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sábado, 30 de marzo de 2019
Así empezó
- Si te giras, te beso. - Le dijo él, mirándola a escasos centímetros de distancia, la cara apoyada en su cama, mientras ella estaba tumabada boca arriba y a veces le daba por girarse para encontrarse con su mirada.
domingo, 1 de enero de 2017
Descubrir
La tenía al lado muchas veces, y era muy curioso descubrir como, al menos una vez al día, algún abrazo o beso suyo me hacían sentir como si nada más hubiera en esta vida.
~ pequeña
jueves, 22 de diciembre de 2016
La caja de la felicidad (3)
Siguió caminando, caminando sin descanso. No porque no estuviera cansado, sino porque el amor no entiende de cansancio, el amor no entiende de esperas. El amor ocurre, cuando ocurre de verdad, a todas horas, sin interrupciones, en todo momento, sin excepciones.Y por ello tenía que seguir avanzando.
El sol se despedía en la ontananza ondeando lazos de fuego entre las nubes, mientras que la luna esperaba agazapada tras la montaña esperando su turno para salir a escena y teñirlo todo de misterio. Cualquier buen aventurero sabe que cuando cae el sol hay que encontrar un lugar donde refugiarse, porque las más peligrosas de las criaturas son aquellas que atacan por la noche. Pero allí no había cuevas, ni poblados ni ruinas.
Allí no había más que un camino mal hecho y árboles a los lados. ¿Cómo iba pues a encontrar refugio?
Pensó durante unos minutos, pero sin dejar de caminar. "Cada paso que diera hoy, era un paso que no tendría que dar mañana." Así se decía él mismo para motivarse a seguir.
De pronto, tuvo una idea. No tenía garantía de que fuera a funcionar, pero si lo que buscaba era un escondite, entonces encontraría uno. El sol a penas se dejaba ver ya, y la oscuridad de la noche desnudaba las siniestras siluetas de un bosque solitario. La única luz era la que se veía en el cielo, y la luna se negaba a iluminar más allá del linde del bosque. Quizá por miedo, quizá por maldad, quizá porque no sabía hacer más.
Sacó entonces la linterna y la encendió sin apuntar a ningún sitio en concreto. La luz de la linterna se posaba alegre e inquietamente sobre el suelo, rocas, flores, plantas o ramas de los árboles. En cualquier sitio, pero nunca paraba quieta.
Parecía revolotear con vida propia. Esto era porque no se trataba de una linterna normal, esta linterna la habían puesto en su mochila porque tenía una función como ninguna otra. Servía para jugar al escondite con las luciérnagas.
A los pocos segundos de haber encendido la linterna, un grupo de traviesas luces comenzó a dejarse ver entre la maleza. Acto seguido, empezó a internarse en el bosque. Él las siguió, no era difícil seguirlas, era más difícil no caer al pisar o no tropezarse con ninguna raíz. Las siguió durante un par de minutos, no más, ya que todo el mundo sabe que cuando se juega al escondite, especialmente con luciérnagas, sólo tienes 2 minutos antes de que el que pilla empiece a buscar.
Un árbol que fácilmente podía haber sido 3, un árbol frondoso con ramas y hojas tristes que caían como un paragüas, ocultando el agujero que había en su tronco donde las luciérnagas se habían metido. Se metió sin dudarlo. Estaban jugando al escondite, y se habían escondido allí, así que ahí tenía lo que buscaba, un escondite para pasar la noche. Estaba escondido como ellas, las luciérnagas, y nadie ni nada podría encontrarle allí. Pensó en utilizar su manta, pero allí dentro no hacía frío,y prefirió reservarla para una ocasión mejor. Esa noche, de todas maneras, seguro que soñaría con ella.
lunes, 12 de septiembre de 2016
Y entonces lo vi...
Y te vi, una vez de muchas otras, pero igual de especial como cada otra vez.
Te vi y te admiré, a ti y cada una de tus palabras y tus gestos... como cada vez.
Pero en esta ocasión vi que no eras tan guapa como un ángel, aunque yo lo había dicho antes.Observe que tu pelo no caía a todo momento por donde debía, tu piel tenía algunas imperfecciones, tu cuerpo no era el de una chica de revista de moda, que no todos tus sonidos al hablar eran armonía ni todas tus caras poesía.
Vi que no siempre decías lo más acertado, que a veces se te escapaba algún comentario que quizá deberías haber omitido, que a veces te tomabas ciertas cosas demasiado en serio, que no estaba de acuerdo en todo lo que decías.
Y entonces lo vi, lo vi como si no hubiera nada más que ver:
Esa no era la chica de la que yo me había enamorado años atrás. No lo era, no más.
Y sonreí, porque la chica de la que me enamoré había desaparecido... la chica por la que en su día habría enloquecido si me lo hubiera pedido ya no existía. La chica que cambió mi corazón había dejado de ser.
Ahora estaba delante de una mujer diferente, una mujer distinta y que había dejado atrás a la chica anterior. Y recordé aquello que un día dejé salir de mí, para ti, al lado de la estación. "No te quiero sólo por quien eres ahora, sino por la mujer que creo que puedes llegar a ser".
Y entonces sucedió tal y como yo supe desde ese día. Y me enamoré de esa mujer también, y de ese pelo que caía por donde le daba la gana, de esa risa, de esa piel con alguna manchita blanca, de esas curvas que le recorrían, de sus contestaciones, las buenas y las malas; de su ceño fruncido, de sus muecas, y de todo, todo ella.
Me enamoré de ella, e imaginé la mujer que podría ser en unos años, y la quise también. Y entendí que sin saberlo, mientras ella cambiaba yo cambié también, que cada uno siguió un camino distinto, que cada uno vivió lo suyo y parte de lo del otro también. Que cada uno cambió en un sentido, en una dirección... pero que siempre estuvimos ahí, sutilmente a veces, otras simplemente como un soplido. Que siempre estuvimos ahí, siempre lo íbamos a estar.
Nini.
jueves, 18 de agosto de 2016
Mistakes
So many mistakes, so many errors and decissions that shouldn't have been made...But even if things didn't end up as we wanted and we hoped. I have to admit this is a mistake I'd go over and over again with. Not becase I love you still and I think loving you is the best thing in the world. Which I honestly do.
And now, if fate wants it, I'll find a way back to you. And this time will be a new first time, with a different me and a different you. Like the first hello once again, but with all the love and trust we've built throughout this time and the situations we've lived. But because even if now things have ended, I've got to know and understand you better than ever, because now you're free and you can seek your happiness for real. I'm marvelled that I can still learn more about you.
If you could see yourself as I see you, even if for just a moment, you would never doubt yoursefl again. Because you would see that there's nothing out there that shinnes more than you do.
~Forever you.~
sábado, 11 de junio de 2016
¿Preguntas? Respuestas.
Será que nunca lo he dicho antes. "Estoy enamorado". Más veces lo he dicho en toda mi vida de las que me gustaría tener que admitir. Y no necesariamente considero que haya mentido todas las otras veces, sino que con el tiempo el amor que uno siente madura también, igual que madura la persona.
Supongo que la pregunta que me podrías hacer ahora es "¿cómo sabes que no querrás a nadie más de lo que me quieres a mi?". Y no lo sé. No sé si eso podría suceder. Lo que sí te puedo decir es que de cada vez que he amado, el tiempo ha pasado y mi corazón ha olvidado. Hasta que llegué a ti, parece que a ti no te quiere olvidar, parece que el tiempo decidió detenerse ahí. Y sé que si estoy contigo, no puedo querer a nadie más... simplemente no soy capaz. Me pierdo en ti.
Otra pregunta que puedes hacerme es "¿Por qué dices que soy yo, que soy diferente a las demás? Eso lo dicen todos". Es cierto, eso siempre se dice. Y yo no sé por qué eres diferente a las demás, no tengo ni idea. Pero sí sé en qué me haces diferente a mi. Me haces más fuerte y más valiente con sólo estar ahí. Me haces mejor persona, para mí mismo y para los demás, con tan sólo dedicarme unas palabras. Me haces más feliz, inmensamente más feliz, cada segundo que paso contigo. Es cierto, no te necesito para ser feliz, pero eso no significa que no sea más feliz contigo.
Y la pregunta que te haces, pero que jamás me harás... "¿Qué te hace pensar que esta vez sí va a funcionar?". Que para mí no hubo una primera y una "esta" vez, para mí esto es aún el primer intento, ¿sabes? Era necesario tropezar para poder conocernos mejor, tanto tú a mi y yo a ti, como a nosotros mismos. Fue lo mejor que nos pudo pasar, lo mejor para llegar a donde estamos hoy... porque si después de 2 años todavía nada de lo que siento se ha roto ni desgastado, si después de 2 años te tengo en frente y pienso que por fin soy quien debí y quise ser entonces... entonces es porque realmente estoy listo.
Toda persona conoce a alguien en su vida que le hace sacar la mejor versión de sí mismo. Que le incita a aprender y a querer crecer, a querer avanzar y corregirse, a descubrir y ser más. Para mí no hay duda, esa persona eres tú. Sin importar a dónde nos lleve el camino, ni cómo decidas caminarlo junto a mi... lo que sí que tengo claro es que no quiero caminarlo sin ti.
Buh.
lunes, 6 de junio de 2016
De estos que sólo hay uno en la vida.
Se
acercó a él como si nunca hubiera dejado de hacerlo, con esa
naturalidad con la que lo hacen aquellas personas que se conocen más
allá de las miradas. Se acercó sin levantar la mirada de su pecho,
y cuando estuvo a escasos centímetros de él, se lanzó hacia
adelante y lo abrazó apoyando su cabeza en su pecho con fuerza, sin
decir una sola palabra, sin hacer ningún otro movimiento.
Él
tardó unos segundos en ser capaz de reaccionar, pero enseguida la
envolvió en sus brazos y puso suavemente una mano en su cabeza para
apretarla contra su pecho con firmeza, mordiéndose el alma para no
llorar. Había pasado tiempo, ni demasiado ni demasiado poco,
simplemente el necesario.
"Te he echado
de menos, y no lo sabía". le dijo ella sin abrir los ojos ni
separar su cabeza de su pecho. Podía sentir los latidos golpeando en
su pecho y resonando en su oído. Él trago saliva, agarrando las
lágrimas con la esquinita de los ojos, a penas pudiendo levantar la
voz a algo más que un susurro titubeante. Ella ni siquiera pudo oír
lo que dijo, tampoco pudo verle el rostro... y ni falta que le hizo.
Pudo sentir sin tener ninguna duda, todas las lágrimas que rodaban
por sus mejillas y terminaban en su pelo, pudo sentir como él
cerraba los ojos y sonreía por fuera y por dentro, cómo se dejaba
enteramente a ese instante y se fundía con ella en un momento
inigualable, cómo se unía con ella en un recuerdo, otro más, pero
como ningún otro.
Y de pronto, todo el tiempo que había
transcurrido, cada decisión que se había tomado, cada palabra
cuidada o descuidada, cada mirada y cada pensamiento, cada lágrima y
cada duda... cobraron sentido. De pronto se unieron dos piezas, y un
corazón latió por los dos.
"Nini."
sábado, 5 de marzo de 2016
Una historia que contar
Hay veces que una fuerza invisible te empuja a hacer algo que no habías hecho antes. Que te ves envuelto en una escena que no salía en tu guión principal. Hay veces que se crean historias de la manera más improbable, que todo parece ponerse de acuerdo para que una historia que sólo verías posible en una película, tengas la oportunidad de vivirla tú.
Y eso es lo que me pasó contigo... en el momento en el que decidí volver. En ese momento, sentencié nuestra historia. Para bien o para mal, pero ahí quedó decidido que esa historia, iba a existir. Nuestra historia.
Porque al final la vida se trata de vivir historias, de crear historias, de contarlas después. Que todo tiene un pasado un presente y un futuro, y las personas no estamos exentas de ello. Yo ya sé qué pasado hemos tenido, sé qué presente estamos viviendo... pero lo que realmente anhelo, es el futuro que no sé si llegaremos a escribir.
Quizá no te lo preguntes ya, pero sé que al menos una vez, aunque fuera durante un segundo... te has preguntado qué me empujó a volver. Te lo voy a decir...
Tú. Tú eres lo que me empujo a volver. Las ganas de verte de nuevo, de aferrarme a cualquier excusa con tal de poder estar unos minutos más a tu alrededor y poder descubrir más de ti.
Tenía que saber... tenía que que comprobar, si lo que había sentido al verte por primera vez, era una historia que algún día querría contar.
Tenía que saber... tenía que que comprobar, si lo que había sentido al verte por primera vez, era una historia que algún día querría contar.
... Y vaya si lo es.
domingo, 10 de enero de 2016
Así de tú
"Me pregunto cuándo vendrá.." me dije a mí mismo justo antes de salir a la calle para comprobar si la puerta de atrás estaba cerrada. Sabía que me apetecía verla, pero no la esperaba hasta más tarde, y fue justamente por eso que cuando me topé con ella nada más salir por la puerta me di cuenta de cuántas ganas tenía realmente de verla. Sólo de verla, sólo de saber que ya estaba allí, algo dentro de mí se encendió. Estaba feliz.
A veces las mejores cosas aparecen de la manera más inesperada y aleatoria. Eso es tener suerte. A veces, las mejores cosas aparecen de la manera más inesperada y aleatoria, y justo en el momento perfecto. A eso se le llama señal. Señal de que a esa persona, nunca la deberías dejar escapar.
Y eso me pasa a mí contigo. Explicar con palabras lo que eres a mis ojos no es nada fácil, así que lo haré bien sencillo. ¿Por qué complicar con palabras lo que se puede sentir en un suspiro? Eres, sencillamente, ese momento en el que uno cambia una lágrima por una sonrisa. Ese momento, eres tú.
Así de genial, así de limpio, así de mágico, así de tú.
~Gracias~
domingo, 3 de enero de 2016
El pasado que se quede donde está
Estaba sentada en frente, como tantas otras veces lo había estado en el pasado. Hablaba como si no hubiera pasado el tiempo, despreocupada y risueña como siempre. Pero había pasado año y medio desde la última vez que estuvimos uno en frente del otro... y su sonrisa seguía siendo la única capaz de hacerme arder y helar por igual.
Uno podría pensar que un año y medio es mucho tiempo, y quizá para algunas cosas lo sea, pero te puedo asegurar que en el instante en el que nuestras miradas se cruzaron reviví en un sólo segundo emociones y sensaciones que mi corazón se había guardado. Como si mis recuerdos explotaran en mi piel para recordarme algo, como si algo dentro de mi hubiera estado aguardando este momento para hacerme recordar.
Volví a sentirme emocionado por escuchar cómo de emocionada contabas tú tus historias, a sentir la sonrisa dentro de mí en cada momento que te conseguía hacer reír. Volví a trabarme en inglés al empezar a hablar de nuevo de ti, a tener ganas de dar lo mejor de mí. Y en algún momento, uno tan efímero que seguro ni llegaste a notar, volví a perderme en todo tu ser con mi mirada, el resto de mis sentidos, y mis ganas de echar a volar.
Ahora esperarás que te diga que ojalá pudiera volver atrás en el tiempo, cambiar lo que no supe llevar, corregir tantísimos fallos tontos y que querría volver a empezar. No porque quieras oírlo, sino porque suena a lo que toca contar.
Pues no, definitivamente no. El pasado que se quede donde está, que fue gracias a todo lo que vivimos por lo que aprendí de verdad. Que si no hubiera ocurrido como ocurrió, no nos conoceríamos como nos conocemos ya, todo sería distinto, tú serías distinta, y yo no sería igual. Ha pasado un año y medio, quizá algo más... hemos seguido caminos diferentes y librado cada uno sus propias batallas, hemos conocido a más gente y sin quererlo perdido en palabras. Pero en todo momento, hemos seguido queriendo lo mejor para el otro, hemos querido no abandonarnos y luchar contra el olvido y lo roto.
Y aquí estamos hoy, compartiendo mesa, minutos y pausas. Y aunque aún hoy tienes que seguir tu vida por un camino alejado del mio, hay algo que me ha quedado más claro que un grito:
"A pesar de todo, tú eres la única persona con la que me gustaría estar, siento que todo ha cambiado, y que por fin te aprendí a amar"
~Nini
Uno podría pensar que un año y medio es mucho tiempo, y quizá para algunas cosas lo sea, pero te puedo asegurar que en el instante en el que nuestras miradas se cruzaron reviví en un sólo segundo emociones y sensaciones que mi corazón se había guardado. Como si mis recuerdos explotaran en mi piel para recordarme algo, como si algo dentro de mi hubiera estado aguardando este momento para hacerme recordar.
Volví a sentirme emocionado por escuchar cómo de emocionada contabas tú tus historias, a sentir la sonrisa dentro de mí en cada momento que te conseguía hacer reír. Volví a trabarme en inglés al empezar a hablar de nuevo de ti, a tener ganas de dar lo mejor de mí. Y en algún momento, uno tan efímero que seguro ni llegaste a notar, volví a perderme en todo tu ser con mi mirada, el resto de mis sentidos, y mis ganas de echar a volar.
Ahora esperarás que te diga que ojalá pudiera volver atrás en el tiempo, cambiar lo que no supe llevar, corregir tantísimos fallos tontos y que querría volver a empezar. No porque quieras oírlo, sino porque suena a lo que toca contar.
Pues no, definitivamente no. El pasado que se quede donde está, que fue gracias a todo lo que vivimos por lo que aprendí de verdad. Que si no hubiera ocurrido como ocurrió, no nos conoceríamos como nos conocemos ya, todo sería distinto, tú serías distinta, y yo no sería igual. Ha pasado un año y medio, quizá algo más... hemos seguido caminos diferentes y librado cada uno sus propias batallas, hemos conocido a más gente y sin quererlo perdido en palabras. Pero en todo momento, hemos seguido queriendo lo mejor para el otro, hemos querido no abandonarnos y luchar contra el olvido y lo roto.
Y aquí estamos hoy, compartiendo mesa, minutos y pausas. Y aunque aún hoy tienes que seguir tu vida por un camino alejado del mio, hay algo que me ha quedado más claro que un grito:
"A pesar de todo, tú eres la única persona con la que me gustaría estar, siento que todo ha cambiado, y que por fin te aprendí a amar"
~Nini
sábado, 5 de diciembre de 2015
Una vida entera
Cogí el papel y el bolígrafo como si hiciera años que no los cogía, como si fuera algo nuevo que no supiera cómo utilizar. Sabía que tenía que escribir, que tenía que escribirle. O más que saberlo, lo sentía. Me ardía el pecho, y no sabía si era de rabia o de amor; tenía la sangre helada, y no sabía si era de miedo o de dolor. La hoja estaba en blanco, y mientras la observaba con los ojos perdidos más allá del papel y del mundo, sentía como se revolvían dentro de mí todas las emociones sin forma definida que me habían asaltado tras la última conversación. Qué sensación tan incómoda la de no ser capaz de escribir.
Pero entonces sucedió, mi mente se perdió en los recuerdos, en el amor, y cuando cerré los ojos y la recordé sentada en mis piernas, en el banco de aquel parque, acercándose lentamente a mi oreja... para susurrarme el primer "te quiero" que nunca iba a olvidar, ahí rompió todo. Rompieron las lágrimas y con cada una nacieron a borboten miles de palabras para escribir. Parecía como si fueran las propias lágrimas las que cargaran las palabras que me nacían de dentro, como si al rodar por mis mejillas se deshacieran en mi piel dejando salir a volar mis sentimientos. Y en ese momento, en ese momento lo escribí:
"Te quise, te quiero, te querré."
Y no necesité escribir nada más. Porque entendí que el resto de palabras que pudiera poner, serían sinsentidos, serían sólo aproximaciones a la verdad. Y no necesité escribir nada más, porque todo lo que escribiera sería como beber para olvidar.
Y no necesité escribir nada más... porque... ¿Cómo escribir en un papel lo que te querría contar en una vida entera?
Y como todas las demás, aquella carta ardió en llamas.
jueves, 19 de noviembre de 2015
Un adiós
Apareció como tantas otras veces, sin avisar, cuando le venía en gana. Estaba yo tranquilamente sentado en la cama, recostando mi espalda en la pared y con la mirada perdida en el techo y ella se sentó a mi lado, mirándome de frente, ladeando la cabeza curiosa y sin poder ocultar su curiosidad. Hacía tiempo que no se pasaba, que no indagaba sobre mis razones y mis por qué, pero hoy estaba ahí, y no dudaba que iba a buscar respuestas.
- ¿Qué te trae hoy por aquí?- le pregunté, indiferente. En verdad, no era indiferencia lo que yo sentía, me gustaba saber que estaba ahí, pero no podía hacerle ver eso o si no ganaría poder sobre mí. Ella me miró, o más bien, me escudriñó arqueando una ceja. Después sonrió y fingió no saber lo que yo sentía. Puso las manos detrás de su cabeza, apoyándose también en la pared y poniendo sus piernas sobre las mías. Entorné los ojos, pero no me moví.
- ¿Por qué? Necesito que me digas el por qué, esta vez te aseguro que no lo entiendo - preguntó mirando ahora también al techo como yo. Parecía casi como si no fuera con nosotros la conversación. Me encogí de hombros levemente, tardé a penas unos segundos en responder.
- ¿Por qué, qué? - contesté sin ninguna esperanza de que se diera por vencida y cambiara de tema. Suspiró y me pegó en el hombro un golpe seco y sin maldad.
- Sabes perfectamente a lo que me refiero. ¿Por qué la dejaste ir así sin más? ¿Por qué no hiciste nada? Podrías haber ido a verla, podrías... podrías haber intentado convencerla para que no se marchara...¡podrías haber intentado cualquier cosa! - exclamó, aunque sin alterarse- Es que tan poco significaba par.. - No le dejé terminar la frase, levanté la mano rápidamente con el índice levantado y frunciendo el ceño, pero sin apartar la vista del techo. No quería llorar.
- No te atrevas. No te atrevas siquiera a insinuar que no significaba tanto para mí. Tengo cada uno de los recuerdos clavados en el alma, y sabes perfectamente que ella es la razón de que tú existas y estés aquí. Y te necesito y te quiero como el aire que respiro, así que... - tragué saliva - así que cállate y no digas más tonterías-
Ella se mordió el labio de abajo un poco avergonzada y bajó el tono de voz...
- Entonces, explícame por qué- me volvió a preguntar, mirándome a mí esta vez. Y como si los soles de sus ojos pudieran atraer mi mirada, giré la cara yo también.
- ¿Por qué? - le miré con la mirada llena y vacía - pues porque ella lo habría querido así, de mí. Si quiere volver, volverá con o sin mi ayuda, pero no volverá por mucho que vaya y se lo pida. Así que....
- Así que... ¿qué? - preguntó ella asustada. Tragué saliva, era difícil pronunciar esas palabras.
- Así que se acabó. Fue ella la que dio el adiós, y sólo ella tiene derecho a cambiarlo por un hasta pronto - sentencié, como si no hubiera absolutamente nada más que decir al respecto. Ella se quedó callada y me miró durante largos segundos, parecía que eso iba a ser todo. Pero aún tenía una pregunta más.
- ¿Y si alguna vez te necesita?- arqueo de nuevo una ceja, aguardando mi respuesta.
Sonreí, volví a mirar al techo, contento.
- Ahí estaré, hasta el final de los días-
Y cuando volví a mirar, ella ya se había marchado, aunque su presencia seguía exactamente a mi lado.
~Quiero aprender de ti~
martes, 29 de septiembre de 2015
Gente
Creo que
conocer gente es lo que realmente hace de la vida una historia para
recordar. Es lo que de verdad te hace crecer como persona, lo que nos
vuelve más sabios.
A veces
nos cruzamos en nuestra vida con la persona adecuada en el momento
adecuado, y nos hace entender algo que hasta entonces nadie nos había
sido capaz de hacer entender. Quizá simplemente nos recuerde algo
que ya sabíamos, pero teníamos olvidado.
Esas personas no
siempre se quedan, simplemente están de paso, a veces unos minutos
únicamente y otras veces años. Pero el caso es que ahí están.
No hablo
de amor, ni de amistad, ni de nada parecido. Hablo únicamente de
personas y lo que nos pueden aportar en un momento dado. Yo soy de
los que piensa que cuando conocemos a alguien podemos elegir si
queremos que esa persona aporte algo a nuestra vida o no. A veces
somos tan cerrados a los demás, a abrirnos a otros, que perdemos la
oportunidad de aprender o descubrir cosas realmente interesantes...
incluso sobre nosotros mismos. A veces es esa persona que de repente
aparece en tu vida la que puede darte el empujón que necesitabas, o
hacerte ver lo que hasta entonces se te escapa. No se trata de hacer
caso a todo el mundo, sino de no descartar la posibilidad de alguien
pueda cambiar tu vida para bien.
Mucha
gente ha pasado por mi vida de manera temporal, y algunas de esas
personas me han aportado cosas que otros que conocía de años no han
podido. Simplemente porque he sido capaz de no poner un muro entre la
gente y yo. Y al revés igual, he pasado por la vida de gente de
manera fugaz, y alguna vez, cuando lo han permitido, he podido
cambiar algo en sus vidas, o ayudarles a tomar una decisión
importante. Incluso en un lapso de tiempo tan fugaz como el de un
viaje de tren desde Nuevos Ministerios hasta Sta Eugenia.
La gente
es interesante, la gente tendrá su lado exterior, pero también su
lado interior que es el que trae esas cosas que nos unen a todos, esa
humanidad encerrada en las vivencias que hemos experimentado cada uno
y que nos permiten sentir afinidad con otras personas. Es cuando
llegas ahí, cuando una persona te hace crecer como persona, te hace
más sabio.
Yo creo
que hay que dejarse llevar un poco más por las ganas de conocer, y
un poco menos por el miedo a lo que no conocemos. Creo que hay que ir
más hacia el riesgo de algo que podría hacernos feliz, que hacia la
seguridad de conformarse con quedarse sentado esperando.
Sinceramente, prefiero pasar la vida acertando e equivocándome, que
solamente esperando. Y cuanta más gente pasa por mi vida, más
convencido estoy de ello.
Esas personas no siempre se quedan, simplemente están de paso, a veces unos minutos únicamente y otras veces años. Pero el caso es que ahí están.
martes, 22 de septiembre de 2015
Para toda la vida.
Para cuando quise darme cuenta, ya era tarde. Me había quedado atrapado en sus brazos, en cada roce de sus manos, en cada beso en la piel, en cada mirada, en cada sonrisa. No había perdido la noción del tiempo, simplemente éste no me importaba lo más mínimo, pues no había nada en el mundo que prefiriera estar haciendo que estar ahí. Nada.
Cada segundo que pasaba, era un segundo más que sentía que quería estar a su lado. Nunca antes había tenido tantas ganas de no separarme de alguien, nunca antes había sentido un cariño tan fuerte que parecía no poder controlarse por ninguna de las dos partes. No recuerdo un sólo instante en el que nuestras manos no buscaran alguna parte del otro, no recuerdo ni una sola mano que no estuviera ansiosa de acariciar. Fue simplemente un abrazo continuo entre dos almas.
Lo que pasó en ese banco, a esas horas, es algo muy difícil de explicar. Yo creo que rocé la absoluta felicidad durante casi 4 horas... aun sabiendo que iba a romperme justo después. Mientras escribo esto, aun puedo oler en mis manos el olor que dejó su piel en ellas, aun puedo recordar cada una de las palabras que hacen eco en mi cabeza. Y no es fácil, porque sé que es algo que no volveré a tener.
Ayer por la noche... descubrí que sí hay gente que es como yo, que sí hay gente que es como yo necesito que sea mi otra mitad, que si hay gente que puede hacerme 100% feliz, sólo hay que buscar. Ayer compartí con esa persona vida y tres cuartos, en tan sólo 4 horas de banco. Ayer por la noche me enamoré de alguien, y alguien se enamoró de mí... pero el miedo a volver a querer que vi en su mirada, le alejó sin remedio de mí.
Ayer por la noche, fue el mejor ayer por la noche que he tenido.
Ayer por la noche... te encontré, me encontraste, y nos encontramos. Para toda la vida. ¿Lo oyes? Para toda la vida.
sábado, 12 de septiembre de 2015
Y se acababan de conocer
A veces los días traen momentos difíciles de explicar. A veces, esos momentos pueden significar mucho después, o simplemente quedar como un recuerdo maravilloso. Pero de eso no va esta breve historia que retrata uno de esos momentos. Habla únicamente del momento en sí... fuera real, soñado, o por un loco inventado. =)
Hacía tiempo que las doce de la noche habían quedado atrás. La ciudad estaba tranquila, tan tranquila como puede estarlo Madrid un día entre semana cualquiera a las tantas, y aunque el cielo estaba oscuro como una manta azul marino, las farolas y los fugaces coches que circulaban por las calles iluminaban con más que suficiente claridad.
Caminaban uno cerca del otro, sin prisa y sin mirar atrás, sin tener en cuenta la distancia a recorrer, a veces sin siquiera saber si iban en la dirección correcta. Caminaban escuchando canciones que significaban algo, cantando letras que lo mismo te hacen llorar que te hacen soñar. Caminaban, juntos, cogidos de la mano... y se acababan de conocer.
Sonaba una de esas canciones especiales que sólo de empezar a escucharlas empiezan a erizarse los pelos de tu piel, una de esas canciones que saben a luna y estrellas, a fuego y hielo. Y entonces, entonces ella apoyó la cabeza en él mientras le abrazaba, sonriente, sin previo aviso ni motivo aparente.
Él no dijo nada, simplemente deslizó su otra mano rodeando sus hombros y la apretó con cuidado contra él, inclinando la cabeza hacia la suya y besando su alocada cabeza. Ni siquiera sabía por qué, pero era lo que le había nacido hacer en ese instante. Ni siquiera sabía por qué, pero en el cielo comenzaron a verse estrellas.
Caminaron largo rato, sin contar ni los pasos ni las sonrisas, de tantos que eran, de tantas que había. Caminaron sin separarse en todo el camino, sin parar hasta llegar a su destino. Pero tenían que esperar. Se sentaron en un banco cercano y suspiraron cansados. Ella se echó sobre su regazo, sin preguntar, de nuevo sin avisar... y de nuevo a él le nació actuar, sin saber por qué, así. Comenzó a acariciar su espalda, dibujando sinsentidos en en su camisa, pasando los dedos por las costuras del cuello, rascando la piel en su nuca, deslizando sus dedos por entre su pelo, sólo para después volver a su espalda y volver a dibujar algo completamente distinto. Ella, por ser ella, le había hecho sonreír. Y él, por ser él, en silencio le prometió un recuerdo imborrable en el papel.
Y se acababan de conocer.
sábado, 15 de agosto de 2015
Trocitos de papel
Nunca se lo había planteado, nunca se había parado a sentarse y dedicarle unos minutos a esa parte de su vida. Y si lo había hecho, había sido de manera inconsciente. ¿Cómo saber cuando estamos siguiendo un camino que nos está privando de otro mejor? ¿Cómo saber cuando es momento de cambiar o de probar algo diferente?
Tomo un sorbo del batido de fruta que tenía sobre la mesa y pestañeó un par de veces centrando de nuevo la vista en el ordenador. Ese trabajo no se iba a terminar sólo, y aun le quedaba la mitad. Suspiró profundamente y comenzó a releer el último párrafo que había escrito para recordar por dónde iba.
- ¿Quieres que te ayude?- escuchó de repente su voz detrás de ella. Se giró y le vio de pie, recién llegado de la calle, todavía con el traje y los zapatos, con la mirada cansada, pero con una sonrisa en la cara. Era un trabajo importante, trabajo de fin de carrera ni más ni menos, pero sabía que si de alguien podía fiarse, era de él. Ella le devolvió la sonrisa y asintió con la cabeza, echándose a un lado y dejando sitio a su lado. Él se quitó la chaqueta, se aflojó la corbata, y comenzaron a repasar el escrito. Y así pasaron las horas.
En algún momento ella se preguntó si estaría ayudándola sólo porque se sentía en deuda, pero cada vez que le escuchaba comentar algo sobre el texto, su voz sonaba entusiasmada y su mirada había perdido el cansancio.
Pasaban los días y cada día era distinto, pero siempre había algo que era igual. Él siempre llegaba tarde por la noche, y a ella siempre le nacía esperarle. No sé llegó a preguntar qué le parecería a él que hiciera eso, tampoco le importaba. Ella lo hacía porque quería y ya está. Él llegaba tan cansado que no tenía ganas ni de cocinar ni de hacer absolutamente nada. En más de una ocasión, ella le preparó algo de cenar. No importaba lo que fuera, él se comía cualquier cosa que le preparara, y además parecía disfrutar comiéndolo, incluso aunque dijera que eso no le gustaba. Alguna vez se preguntó ella si realmente no le gustaba o si le estaba tomando el pelo. Era difícil saberlo. Muchas veces se quedaban hablando, cada vez de un tema, no importaba tampoco cuál. De alguna manera cuando hablaban podían ahondar mucho en la conversación, fuera del tema que fuera, y aunque realmente no se conocían de más de 1 mes, a ella le había demostrado que se podía confiar en él, que se podía hablar con él.
Así pasaron los días, decía, en total dos semanas en las que hubo historias de todo. Pero sobretodo risas, muchas risas. Y hablando de risas, habría que hablar de aquel día que fueron al Burger King. Algo tan simple como unos trozos de papel, algo tan leve como un soplido... crearon en ella una risa distinta a las demás.
Ella estaba hablando por teléfono mientras esperaban sentados a que les entregaran su pedido, él parecía estar simplemente ahí, ausente y pensando en sus cosas. Estaba entretenida hablando, y despedazando el ticket que les habían dado, dejándolo hecho trizas, haciendo de él docenas de papelitos pequeños que iba almacenando en su mano. Cuando dejó de hablar, él se giró a ella y le preguntó - ¿Dónde tienes el ticket?-. Ella abrió los ojos como platos y miró hacia su mano izquierda, y mientras la abría lentamente delante de su cara dijo - aquí.-. Y entonces lo hizo, sin pensarlo, de forma espontánea. Le sopló con fuerza en la mano, tirando todos los papeles volando sobre la cara de ella. Ni ella misma podría describirlo, cómo se rió en ese momento. Fue algo inesperado que le nació de dentro, como si se sintiera libre por un segundo y después de mucho tiempo sin sentirlo así. Se había reído antes, muchos días y muchas veces, pero no así, era algo diferente. No había mirado, se había olvidado de todo por un momento y se había dejado llevar, había saltado. Por un momento se preguntó a sí misma ¿Por qué algo tan tonto me ha hecho sentir tan bien?
Y se arrepintió, pero no de haber saltado, sino de no dejarse hacerlo más a menudo.
Tomo un sorbo del batido de fruta que tenía sobre la mesa y pestañeó un par de veces centrando de nuevo la vista en el ordenador. Ese trabajo no se iba a terminar sólo, y aun le quedaba la mitad. Suspiró profundamente y comenzó a releer el último párrafo que había escrito para recordar por dónde iba.
- ¿Quieres que te ayude?- escuchó de repente su voz detrás de ella. Se giró y le vio de pie, recién llegado de la calle, todavía con el traje y los zapatos, con la mirada cansada, pero con una sonrisa en la cara. Era un trabajo importante, trabajo de fin de carrera ni más ni menos, pero sabía que si de alguien podía fiarse, era de él. Ella le devolvió la sonrisa y asintió con la cabeza, echándose a un lado y dejando sitio a su lado. Él se quitó la chaqueta, se aflojó la corbata, y comenzaron a repasar el escrito. Y así pasaron las horas.
En algún momento ella se preguntó si estaría ayudándola sólo porque se sentía en deuda, pero cada vez que le escuchaba comentar algo sobre el texto, su voz sonaba entusiasmada y su mirada había perdido el cansancio.
Pasaban los días y cada día era distinto, pero siempre había algo que era igual. Él siempre llegaba tarde por la noche, y a ella siempre le nacía esperarle. No sé llegó a preguntar qué le parecería a él que hiciera eso, tampoco le importaba. Ella lo hacía porque quería y ya está. Él llegaba tan cansado que no tenía ganas ni de cocinar ni de hacer absolutamente nada. En más de una ocasión, ella le preparó algo de cenar. No importaba lo que fuera, él se comía cualquier cosa que le preparara, y además parecía disfrutar comiéndolo, incluso aunque dijera que eso no le gustaba. Alguna vez se preguntó ella si realmente no le gustaba o si le estaba tomando el pelo. Era difícil saberlo. Muchas veces se quedaban hablando, cada vez de un tema, no importaba tampoco cuál. De alguna manera cuando hablaban podían ahondar mucho en la conversación, fuera del tema que fuera, y aunque realmente no se conocían de más de 1 mes, a ella le había demostrado que se podía confiar en él, que se podía hablar con él.
Así pasaron los días, decía, en total dos semanas en las que hubo historias de todo. Pero sobretodo risas, muchas risas. Y hablando de risas, habría que hablar de aquel día que fueron al Burger King. Algo tan simple como unos trozos de papel, algo tan leve como un soplido... crearon en ella una risa distinta a las demás.
Ella estaba hablando por teléfono mientras esperaban sentados a que les entregaran su pedido, él parecía estar simplemente ahí, ausente y pensando en sus cosas. Estaba entretenida hablando, y despedazando el ticket que les habían dado, dejándolo hecho trizas, haciendo de él docenas de papelitos pequeños que iba almacenando en su mano. Cuando dejó de hablar, él se giró a ella y le preguntó - ¿Dónde tienes el ticket?-. Ella abrió los ojos como platos y miró hacia su mano izquierda, y mientras la abría lentamente delante de su cara dijo - aquí.-. Y entonces lo hizo, sin pensarlo, de forma espontánea. Le sopló con fuerza en la mano, tirando todos los papeles volando sobre la cara de ella. Ni ella misma podría describirlo, cómo se rió en ese momento. Fue algo inesperado que le nació de dentro, como si se sintiera libre por un segundo y después de mucho tiempo sin sentirlo así. Se había reído antes, muchos días y muchas veces, pero no así, era algo diferente. No había mirado, se había olvidado de todo por un momento y se había dejado llevar, había saltado. Por un momento se preguntó a sí misma ¿Por qué algo tan tonto me ha hecho sentir tan bien?
Y se arrepintió, pero no de haber saltado, sino de no dejarse hacerlo más a menudo.
lunes, 13 de abril de 2015
Un Madrid - Valencia
A veces encuentras la libertad y la aventura de vivir donde menos la buscas. A veces ocurren cosas que no imaginabas, y que una vez ocurren... nunca olvidas.
Ayer me reencontré con tres personas que nunca había visto antes. Ayer redescubrí a tres personas, que ya conocía incluso sin haberles conocido antes.Ayer conocí a tres personas que marcaron un día de mi vida, y que ocurra lo que ocurra en adelante, siempre habrá momento y lugar para recordar.
Me salí de la norma, me salí de lo normal, de lo racional. Me dejé llevar por la vida, por las ganas de ser libre y de vivir. Por las ganas de romper los moldes y olvidarme de las ataduras, por las ganas de recordar que, al final del día, sólo cuenta lo que hemos vivido y no lo que dejamos por vivir. Fui el yo que tenía olvidado, lo fui gracias a ellas, y lo fui por mí.
La verdad es que no recuerdo que hubiera ni un sólo segundo en el que me sintiera un extraño. Reí tanto, me despreocupé tanto de la hora, de la lluvia, del agua y del frío. Sonreí tanto, me despreocupé tanto de lo que podía pasar o no, disfrutando de lo que estaba pasando... que de tanto reír y tanto estar feliz, no me di cuenta de todo lo que estaba ocurriendo allí:
Se formaron lazos invisibles, de confianza sin motivo ni razón. Confianza que se sintió en el ambiente, en las miradas, en el tono de nuestra voz.
Se crearon lazos inexplicables, de bienestar y de compresión. Un pacto silencioso para que ese día, en ese momento, todo lo malo fuera bueno, y todo lo bueno, fuera mejor.
Se crearon lazos inexplicables, de bienestar y de compresión. Un pacto silencioso para que ese día, en ese momento, todo lo malo fuera bueno, y todo lo bueno, fuera mejor.
Y ojalá que esos lazos, no queden perdidos en un rincón.
Ojalá esos lazos, sean el comienzo de una historia aún mejor.
Gracias M.A.R ^_^
Gracias M.A.R ^_^
Reservar una plaza en un coche compartido para hacer un Madrid - Valencia a las 19h. Tener la intención de dormirte en el viaje... y terminar durmiendo en la misma habitación que las 3 chicas con las que ibas después de estar en la playa bañándote con ellas a las 3 de la mañana, tres chicas que no conocías de nada hasta ese mismo día. Algo para no olvidar =)
jueves, 12 de marzo de 2015
Sólo una estrofa
Sólo una estrofa...
Cae sobre la duna silenciosa
la sombra de la noche fría.
Reflejo de sol en la luna que
cadáveres en la arena ilumina.
viernes, 20 de febrero de 2015
Sofá rojo
El sofá rojo nunca había estado más nervioso que entonces. Sobre él, y tan sólo separados por unos pocos centímetros, había una persona que quería amar con toda su alma, y otra que se negaba por su vida a dejarse amar. Los dos eran conscientes de aquella curiosa e incompatible situación, y sin embargo ahí estaban, sentados en aquel sofá rojo.
- Explícamelo anda- le dijo ella mirándole a los ojos un instante. Quizá ella no era consciente de aquello, pero cada vez que sus miradas se cruzaban explotaba en él un universo entero, con todas sus constelaciones, estrellas y planetas, y también su vacío.
Suspiró y apartó la mirada, nervioso. - Ya te lo he explicado muchas veces, jo- Ese jo le sonó mucho a ella. Y ella lo supo y sonrió, pese a que él no lo vio.
- Una vez más, la última, lo prometo... ¿qué significaba eso que escribiste? - la curiosidad brillaba tan fuerte en sus ojos que podrían haber iluminado la habitación aun con la luz apagada.
Tragó saliva, miró inquieto hacia todos los sitios... y por una fracción de segundo, por un sólo instante que podría no haberse ni notado...se sintió valiente, se sintió más grande que el mundo, que el miedo, que todo. - Está bien. Será la última. ¿Me oyes? Vaya que si será la última, eso seguro, heh.- dijo él mientras se sentaba adecuadamente y le miraba a la cara. Se mordió el labio y aún tuvo que resoplar una vez antes de comenzar a hablar. Ella, simplemente, le miraba expectante, y un muro infranqueable protegía sus gestos y facciones para no mostrar ningún tipo de emoción. El sofá rojo moría de tensión.
- Como es la última, lo haremos bien. No regrets. ¿Te parece?- dijo él mirándola con media sonrisa en la cara. No era una sonrisa de seguridad, ni una sonrisa de felicidad, era simplemente una sonrisa, tan insegura como resignada, tan indiferente como inusual. Ella simplemente asintió.
En ese momento, él hizo algo que nunca había hecho, algo que había querido hacer desde el primer día que la vio, pero que no se había atrevido jamás. Estiró lenta pero decididamente su mano hasta alcanzar la suya que reposaba en la rodilla y la cogió. La cogió con delicadeza, poniendo su palma en la de ella y sujetándola muy suavemente con el dedo pulgar. Se estremeció por dentro de tantas formas y maneras, que sería inútil intentar describirlas aquí. Ahogó lágrimas que peleaban con fiereza por nadar mejilla abajo, calmó un corazón que parecía latir como si no hubiera mañana, porque quizá, para él, no lo hubiera. Ella habría apartado la mano de casi cualquiera, se habría puesto nerviosa y le habría dado la risa, o vete tú a saber. Con ella todo podía ser. Pero ese día, en esa ocasión, no se movió ni un milímetro. Él sólo supo que aun estaba viva por el suave mecer de su pecho respirando, el brillo que surcaba sus ojos, y el ligero color rojizo que habían adquirido sus mejillas al juntarse las manos. Entonces se miraron, el uno al otro, y para evitar volverse a perder en su mirada, en ella, comenzó a hablar.
- Significa que tú no fuiste el principio. Eso sería mentir, pero sí que eres el final. El horizonte que nunca se acaba. Significa que lo que yo siento por ti, roza la locura extrema, pero que si estar cuerdo significa estar sin ti, entonces que me internen de por vida. Lo que leíste, significa que todo lo que yo podría ser, lo que yo podría dar de mí por ti, existe, y es algo tan mágico y especial que no se puede contener en un sólo corazón. Y por eso, por eso existe, pero no es real, porque para que se hiciera real, tendrías que dejarte amar, compartir tu corazón conmigo. Y mientras eso no ocurra, nada de esto que tengo dentro y existe podrá tener vida propia. Nade de esto... ninguno de estos sueños, de estas historias que me escribo para aguantar la realidad de estar sin ti, ninguna de las promesas que me hago a escondidas, ninguna de las promesas que, sin tu permiso, te hago a ti.- clavó su mirada en su pupila, entrando tan adentro que casi podía ver a través de sus ojos-
Lo que leíste, significa que no me planteo el cambiarte por nada, que ya no gira toda mi vida y mis decisiones entorno a ti, he aprendido a vivir sin ti, pero queriéndote a rabiar. Las ideas y metas personales más altas que he tenido jamás, el futuro más deseado que he escrito en mi mente en una eternidad... todo él pasa por ti. Hay futuros alternativos, claro que sí, pero ninguno me hará sentir tan pleno como aquel que imagino contigo. Y es por eso, por eso que tú eres el final, que me niego en rotundo a cambiarte por nada, por nadie. Ni siquiera por un reflejo tuyo. - paró de nuevo, brevemente, para tragar saliva y dejar que el aire llenara contento sus pulmones- y es que...a veces pienso, que si me preguntaran, diría que nunca antes me había enamorado de verdad. Porque tú, tú has marcado cada parte de mí, tú has tocado mi esencia y la has dejado impregnada de ti. Tú vicias el aire que respiro aún sin estar físicamente ahí, ¿entiendes lo que te digo?.
Siento que podría estar una vida entera mirándote, y aún me quedarían ganas de ti. Eso es lo que significa.-
Le soltó la mano con delicadeza, y recogió la suya propia hasta su lado del sofá. El silencio se expandió como el fuego, no sólo en la habitación, sino en toda la casa, incluso en la calle parecía haber enmudecido hasta el sutil sonido del viento silbando entre las hojas de los árboles. Incluso el sofá rojo aguantaba la respiración para no romper aquel momento. Ella todavía le miraba, con esos ojos que dejaban a los más bellos poemas en la más grande miseria. Ella se acercó en el sofá, se puso a escasos centímetros de el y le abrazó lentamente, fundiéndose por unos instantes. Sus corazones, como si hubieran hecho un pacto, no se dejaron oír ni sentir.
Ella le susurró algo al oído, y la luna, que por la ventana había estado presenciando todo aquello.. fue la única que a el le vio llorar.
Y el sofá rojo, nunca volvió a ser el mismo.
domingo, 11 de enero de 2015
Camino
Se sentó a un lado, sobre una roca que parecía descansar a la sombra de un pino. Su cara no reflejaba cansancio alguno, sus movimientos no eran los de alguien que llevara mucho tiempo caminando. Y sin embargo sus ojos daban una sensación distinta mientras miraba al horizonte del camino. Una mirada que estaba cargada de tantas sensaciones diferentes, de tantos matices que las palabras a penas podrían empezar a describir... pero ahí estaba él, sin decir una palabra, sin vacilar ni un momento en su camino. ¿Por qué?.
- Hmm... parece que aún te queda mucho camino, ¿no es cierto?- le dijo una voz de hombre mayor desde atrás de él.
Carraspeó para aclararse la garganta, como si hiciera demasiado tiempo que no hablara y las palabras se aglomeraran atragantándolo. Pero no se giró ni llegó a apartar la mirada del horizonte, sabía perfectamente quién era.
- No lo sé. Dímelo tú, ¿no? - contestó esbozando una diminuta sonrisa en su boca. El hombre no pudo evitar reír.
- No puedo decírtelo, es algo que no sé. ¿Por qué no lo dejas estar? ¿Por qué no dejas de caminar este camino? ¿Sabes a caso a dónde va?- el tono del hombre no era de reprimenda, ni de enfado. Era el tono de un hombre que quiere saber, de un hombre que espera para escuchar y entender.
El viento sopló tranquilo por entre las hojas del árbol debajo del cual se encontraban, emitiendo un pequeño silbido de silencio que dejó flotar las preguntas en el aire durante unos segundos inapreciables.
- La verdad es que no. El final de un camino no se sabe hasta que no llegas al final. Tiene sentido así, ¿no te parece?- suspiró un instante- Pero no lo puedo dejar estar. No sé hacerlo, quizá no quiero - ahora el que suspiró fue el hombre mayor y negó con la cabeza. Casi se podría haber dicho que esperaba esa contestación. O más que esperarla, la había temido.
Pasaron unos segundos sin decirse nada. El sol había avanzado hacia el atardecer y rasgaba a las nubes dejando pinceladas de color dorado por todo el cielo. El hombre volvió a preguntar:
-¿Entonces por qué? No consigo entenderlo. Explícame por qué no puedes ir por cualquier otro camino- parecía como si le estuviera suplicando, como si necesitara escuchar una respuesta, como si no estuviera contento con el hecho de que él estuviera caminando ese camino.
- Es fácil. No se trata de si sé o no lo que me espera al final del camino. Se trata, únicamente, de que lo que yo quiero conseguir, sólo puede ser conseguido haciendo esta misma travesía. No hay otra manera, no hay atajos, no hay más caminos que tengan la posibilidad de llevarme a donde yo quiero ir. No tengo más remedio y... - hizo una pausa, dejando de mirar al horizonte para volver la cara y mirar al hombre, sonriendo ampliamente con la boca, aunque sus ojos estuvieran bañados en melancolía. - y aunque lo tuviera, tampoco lo querría de otra manera -.
El hombre suspiró y frunció el ceño.
- ¿Y si llegas al final después de años de caminar y no encuentras lo que querías? ¿Y si todo ha sido para nada?
Él rió aun con más fuerza.
- Al final de esta vida, todo termina siendo para nada, pues todos morimos y dejamos de ser- le brillaron los ojos por un momento, casi como si el sol mismo se hubiera reflejado en ellos -. Pero al menos yo podré decir que viví soñando, que viví para lo que yo quería ser y tener. No puedo aspirar a nada más- terminó de decir, levantándose lentamente de la roca y ajustando sus ropas para retomar el camino.
El hombre apretó los dientes y bufó.
- Maldito, me arrastrarás contigo a ningún sitio.
Él contestó comenzando a caminar, saludando con la mano sin girarse.
- Entonces en "ningún sitio" la encontraremos.
Y se marchó.
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