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sábado, 5 de marzo de 2016

Una historia que contar

Hay veces que una fuerza invisible te empuja a hacer algo que no habías hecho antes. Que te ves envuelto en una escena que no salía en tu guión principal. Hay veces que se crean historias de la manera más improbable, que todo parece ponerse de acuerdo para que una historia que sólo verías posible en una película, tengas la oportunidad de vivirla tú.

Y eso es lo que me pasó contigo... en el momento en el que decidí volver. En ese momento, sentencié nuestra historia. Para bien o para mal, pero ahí quedó decidido que esa historia, iba a existir. Nuestra historia.
Porque al final la vida se trata de vivir historias, de crear historias, de contarlas después. Que todo tiene un pasado un presente y un futuro, y las personas no estamos exentas de ello. Yo ya sé qué pasado hemos tenido, sé qué presente estamos viviendo... pero lo que realmente anhelo, es el futuro que no sé si llegaremos a escribir.

Quizá no te lo preguntes ya, pero sé que al menos una vez, aunque fuera durante un segundo... te has preguntado qué me empujó a volver. Te lo voy a decir...

Tú. Tú eres lo que me empujo a volver. Las ganas de verte de nuevo, de aferrarme a cualquier excusa con tal de poder estar unos minutos más a tu alrededor y poder descubrir más de ti.
Tenía que saber... tenía que que comprobar, si lo que había sentido al verte por primera vez, era una historia que algún día querría contar.


... Y vaya si lo es.

lunes, 12 de octubre de 2015

Te propongo

Te propongo algo. Te propongo que dejemos atrás todos los miedos y todo el pasado. El tuyo y el mío, todos los fracasos y los buenos momentos que existieron antes, antes de tú y yo. Te propongo que simplemente seamos lo que queremos ser en cada momento, a veces querrás ser mi amante, a veces necesitaré que seas mi amiga, a veces seremos una estrella brillante en lo alto del cielo y a veces seremos simplemente miradas a escondidas.

Dejemos atrás lo que ya sabemos y comencemos a aprender de nuevo. Abramos la mente, los brazos y el corazón para ver a donde nos conduce el camino en esta ocasión. Ni tú eres ninguna de "ellas", ni yo me parezco a ningún "él". Tú eres tú, yo soy yo, y lo que tú y yo escribamos de nuestra historia, sólo depende del presente y de lo que queramos dar.

Te propongo algo. Te propongo que si quieres besarme lo hagas con fuerza, si quieres abrazarme lo hagas sin piedad, si quieres rozarme la piel lo hagas sin dudar. Y no temas, porque cuando quieras que sólo te escuche yo lo haré con intensidad, cuando quieras un amigo con el que reír yo no me quedaré atrás, cuando simplemente quieras desahogarte de tus penas, yo sostendré en mis manos lo que tengas que llorar. 

Te propongo que seamos nosotros mismos, que nos dejemos llevar, que vivamos día a día pero sin tener que mirar atrás.
Te propongo que te atrevas. Te prometo que no me iré jamás.

martes, 22 de septiembre de 2015

Para toda la vida.

Para cuando quise darme cuenta, ya era tarde. Me había quedado atrapado en sus brazos, en cada roce de sus manos, en cada beso en la piel, en cada mirada, en cada sonrisa. No había perdido la noción del tiempo, simplemente éste no me importaba lo más mínimo, pues no había nada en el mundo que prefiriera estar haciendo que estar ahí. Nada.

Cada segundo que pasaba, era un segundo más que sentía que quería estar a su lado. Nunca antes había tenido tantas ganas de no separarme de alguien, nunca antes había sentido un cariño tan fuerte que parecía no poder controlarse por ninguna de las dos partes. No recuerdo un sólo instante en el que nuestras manos no buscaran alguna parte del otro, no recuerdo ni una sola mano que no estuviera ansiosa de acariciar. Fue simplemente un abrazo continuo entre dos almas.

Lo que pasó en ese banco, a esas horas, es algo muy difícil de explicar. Yo creo que rocé la absoluta felicidad durante casi 4 horas... aun sabiendo que iba a romperme justo después. Mientras escribo esto, aun puedo oler en mis manos el olor que dejó su piel en ellas, aun puedo recordar cada una de las palabras que hacen eco en mi cabeza. Y no es fácil, porque sé que es algo que no volveré a tener.

Ayer por la noche... descubrí que sí hay gente que es como yo, que sí hay gente que es como yo necesito que sea mi otra mitad, que si hay gente que puede hacerme 100% feliz, sólo hay que buscar. Ayer compartí con esa persona vida y tres cuartos, en tan sólo 4 horas de banco. Ayer por la noche me enamoré de alguien, y alguien se enamoró de mí... pero el miedo a volver a querer que vi en su mirada, le alejó sin remedio de mí.

Ayer por la noche, fue el mejor ayer por la noche que he tenido.
Ayer por la noche... te encontré, me encontraste, y nos encontramos. Para toda la vida. ¿Lo oyes? Para toda la vida.

domingo, 13 de septiembre de 2015

¿Grande o tonto?



Hoy me surge una duda inesperada. ¿Es mi corazón muy grande? ¿O simplemente muy tonto? Parece que nació para querer, lo cual estaría muy bien, si no fuera porque también nació para no olvidar. Y es que mi corazón es así de especial, mi corazón nació con esa manía de sentirlo todo multiplicado por diez. Sea dolor o sea amor, sea alegría o sea tristeza, decepción o ilusión. Y lo más gracioso es que lo único que consigue calmarlo, es lo mismo que lo que le causa dolor…

Bueno y... ¿Que qué hago aquí escribiendo? Pues que la ausencia de tu presencia es la causa de la ausencia de mi esencia. Y sólo pienso en volverte a ver. Y echarte de menos es la única excusa que necesito para sentir que necesito escribir... y por eso borro la mitad de lo escribo, para tener que volverlo a escribir. Y fíjate tú, que yo quería escribir sólo una frase ingeniosa, pero es pornerme a pensar en ti, echarte tanto de menos, que no puedo dejar de escribir hasta que cada poro de mi piel se haya expresado.

No te puedo pedir que vuelvas, no te puedo pedir que me quieras, pero sí quiero pedirte que no olvides nunca que te quiero, sin tiempo ni distancia. No olvides nunca que mi corazón nunca olvida, y que tú sigues siendo parte de todo lo que él ansía. Y si por pedir que no quede... déjame que te pida: Sé feliz.

sábado, 15 de agosto de 2015

entonces ¿Qué?

Puede que esté loco. O que simplemente tenga un trastorno considerable emocional que haga que tenga estos altibajos que dan tantos tumbos a mi corazón que el pobre hay días que no sabe ya si va o si viene. Puede que sea algo excesivo, que debiera de ir al psicólogo para que me tratara de hacer controlar estas emociones y sentimientos. Os lo juro, a veces se sienten tan imparables como un tren contra una pared de papel. A veces, hasta yo mismo me asusto de lo intenso que puede llegar a ser. Es cerrar los ojos, revivir un sólo momento en una imagen, y me explota por dentro un fuego que me eriza hasta los pelos de la nuca.

Pero decidme. ¿Qué iba a escribir yo entonces? O peor... ¿Quién más te iba a amar así?

sábado, 1 de agosto de 2015

Así él lo creía



Para cuando quiso darse cuenta, era tarde. Habían pasado ya varios días, varias noches, y su presencia, aunque fuera en la distancia, había quedado amarrada a su mente como un barco al muelle en un día de tormenta. Y menuda tormenta.
Los sentimientos caían en torrente y se entremezclaban unos con otros, agitando las aguas ferozmente, agitando su corazón hasta tal punto que confundía. 
¿Por qué le resultaba tan fácil algo que le causaba tanto dolor? ¿Por qué nunca se echaba atrás, por qué su razón nunca ganaba el pulso al corazón?

La respuesta, al final del día, era tan sencilla como estúpida. Porque todo lo que ella le hacía sentir, compensaba todo el dolor que pudiera sufrir. En esta vida y en cien más.
O al menos eso pensó él a gritos, mientras en un susurro salía otra grieta en su corazón.

sábado, 25 de julio de 2015

Ti

Abro los ojos, y ¿qué veo? ¿Oscuridad? Ojalá, pues la oscuridad es sólo la ausencia de luz.

Lo que veo es un universo inmenso y complejo, vasto y con innumerables constelaciones y galaxias.  Veo las estrellas lejanas y los planetas cercanos, veo todo... y sin embargo no llego a sentir el calor de ningún sol, no llego a sentir la luz de ninguna estrella. Lo único que siento es el vacío absoluto que lo envuelve todo. Ese vacío que no contempla gravedad, ni aire, ni sonido. Ese vacío que se siente como un abismo. Ese vacío que no tiene medida, porque crece cada día que me siento morir sin ti.

¿Que quién es ti? Qué importa el nombre, "ti" es quien me hace feliz.

jueves, 12 de marzo de 2015

Sólo una estrofa

Sólo una estrofa...


Cae sobre la duna silenciosa
la sombra de la noche fría.
Reflejo de sol en la luna que
cadáveres en la arena ilumina.


viernes, 20 de febrero de 2015

Sofá rojo

El sofá rojo nunca había estado más nervioso que entonces. Sobre él, y tan sólo separados por unos pocos centímetros, había una persona que quería amar con toda su alma, y otra que se negaba por su vida a dejarse amar. Los dos eran conscientes de aquella curiosa e incompatible situación, y sin embargo ahí estaban, sentados en aquel sofá rojo.

- Explícamelo anda- le dijo ella mirándole a los ojos un instante. Quizá ella no era consciente de aquello, pero cada vez que sus miradas se cruzaban explotaba en él un universo entero, con todas sus constelaciones, estrellas y planetas, y también su vacío.

Suspiró y apartó la mirada, nervioso. - Ya te lo he explicado muchas veces, jo- Ese jo le sonó mucho a ella. Y ella lo supo y sonrió, pese a que él no lo vio.

- Una vez más, la última, lo prometo... ¿qué significaba eso que escribiste? - la curiosidad brillaba tan fuerte en sus ojos que podrían haber iluminado la habitación aun con la luz apagada.

Tragó saliva, miró inquieto hacia todos los sitios... y por una fracción de segundo, por un sólo instante que podría no haberse ni notado...se sintió valiente, se sintió más grande que el mundo, que el miedo, que todo. - Está bien. Será la última. ¿Me oyes? Vaya que si será la última, eso seguro, heh.- dijo él mientras se sentaba adecuadamente y le miraba a la cara. Se mordió el labio y aún tuvo que resoplar una vez antes de comenzar a hablar. Ella, simplemente, le miraba expectante, y un muro infranqueable protegía sus gestos y facciones para no mostrar ningún tipo de emoción. El sofá rojo moría de tensión.

- Como es la última, lo haremos bien. No regrets. ¿Te parece?- dijo él mirándola con media sonrisa en la cara. No era una sonrisa de seguridad, ni una sonrisa de felicidad, era simplemente una sonrisa, tan insegura como resignada, tan indiferente como inusual. Ella simplemente asintió.


En ese momento, él hizo algo que nunca había hecho, algo que había querido hacer desde el primer día que la vio, pero que no se había atrevido jamás. Estiró lenta pero decididamente su mano hasta alcanzar la suya que reposaba en la rodilla y la cogió. La cogió con delicadeza, poniendo su palma en la de ella y sujetándola muy suavemente con el dedo pulgar. Se estremeció por dentro de tantas formas y maneras, que sería inútil intentar describirlas aquí. Ahogó lágrimas que peleaban con fiereza por nadar mejilla abajo, calmó un corazón que parecía latir como si no hubiera mañana, porque quizá, para él, no lo hubiera. Ella habría apartado la mano de casi cualquiera, se habría puesto nerviosa y le habría dado la risa, o vete tú a saber. Con ella todo podía ser. Pero ese día, en esa ocasión, no se movió ni un milímetro. Él sólo supo que aun estaba viva por el suave mecer de su pecho respirando, el brillo que surcaba sus ojos, y el ligero color rojizo que habían adquirido sus mejillas al juntarse las manos. Entonces se miraron, el uno al otro, y para evitar volverse a perder en su mirada, en ella, comenzó a hablar.

- Significa que tú no fuiste el principio. Eso sería mentir, pero sí que eres el final. El horizonte que nunca se acaba. Significa que lo que yo siento por ti, roza la locura extrema, pero que si estar cuerdo significa estar sin ti, entonces que me internen de por vida. Lo que leíste, significa que todo lo que yo podría ser, lo que yo podría dar de mí por ti, existe, y es algo tan mágico y especial que no se puede contener en un sólo corazón. Y por eso, por eso existe, pero no es real, porque para que se hiciera real, tendrías que dejarte amar, compartir tu corazón conmigo. Y mientras eso no ocurra, nada de esto que tengo dentro y existe podrá tener vida propia. Nade de esto... ninguno de estos sueños, de estas historias que me escribo para aguantar la realidad de estar sin ti, ninguna de las promesas que me hago a escondidas, ninguna de las promesas que, sin tu permiso, te hago a ti.- clavó su mirada en su pupila, entrando tan adentro que casi podía ver a través de sus ojos-

Lo que leíste, significa que no me planteo el cambiarte por nada, que ya no gira toda mi vida y mis decisiones entorno a ti, he aprendido a vivir sin ti, pero queriéndote a rabiar. Las ideas y metas personales más altas que he tenido jamás, el futuro más deseado que he escrito en mi mente en una eternidad... todo él pasa por ti. Hay futuros alternativos, claro que sí, pero ninguno me hará sentir tan pleno como aquel que imagino contigo. Y es por eso, por eso que tú eres el final, que me niego en rotundo a cambiarte por nada, por nadie. Ni siquiera por un reflejo tuyo. - paró de nuevo, brevemente, para tragar saliva y dejar que el aire llenara contento sus pulmones- y es que...a veces pienso, que si me preguntaran, diría que nunca antes me había enamorado de verdad. Porque tú, tú has marcado cada parte de mí, tú has tocado mi esencia y la has dejado impregnada de ti. Tú vicias el aire que respiro aún sin estar físicamente ahí, ¿entiendes lo que te digo?.

Siento que podría estar una vida entera mirándote, y aún me quedarían ganas de ti. Eso es lo que significa.-


Le soltó la mano con delicadeza, y recogió la suya propia hasta su lado del sofá. El silencio se expandió como el fuego, no sólo en la habitación, sino en toda la casa, incluso en la calle parecía haber enmudecido hasta el sutil sonido del viento silbando entre las hojas de los árboles. Incluso el sofá rojo aguantaba la respiración para no romper aquel momento. Ella todavía le miraba, con esos ojos que dejaban a los más bellos poemas en la más grande miseria. Ella se acercó en el sofá, se puso a escasos centímetros de el y le abrazó lentamente, fundiéndose por unos instantes. Sus corazones, como si hubieran hecho un pacto, no se dejaron oír ni sentir.

Ella le susurró algo al oído, y la luna, que por la ventana había estado presenciando todo aquello.. fue la única que a el le vio llorar.

Y el sofá rojo, nunca volvió a ser el mismo.

jueves, 19 de febrero de 2015

Existe, pero no es real.

Escuchó el tranquilo respirar que de pronto pudo sentir a su espalda, pero no se giró. La habitación parecía estar prácticamente vacía, no había más muebles que la austera silla de madera en la que estaba sentado. Ni estanterías, ni mesa, ni cuadros, nada. Y sin embargo, estaba llena.

-No te giras. ¿Por qué?- preguntó ella acercándose y pasando sus delicados dedos por el respaldo de la silla. Un pequeño silencio intentó hacerse hueco en la habitación, pero marchitó veloz como una rosa en el desierto.

- No tengo motivos. Sé quién eres sin girarme, sé como es tu rostro sin verlo, sé cómo brilla tu mirada sin cruzarla con la mía...- hizo una pausa y sonrió con una pequeña mueca de dolor - y además sé que no eres real. Así que, ¿por qué me debería girar?- preguntó mientras subía su pierna derecha a la silla, quedándole la rodilla a la altura del pecho, inclinándose para apoyar su barbilla en la misma cómodamente. El silencio volvió a intentar colarse y, otra vez, no fue más que una estrella fugaz.

Ella rió. Resultaba tan encantadora, siempre, pero sobretodo cuando se le veía divertida y feliz. 

- Eso es una tontería, en el momento en el que me hablas, estás aceptando mi existencia- contestó sin moverse del sitio, reposando ahora su mano en el respaldo, a muy pocos centímetros de su cuello, de su piel. Podría haberle rozado, y no tenía ninguna duda de que él se habría estremecido. Pero no lo hizo. Así no.


Él suspiró y se frotó las sientes con una mano. 

- Veo que todavía no quieres entender qué eres y qué no. Existes, porque yo te hago existir, pero no eres real. Un sueño existe porque alguien lo sueña, pero no es real, no se materializa, no ocurre, no tiene vida propia, y por lo tanto no es real- dejó que las palabras flotaran en la habitación y empaparan el ambiente, como si esperara que eso fuera a transformarla-. Pero podrías serlo, podrías ser tan real como el aire que me mantiene vivo cada minuto. Podrías ser todas las cosas del universo, podrías ser tan real que el resto de la realidad pareciera un mero sueño. Pero ya sabes que no depende de mí- tragó saliva, le supo amarga, como si esas últimas palabras hubieran intoxicado su voz.

Ella frunció el ceño, y apretó los labios con enfado. 

- Pero ¿por qué? ¿Por qué tengo que seguir siendo sólo esto? ¿Por qué no me dejas cambiar y empezar a ser algo real? Sabes que si dejar... 

Pero él no le dejó terminar de hablar. Se giró de golpe, con decisión, y le cogió por la mano, tirando de ella y poniéndola justo enfrente de él, a centímetros, tan cerca como nunca se había atrevido a tenerla. Podía ver cada uno de los surcos que recorrían su cielo azul, cada uno de los rayos que formaba ese sol. Qué digo ver... podía sentirlos en el calor de su propia piel. Estaba tan cerca que podía sentir el latir de su pecho en el aire, y acompasó entonces el suyo propio, dejando que ambos hicieran una silenciosa canción. 

- Nunca. Nunca vuelvas siquiera a intentar decirlo, a insinuarlo o siquiera a pensarlo. Es algo sobre lo que tú no tienes ningún derecho a opinar. Es sólo decisión mía, mía y de nadie más- le aguantó la mirada, se la aguantó como no lo había hecho nunca.


- Pero si duele, ¡nos duele! ¿por qué? Maldito seas, ¿por qué?- le espetó ella a punto de echarse a llorar.


Él cerró los ojos y respiró en un temblor, dejando rodar por sus mejillas las lágrimas que tanto le pesaban en su interior. Abrió los ojos, empañados y brillantes, tan cargados de amor que todo lo que llenaba la habitación parecía nada en comparación. 


- Porque es mi todo, y dejaría de ser yo. Y si dejo de ser yo, tú dejarás de existir, y nunca te harás real. Nunca, ¿lo entiendes? Nunca, y con eso yo... no podría vivir- se inclinó lentamente y en silencio para darle un beso en la mejilla, con cariño, con amor. Ella pasó su mano por la mejilla, sintiendo en sus dedos la lágrima que había quedado atrapada en los labios de él justo antes del beso. Y en ese momento, sintió su dolor, su dolor y su dicha, y nunca, nunca más le insistió.

Desapareció como había aparecido, dejando en la habitación nada más que la silla de madera, a él, y aquello que la hacía estar llena. Cuando se hubo ido, él volvió a sentarse, miró al lugar en el que la acababa de besar y murmuró:


- Ojalá pudiera hacerte feliz.




lunes, 22 de diciembre de 2014

Hoy no es día

Hoy es uno de esos días en los que nada tiene sentido, en los que sólo puedes pensar en que te gustaría poder ser de todo menos tú mismo. Un día de esos en los que la locura se vuelve tu cordura, eres incapaz de calmar tus emociones, y tus pensamientos naufragan una y otra vez en tu cabeza.  

Hoy es un día de esos en los que cuanto más piensas, menos entiendes, y cuanto más sientes, menos quieres. Hoy cambiaría las horas de orden, hoy pondría el cielo abajo y la tierra arriba, y surcaría la noche para dormir de día.

No es día de buenas sensaciones. Es día de rabia y de locura.
Hoy no valen los recuerdos, y sólo recuerdo mentiras.
Es día de ahogar sueños, de dejar atrás locuras.
Hoy no es día de escribir, y sólo por eso... escribo.