martes, 26 de diciembre de 2017

Personas

Estoy en el tren de vuelta a casa. Tengo 1h y cuarenta minutos por delante, y la necesidad de escribir para plasmar mis pensamientos y sentimientos. Hacía tiempo que no lo hacía, hacía tiempo que no me sentaba conmigo mismo y me hablaba como aquel que se ve con un amigo de toda la vida, pero que hacía ya años que no veía.
Mis manos echaban de menos sentir palabras, echaban de menos ser la pluma que escribe una historia.

Y aquí estoy, listo para escribir. ¿Qué me ha empujado a escribir? La persona que tengo sentada al lado. No la conozco de nada, y no tengo ni la más remota idea de como se llama o de dónde es. Simplemente me ha pedido que si le podía ayudar a subir la maleta, y algo tan tonto, tan simple, me ha hecho pensar en lo afortunados que somos de conocer en la vida a esas personas que nos forjan y viven nuestra vida con nosotros, esas personas que cambian algo en un solo instante y ese instante cambia tu vida. Esas personas, que vale la pena conocer.

Los que me conocen saben que tengo facilidad para encariñarme con la gente, para confiar en las personas y dejarme llevar por las emociones y lo sentimientos. Me encanta la gente, porque son completos misterios, son algo totalmente desconocido y secreto. Me encanta la gente porque esconden cientos de colores y formas, miles de maneras de ser y de ideas distintas, miles de sorpresas.

Y esto me lleva a hablar de lo siguiente. Hay 4 categorías de personas que te puedes cruzar en la vida. Una, es la gente tóxica. No perdamos no un segudo hablando de ellos.
Dos, la gente que conoces y con la que puedes estar y pasártelo bien. Es gente que pueden ser amigos de amigos, conocidos, alguien de clase o el trabajo, etc.
Tres, los amigos. Todos sabemos qué es un amigo, porque cada uno tiene su propia definición para esa palabra. Esas personas que van más allá de caerte bien, esas personas en las que confías, con las que compartes, por elección propia, tu tiempo libre, tus secretos, tus problemas, tus grandes momentos. Eso es un amigo.
Y luego está la cuatro. Ese tipo de persona no es necesariamente rara o escasa, simplemente no todo el mundo la sabe ver, o mejor dicho, sentir.

Es esa persona que en el momento de conocerla sientes que algo cambia en tu vida o tu manera de ver la vida. Que cuando la conoces sientes que esa persona va a tener un impacto en tu vida, que se merece tu atención y tus mejores intenciones. Es esa persona que cuando la ves, sabes que va a romper alguna de tus cientos de murallas que has levantado con el tiempo por culpa del miedo o la inseguridad.

Y no necesariamente tiene que ser alguien que esté ahí toda la vida. No necesariamente tiene que ser alguien que planearas encontrar o conocer. No tiene por qué ser nada en concreto.
Hay gente así que te impacta y hace temblar tu mundo en unos dias, luego desaparece. Incluso en unas horas.
Hay gente así que te aparece de la manera más insospechada, jugando a un juego online, en una parada de autobús, caminando por la calle.
Hay gente así que no tiene porque ser amor, ni siquiera una amistad. No es nada en concreto, pero puede perfectamente serlo.

Yo me he cruzado con mucha gente que me ha roto muros, he conocido a muchas personas que me han hecho sentir que se podía ir más allá en la vida. He encontrado gente que me ha hecho sentir sentimientos o emociones de formas que no había sentido antes. Algunas de esas personas duraron unos segundos, otras unos meses, y algunas afortunadamente se quedarán toda mi vida.

Y es que sin duda alguna, aquello que más importa en la vida son las personas, que en definitiva son las que viven la vida.