martes, 26 de septiembre de 2017

Errores

Supongo que a veces no basta con querer hacer las cosas bien. Porque no siempre lo que crees que haces bien, está bien. Está claro que cometer errrores es humano, está claro. Pero los errores, humanos o no, tienen consecuencias.

He cometido muchísimos errores en mi vida, supongo que tantos como cualquier otro, o incluso más. He sacado dos conclusiones en claro:
Uno, que el que más errores comete es el que más cosas intenta. Y dos, que los errores con las personas que quieres, terminan doliéndote más a ti que a ningún otro. Esto último, a mi pesar, lo he comprobado en demasiadas ocasiones y en mi propia vida.

Mis errores han sido tan grandes, que he llegado a perder a gente de mi lado. En algunos casos, para siempre, en otros con más fortuna, durante "solo" años.
Y de todo esto, lo que he sacado en claro es... que aunque estemos condenados a cometer errores, es nuestra opción elegir qué hacer con ellos.
Aunque creas que no sirve de nada, discúlpate, una y mil veces si hace falta y lo sientes. Aunque creas que ya es tarde, reconoce tu error, no le pongas excusas, admite que has sido estúpido. Aunque no le veas sentido, demuestra que te importa haberte equivocado y haber dolido a alguien. Demuéstralo con más que palabras. Demuéstralo de corazón con cada cosa que hagas mientras lo sientas.
Y es que no se trata de buscar el perdón de la otra persona, sino de buscar el perdón de uno mismo.

Nadie puede librarse de errar, pero todos podemos elegir cómo afrontarlo.

miércoles, 28 de junio de 2017

"No" a la buena suerte.

No quiero tener la suerte de cometer errores y que se arreglen solos. No quiero tener suerte para que me den trabajos, ni encontrar un piso con condiciones inmejorables. No quiero la buena suerte, no la quiero si no va cogida de la mano contigo.


Paso de esa suerte que hace que todo me vaya bien, que cualquier dificultad que se me plantee en el camino termine por solucionarse de la mejor manera posible y sin que prácticamente lo intente. Paso de esa suerte, por completo, si no la puedo tener cuando se trata de ti, de nosotros. Y es que aunque ya te lo he dicho, te lo puedo repetir una y otra vez, porque no es algo de lo que vaya a cambiar de opinión: Eres el amor de mi vida, y no lo mido en cuánto te quiero y ya, sino en esas otras cosas que me haces sentir. Cosas que no había sentido antes, que no habría podido explicar hasta el momento en el que comencé a vivir mi vida junto a ti.


¿Conoces esa sensación de que alguien se funda en un abrazo contigo y de repente no sientas ningún tipo de emoción ni sentimiento más que una completa calma que te hace sentir seguro? Yo ahora la conozco, gracias a ti.
¿Conoces ese momento en el que tu mente se centra, tu actitud cambia, tus ganas de todo crecen y parece que por fin estés caminando el camino que tú mismo elegiste para ti? Yo lo conozco, gracias a ti.


Es fácil decirlo, lo sé. Es fácil porque las palabras se escriben en solo un instante, pese a que lo que describen es un sentimiento y estado que durará toda una vida. Es fácil decirlo, pero también tengo intención de demostrarlo, de seguir día a día a tu lado. Estoy seguro de que meteré la pata alguna vez, y alguna otra. Estoy seguro que seguiré teniendo errores, pero no más seguro estoy de ello que de que no voy a cansarme nunca de ti, de tu risa que hace eco en mí, de tu manera de recibirme cada día al llegar a casa, de tus movimientos aleatorios, de cuando te da espumita. Dios, qué feliz soy cuando te da espumita.

No sé, Nika, quizá sea un tonto por creer en el amor verdadero. Quizá sea un tonto por creer que algo basta solo con quererlo e intentarlo con todas tus fuerzas para tenerlo y que esté siempre ahí... pero este tonto te quiere, ayer, hoy y para siempre.


Este tonto... sabe poco, pero lo poco que sabe lo sabe bien. Y sé... que eres el amor de mi vida.

viernes, 9 de junio de 2017

Solo con verte

Como un desierto para el caminante,
que implacable y eterno lo siente.
Como una espina de rosa,
que tiñe de rojo al valiente.

Fuego desnudo en mi alma,
cada vez que roza mi piel tu mano.
Fuego desnudo, que quema,
como tu vela al secar mi llanto.

No intento predecir el viento,
sino dejarme llevar a donde ir.
No pretendo entender qué siento,
sino dejar a mi corazón latir.

¿Y que hago si no es quererte
a cada segundo que estás aquí,
paseando por mi mente,
porque nunca te has ido de ahí?

¿Y qué hago si no es amarte,
a ti y cada momento a tu lado?
Sería feliz sólo con verte,

pero he sido el más afortunado.

viernes, 21 de abril de 2017

Porque sí.



Hoy es una de esas veces que voy a escribir puro sentimiento. No es ninguna historia ni ningún relato, no va a ser poesía ni tampoco voy a molestarme en embellecer lo que escriba. Simplemente voy a cerrar los ojos, y voy a escribir hasta que mis dedos quieran parar, hasta que sienta que estoy tranquilo y que no tengo nada más que escribir... Ahí voy:

Te quiero. Así, sin pensarlo mucho, es lo primero que diría si me pidieras que te dijera algo. Y si lo pensara más, diría que te amo. Porque para amar a alguien hay que tener las cosas claras, hay que quererle, sí, pero no sólo con eso basta. Para amar a alguien hay que tener claro que quieres pasar el resto de tu vida con esa persona, que quieres que no hay ninguna más después, que quieres que esté contigo día a día y  que sepas que no serías capaz de cansarte de esa persona ni aunque vivierais 200 años. 
¿Y por qué sé que te amo? He estado feliz en muchos momentos de mi vida, pero ... eso es, en mucho "momentos". Esta es la primera vez que realmente siento que soy feliz de continuo, que soy feliz, y no simplemente lo estoy. Y esto es simplemente porque siento que todo lo que quiero de la vida resulta mejor cuando lo comparto contigo.
Saber que estás conmigo y que voy a poder tenerte a mi lado al volver a casa hace que adore mi trabajo hasta en un día malo. Hace que adore la lluvia, hasta cuando me toca salir por obligación.

Y es que ahora vivo de una manera que no había vivido nunca. Ahora vivo una vida y media, la mía, y la nuestra. Y eso no querría cambiarlo por nada, porque nada me compensa más que compartirme contigo, nada me compensa más que llegar a casa a las 8am de un turno de noche y caer rendido en tus brazos. Se descansa de otra manera.

Te amo, y yo lo sé. Te amo, y tú lo sabes. Y aunque a nadie le importe si te amo o te dejo de amar. Aquí lo dejo, para que quede nota, para que pasen los años y nos muramos, y todavía quede un rastro de esto que siento por ti.
Quedarán historias y recuerdos, quedarán poemas y canciones y relatos que he hecho y haré por ti. Quedarán muchas cosas, y desde hoy también quedará para siempre, mi amor.

Y ojalá dentro de muchos años, alguien que esté enamorado a rabiar, alguien que esté convencido en que daría la vida por su ser amado, alguien que ame tanto que no le quepa en el corazón lea esto que escribo hoy y se diga a sí mismo, con conocimiento de causa: "Vaya, sí que estaba enamorado de verdad".

Porque joder, otra cosa no, pero de saber qué siento, no me gana nadie y nadie me entiende mejor. Y te amo, y lo digo, y lo vuelvo a decir, y aquí estoy yo y mis sentimientos, y te los doy ambos a ti. Mis sentimientos , y a mí.

Te quiero, bolita.

domingo, 12 de febrero de 2017

La caja de la felicidad (4)

Despertó sin sobresaltos, tranquilo y con el corazón caliente, sin duda alguna había soñado con ella. Solo ella le dejaba esa sensación de calma en todo el cuerpo, en toda el alma.
Se desperezó y asomó la cabeza por el agujero del tronco, hacía un día estupendo, soleado y de temperatura agradable. Esto le hizo sonreír aun más.
Cuando salió del escondite y se disponía a retomar el camino, tuvo la sensación de que algo no estaba bien, de que algo fallaba. Se quedó cavilando unos segundos de qué podía tratarse aquello, cuando de repente escucho un rugido, un rugido muy cercano, tan cercano como que venía de su estómago. ¡Eso era! No había comido nada desde hacía demasiadas horas. 

Miró al cielo frunciendo el ceño, no podía usar sus cubiertos de comer estrellas, esos de colores que le había puesto en la mochila. Tendría que haber cenado antes de irse a dormir, pero se había olvidado, distraído que estaba con las luciérnagas. Suspiró un momento, pero en seguida recobró el espíritu positivo que le había inundado desde el despertar. No tenía importancia, si no podía desayunar estrellas, tiraría de las viandas especiales que llevaba encima. Nada más sano, nada más sabroso...

Regalices, lacasitos... y helados pequeñitos de chocolate. ¡Excelente! Primero, segundo y postre, una comida sana y equilibrada sin duda. Comenzó a comerse el regaliz mientras caminada de vuelta al camino. Era consciente, o así lo sentía él, de que todavía quedaba mucho camino por recorrer, pero esto no lo desmotivaba en absoluto. Él la quería, y todo lo que tuviera que hacer era poco si era por ella. El camino parecía hoy estar más amabale al caminante, con menos piedras y menos socabones. Quizá era su imaginación, pero la imaginación es poderosa, y solo de imaginarlo hacía que le molestara menos a los pies. Después del regaliz, tiró a por lacasitos, y al volcar el recipiente en su mano no pudo más que sonreír, sólo había rojos y azules, ninguno de los otros colores, y él entendió el por qué. Entendió que alguien le había dado lo mejor a cambio de nada, que ella había elegido uno a uno los lacasitos que le iba a dar para su viaje. Los rojos daban más energía, y los azules, ¡mejor espíritu para aguantar el viaje!

Caminó y caminó, en linea recta, que hoy el camino ni se retorcía ni daba vueltas de loco. Caminó con ella en la mente, con ella en los ojos, las manos y los labios, con ella, porque no quería caminar con nadie más, porque nadie más era ella.

domingo, 1 de enero de 2017

Descubrir

La tenía al lado muchas veces, y era muy curioso descubrir como, al menos una vez al día, algún abrazo o beso suyo me hacían sentir como si nada más hubiera en esta vida.

~ pequeña

jueves, 22 de diciembre de 2016

La caja de la felicidad (3)

Siguió caminando, caminando sin descanso. No porque no estuviera cansado, sino porque el amor no entiende de cansancio, el amor no entiende de esperas. El amor ocurre, cuando ocurre de verdad, a todas horas, sin interrupciones, en todo momento, sin excepciones.Y por ello tenía que seguir avanzando.


El sol se despedía en la ontananza ondeando lazos de fuego entre las nubes, mientras que la luna esperaba agazapada tras la montaña esperando su turno para salir a escena y teñirlo todo de misterio. Cualquier buen aventurero sabe que cuando cae el sol hay que encontrar un lugar donde refugiarse, porque las más peligrosas de las criaturas son aquellas que atacan por la noche. Pero allí no había cuevas, ni poblados ni ruinas.
Allí no había más que un camino mal hecho y árboles a los lados. ¿Cómo iba pues a encontrar refugio?


Pensó durante unos minutos, pero sin dejar de caminar. "Cada paso que diera hoy, era un paso que no tendría que dar mañana." Así se decía él mismo para motivarse a seguir.
De pronto, tuvo una idea. No tenía garantía de que fuera a funcionar, pero si lo que buscaba era un escondite, entonces encontraría uno. El sol a penas se dejaba ver ya, y la oscuridad de la noche desnudaba las siniestras siluetas de un bosque solitario. La única luz era la que se veía en el cielo, y la luna se negaba a iluminar más allá del linde del bosque. Quizá por miedo, quizá por maldad, quizá porque no sabía hacer más.


Sacó entonces la linterna y la encendió sin apuntar a ningún sitio en concreto. La luz de la linterna se posaba alegre e inquietamente sobre el suelo, rocas, flores, plantas o ramas de los árboles. En cualquier sitio, pero nunca paraba quieta.
Parecía revolotear con vida propia. Esto era porque no se trataba de una linterna normal, esta linterna la habían puesto en su mochila porque tenía una función como ninguna otra. Servía para jugar al escondite con las luciérnagas.
A los pocos segundos de haber encendido la linterna, un grupo de traviesas luces comenzó a dejarse ver entre la maleza. Acto seguido, empezó a internarse en el bosque. Él las siguió, no era difícil seguirlas, era más difícil no caer al pisar o no tropezarse con ninguna raíz. Las siguió durante un par de minutos, no más, ya que todo el mundo sabe que cuando se juega al escondite, especialmente con luciérnagas, sólo tienes 2 minutos antes de que el que pilla empiece a buscar.


Un árbol que fácilmente podía haber sido 3, un árbol frondoso con ramas y hojas tristes que caían como un paragüas, ocultando el agujero que había en su tronco donde las luciérnagas se habían metido. Se metió sin dudarlo. Estaban jugando al escondite, y se habían escondido allí, así que ahí tenía lo que buscaba, un escondite para pasar la noche. Estaba escondido como ellas, las luciérnagas, y nadie ni nada podría encontrarle allí. Pensó en utilizar su manta, pero allí dentro no hacía frío,y prefirió reservarla para una ocasión mejor. Esa noche, de todas maneras, seguro que soñaría con ella.