mis por qué, pero hoy estaba ahí, y no dudaba que iba a buscar respuestas.

- ¿Qué te trae hoy por aquí?- le pregunté, indiferente. En verdad, no era indiferencia lo que yo sentía, me gustaba saber que estaba ahí, pero no podía hacerle ver eso o si no ganaría poder sobre mí. Ella me miró, o más bien, me escudriñó arqueando una ceja. Después sonrió y fingió no saber lo que yo sentía. Puso las manos detrás de su cabeza, apoyándose también en la pared y poniendo sus piernas sobre las mías. Entorné los ojos, pero no me moví.

- ¿Por qué? Necesito que me digas el por qué, esta vez te aseguro que no lo entiendo - preguntó mirando ahora también al techo como yo. Parecía casi como si no fuera con nosotros la conversación. Me encogí de hombros levemente, tardé a penas unos segundos en responder.

- ¿Por qué, qué? - contesté sin ninguna esperanza de que se diera por vencida y cambiara de tema. Suspiró y me pegó en el hombro un golpe seco y sin maldad.

- Sabes perfectamente a lo que me refiero. ¿Por qué la dejaste ir así sin más? ¿Por qué no hiciste nada? Podrías haber ido a verla, podrías... podrías haber intentado convencerla para que no se marchara...¡podrías haber intentado cualquier cosa! - exclamó, aunque sin alterarse- Es que tan poco significaba par..  - No le dejé terminar la frase, levanté la mano rápidamente con el índice levantado y frunciendo el ceño, pero sin apartar la vista del techo. No quería llorar.

- No te atrevas. No te atrevas siquiera a insinuar que no significaba tanto para mí. Tengo cada uno de los recuerdos clavados en el alma, y sabes perfectamente que ella es la razón de que tú existas y estés aquí. Y te necesito y te quiero como el aire que respiro, así que... - tragué saliva - así que cállate y no digas más tonterías-  
Ella se mordió el labio de abajo un poco avergonzada y bajó el tono de voz...

- Entonces, explícame por qué- me volvió a preguntar, mirándome a mí esta vez. Y como si los soles de sus ojos pudieran atraer mi mirada, giré la cara yo también.

- ¿Por qué? - le miré con la mirada llena y vacía - pues porque ella lo habría querido así, de mí. Si quiere volver, volverá con o sin mi ayuda, pero no volverá por mucho que vaya y se lo pida. Así que....

- Así que... ¿qué? - preguntó ella asustada. Tragué saliva, era difícil pronunciar esas palabras.

- Así que se acabó. Fue ella la que dio el adiós, y sólo ella tiene derecho a cambiarlo por un hasta pronto - sentencié, como si no hubiera absolutamente nada más que decir al respecto. Ella se quedó callada y me miró durante largos segundos, parecía que eso iba a ser todo. Pero aún tenía una pregunta más.

- ¿Y si alguna vez te necesita?- arqueo de nuevo una ceja, aguardando mi respuesta.
Sonreí, volví a mirar al techo, contento.

- Ahí estaré, hasta el final de los días-

Y cuando volví a mirar, ella ya se había marchado, aunque su presencia seguía exactamente a mi lado.


~Quiero aprender de ti~