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martes, 13 de marzo de 2018

Ojalá vuelvas

Entiendo que te fueras, comprendo los motivos, incluso aquellos que nunca se dijeron y quedaron a merced del olvido en el fondo de ti. Comprendo mis errores, mi equívoca motivación, mi falta de comprensión. Así que no solo entiendo que te fueras, sino que además lo apoyo. Lo que no consigo sobrellevar, es que no vuelvas, o peor aún, que no quieras volver.
 
Después de tantas horas, tantos recuerdos y canciones. Después de tantos viajes, tantos esfuerzos por regalarnos unos minutos más. Hicimos grandes cosas pequeñas, vivimos de forma distinta momentos banales. Pero sobretodo, creamos. Creamos cientos de historias, algunas reales y otras no tanto; creamos magia, unas veces de letra y otras de tan solo un instante; creamos algo, para los dos, un algo sin nombre y ajeno al paso del tiempo, un algo que debía estar para siempre... Porque tanto tú como yo, lo habríamos querido así en su momento.
 
Y a mí, a mí se me parte el alma solo de imaginar que no se puede recomponer el puzzle. Sabía que eras de muchas piezas, y que eran de difícil encaje, incluso algunas eran cambiantes. Sabía que tardaría toda una vida en entenderte del todo, pero estaba dispuesto a esperar si mientras podía seguir aprendiéndote día a día.
Solo espero que te des cuenta de lo mucho que has sido para mí, de lo mucho que me has importado... y que sepas que pase el tiempo que pase, aquí te seguiré esperando. 
 
Y ojalá un día me hables tú, y pueda empezar una nueva historia con la misma letra pero distinto final. O mejor aun, sin final.

Ojalá vuelvas.

martes, 6 de marzo de 2018

Inconexión

Estaba esperando el metro, resulta que en mi parada no llega la cobertura de internet, así que como siempre he dedicado esos minutos de inconexión para dar un repaso a las fotos de mi móvil.

He estado mirando las fotos de mi familia y de mi querida sobrinita Laura. No he dejado de sonreír ni un solo instante en esos 5 minutos que ha tardado el metro en llegar. No he dejado ni un segundo de querer poder cerrar los ojos y chasquear los dedos, para que al abrirlos me encontrara allí con ellos.

Después ha venido el metro y casi sigo con mi vida. Pero entonces me ha atacado una sensación de rechazo, de inconformismo. No, no está bien que haya tenido que ser la falta de internet la que me haya hecho prestarles esa atención a mi familia y sus fotos. No está bien, porque debería sacar más tiempo para la realidad y menos para la ficción que es internet.
Nos abosrbe a muchos, nos aparta de los sentimientos más humanos y de cosas que no deberían nunca quedarse atrás en la vida de nadie.

Hoy me he dado cuenta de que tengo algo que cambiar en mi vida. Y ese es el primer paso para cambiarlo.

viernes, 2 de marzo de 2018

Nada en el Tintero

Yo creo que lo peor de la vida es que nunca sabes qué elección te va a llevar a qué y te va a privar de cuánto. Al mismo tiempo, ahí mismo radica lo maravilloso de la vida, lo que hace que realmente estés viviendo TU vida.

Por eso los videojuegos gustan tanto. Guardar y cargar, infinitas veces, hasta que hayas probado todas las combinaciones y elijas el resultado que más te guste. Al mismo tiempo, por eso siempre volvemos a la vida real, para poder ser nosotros mismos mediante las elecciones sin vuelta atrás que hacemos.

Y precisamente por ese caracter incierto, azaroso también, es por lo que creo firmemente en estas tres cosas:

- Da siempre una segunda oportunidad, no a aquellos que te la pidan, sino a aquellos que en sus acciones reflejen que realmente la quieren. Nadie que no se preocupe por ti de verdad seguirá ahí aun cuando vuestros caminos se hayan separado. Piénsalo.

- No guardes rencor. El rencor es injusto, porque le pone la cara de su yo pasado incluso a aquellos que cambiaron hace tiempo. El rencor ciega, te impide ver las personas como son y las muestra siempre como quien fueron, o peor. Y el rencor solo trae más rencor.

- Sé sincero. Con el resto del mundo y contigo mismo. No dejes cosas sin hacer por orgullo, el orgullo es simplemente el miedo a que piensen menos de nosotros. Y ¿Qué importa qué piensen? Importa lo que piensas tú.
Ser sincero con los demás hará que confíen en ti, pero no lo hagas por eso, hazlo porque solo así tendrás una conciencia tranquila y dormirás bien todas las noches.

- Bonus: No te dejes nada en el tintero.

martes, 26 de septiembre de 2017

Errores

Supongo que a veces no basta con querer hacer las cosas bien. Porque no siempre lo que crees que haces bien, está bien. Está claro que cometer errrores es humano, está claro. Pero los errores, humanos o no, tienen consecuencias.

He cometido muchísimos errores en mi vida, supongo que tantos como cualquier otro, o incluso más. He sacado dos conclusiones en claro:
Uno, que el que más errores comete es el que más cosas intenta. Y dos, que los errores con las personas que quieres, terminan doliéndote más a ti que a ningún otro. Esto último, a mi pesar, lo he comprobado en demasiadas ocasiones y en mi propia vida.

Mis errores han sido tan grandes, que he llegado a perder a gente de mi lado. En algunos casos, para siempre, en otros con más fortuna, durante "solo" años.
Y de todo esto, lo que he sacado en claro es... que aunque estemos condenados a cometer errores, es nuestra opción elegir qué hacer con ellos.
Aunque creas que no sirve de nada, discúlpate, una y mil veces si hace falta y lo sientes. Aunque creas que ya es tarde, reconoce tu error, no le pongas excusas, admite que has sido estúpido. Aunque no le veas sentido, demuestra que te importa haberte equivocado y haber dolido a alguien. Demuéstralo con más que palabras. Demuéstralo de corazón con cada cosa que hagas mientras lo sientas.
Y es que no se trata de buscar el perdón de la otra persona, sino de buscar el perdón de uno mismo.

Nadie puede librarse de errar, pero todos podemos elegir cómo afrontarlo.

jueves, 22 de diciembre de 2016

La caja de la felicidad (3)

Siguió caminando, caminando sin descanso. No porque no estuviera cansado, sino porque el amor no entiende de cansancio, el amor no entiende de esperas. El amor ocurre, cuando ocurre de verdad, a todas horas, sin interrupciones, en todo momento, sin excepciones.Y por ello tenía que seguir avanzando.


El sol se despedía en la ontananza ondeando lazos de fuego entre las nubes, mientras que la luna esperaba agazapada tras la montaña esperando su turno para salir a escena y teñirlo todo de misterio. Cualquier buen aventurero sabe que cuando cae el sol hay que encontrar un lugar donde refugiarse, porque las más peligrosas de las criaturas son aquellas que atacan por la noche. Pero allí no había cuevas, ni poblados ni ruinas.
Allí no había más que un camino mal hecho y árboles a los lados. ¿Cómo iba pues a encontrar refugio?


Pensó durante unos minutos, pero sin dejar de caminar. "Cada paso que diera hoy, era un paso que no tendría que dar mañana." Así se decía él mismo para motivarse a seguir.
De pronto, tuvo una idea. No tenía garantía de que fuera a funcionar, pero si lo que buscaba era un escondite, entonces encontraría uno. El sol a penas se dejaba ver ya, y la oscuridad de la noche desnudaba las siniestras siluetas de un bosque solitario. La única luz era la que se veía en el cielo, y la luna se negaba a iluminar más allá del linde del bosque. Quizá por miedo, quizá por maldad, quizá porque no sabía hacer más.


Sacó entonces la linterna y la encendió sin apuntar a ningún sitio en concreto. La luz de la linterna se posaba alegre e inquietamente sobre el suelo, rocas, flores, plantas o ramas de los árboles. En cualquier sitio, pero nunca paraba quieta.
Parecía revolotear con vida propia. Esto era porque no se trataba de una linterna normal, esta linterna la habían puesto en su mochila porque tenía una función como ninguna otra. Servía para jugar al escondite con las luciérnagas.
A los pocos segundos de haber encendido la linterna, un grupo de traviesas luces comenzó a dejarse ver entre la maleza. Acto seguido, empezó a internarse en el bosque. Él las siguió, no era difícil seguirlas, era más difícil no caer al pisar o no tropezarse con ninguna raíz. Las siguió durante un par de minutos, no más, ya que todo el mundo sabe que cuando se juega al escondite, especialmente con luciérnagas, sólo tienes 2 minutos antes de que el que pilla empiece a buscar.


Un árbol que fácilmente podía haber sido 3, un árbol frondoso con ramas y hojas tristes que caían como un paragüas, ocultando el agujero que había en su tronco donde las luciérnagas se habían metido. Se metió sin dudarlo. Estaban jugando al escondite, y se habían escondido allí, así que ahí tenía lo que buscaba, un escondite para pasar la noche. Estaba escondido como ellas, las luciérnagas, y nadie ni nada podría encontrarle allí. Pensó en utilizar su manta, pero allí dentro no hacía frío,y prefirió reservarla para una ocasión mejor. Esa noche, de todas maneras, seguro que soñaría con ella.

domingo, 6 de noviembre de 2016

La caja de la felicidad (Capítulo 2)

El camino que se extendía en zigzag hacia el horizonte cubierto de nieve estaba un poco descuidado aunque era fácilmente transitable. Había algún socavón y varias piedras que de forma caprichosa y sin ningún propósito descansaban perezosas sobre la tierra. A los lados, se alzaban incontables árboles de diferentes formas y tamaños. Algunos tan altos que sus copas quedaban ocultadas entre el frondoso ramaje y otros tan pequeños que podría haberlos saltado si hubiera querido.
Pero a él no le interesaba lo que había tras los árboles, ni le molestaban las importunidades del camino. Él tenía que llegar a la montaña helada al final del camino, para después descender por la gruta de las hadas hasta el jardín oculto donde, si todo iba bien, encontraría la entrada del volcán de cenizas. Lugar donde se forjan los sueños, donde se presumía estar custodiado el tesoro que andaba buscando.

Caminaba a ritmo ligero, no por tener demasiada prisa, sino porque sus piernas estaban acostumbradas a ello. Además la maleta de su espalda parecía no tener peso alguno, se sentía ligera como el mismo viento. Quien se la había preparado, había definitivamente tenido un gran detalle eligiendo tela de hoja de Nymphadora dorada. Pues era el único material existente capaz de absorber hasta la mitad del peso de cualquier cosa que resguardara en su interior.

Miró al cielo, moviendo la nariz de forma instintiva. Parecía que tan sólo faltaban unas horas para que cayera la noche y se hiciera peligroso caminar por el camino. No estaba preocupado por el frío de la noche, pues tenía su manta en la maleta, pero sí le preocupaba perderse o tener un accidente caminando a oscuras, así que decidió que andaría 5 kilómetros más antes de hacer un alto en el camino.

Mientras marchaba, sus pensamientos bailaban distraídos y saltaban de tema en tema sin detenerse mucho rato en nada en concreto. A veces recordaba, otras inventaba, y otras simplemente observaba de forma rigurosa todo aquello que captaba su mirada. Y en uno de esos momentos últimos fue que se percató de que no se había cruzado con nadie en todo el rato, ni con nadie ni con nada. No había escuchado un sólo silbido de pájaro, ni el ruido de un conejo escurriéndose entre la maleza. Nada de nada. ¿Qué podía significar aquello? Nada bueno, eso seguro. Podría haberse asustado, podría haberse dejado atrapar por la sensación de desasosiego que envolvía el ambiente... pero esto estaba ya previsto, no se dejan estas cosas al azar cuando se pretende hacer un viaje así de importante.
Alcanzó de su maleta la libreta pequeña en donde guardaba sus sueños, la abrió al azar por la mitad. Las letras comenzaron a temblar en el papel, la tinta comenzó a derretirse y arremolinarse en la página y tras unos segundos se convirtió en una imagen. Ésta, al momento se despegó del papel y levitó con tranquilidad hasta su mente, donde se recostó en la parte frontal y quedó grabada, deshaciéndose de nuevo en un remolino y formando después las mismas exactas palabras y letras que había antes en la libreta. Pudo sentir la calidez de aquellas palabras recorriendo su mente y su cuerpo al instante, y aunque ahora la página de la libretita estaba en blanco, su corazón estaba lleno y en calma, y así pudo seguir sin temor.

sábado, 11 de junio de 2016

¿Preguntas? Respuestas.

Será que nunca lo he dicho antes. "Estoy enamorado". Más veces lo he dicho en toda mi vida de las que me gustaría tener que admitir. Y no necesariamente considero que haya mentido todas las otras veces, sino que con el tiempo el amor que uno siente madura también, igual que madura la persona.


Supongo que la pregunta que me podrías hacer ahora es "¿cómo sabes que no querrás a nadie más de lo que me quieres a mi?". Y no lo sé. No sé si eso podría suceder. Lo que sí te puedo decir es que de cada vez que he amado, el tiempo ha pasado y mi corazón ha olvidado. Hasta que llegué a ti, parece que a ti no te quiere olvidar, parece que el tiempo decidió detenerse ahí. Y sé que si estoy contigo, no puedo querer a nadie más... simplemente no soy capaz. Me pierdo en ti.


Otra pregunta que puedes hacerme es "¿Por qué dices que soy yo, que soy diferente a las demás? Eso lo dicen todos". Es cierto, eso siempre se dice. Y yo no sé por qué eres diferente a las demás, no tengo ni idea. Pero sí sé en qué me haces diferente a mi. Me haces más fuerte y más valiente con sólo estar ahí. Me haces mejor persona, para mí mismo y para los demás, con tan sólo dedicarme unas palabras. Me haces más feliz, inmensamente más feliz, cada segundo que paso contigo. Es cierto, no te necesito para ser feliz, pero eso no significa que no sea más feliz contigo.

Y la pregunta que te haces, pero que jamás me harás... "¿Qué te hace pensar que esta vez sí va a funcionar?". Que para mí no hubo una primera y una "esta" vez, para mí esto es aún el primer intento, ¿sabes? Era necesario tropezar para poder conocernos mejor, tanto tú a mi y yo a ti, como a nosotros mismos. Fue lo mejor que nos pudo pasar, lo mejor para llegar a donde estamos hoy... porque si después de 2 años todavía nada de lo que siento se ha roto ni desgastado, si después de 2 años te tengo en frente y pienso que por fin soy quien debí y quise ser entonces... entonces es porque realmente estoy listo.


Toda persona conoce a alguien en su vida que le hace sacar la mejor versión de sí mismo. Que le incita a aprender y a querer crecer, a querer avanzar y corregirse, a descubrir y ser más. Para mí no hay duda, esa persona eres tú. Sin importar a dónde nos lleve el camino, ni cómo decidas caminarlo junto a mi... lo que sí que tengo claro es que no quiero caminarlo sin ti.



Buh.

jueves, 19 de noviembre de 2015

Un adiós

Apareció como tantas otras veces, sin avisar, cuando le venía en gana. Estaba yo tranquilamente sentado en la cama, recostando mi espalda en la pared y con la mirada perdida en el techo y ella se sentó a mi lado, mirándome de frente, ladeando la cabeza curiosa y sin poder ocultar su curiosidad. Hacía tiempo que no se pasaba, que no indagaba sobre mis razones y mis por qué, pero hoy estaba ahí, y no dudaba que iba a buscar respuestas.

- ¿Qué te trae hoy por aquí?- le pregunté, indiferente. En verdad, no era indiferencia lo que yo sentía, me gustaba saber que estaba ahí, pero no podía hacerle ver eso o si no ganaría poder sobre mí. Ella me miró, o más bien, me escudriñó arqueando una ceja. Después sonrió y fingió no saber lo que yo sentía. Puso las manos detrás de su cabeza, apoyándose también en la pared y poniendo sus piernas sobre las mías. Entorné los ojos, pero no me moví.

- ¿Por qué? Necesito que me digas el por qué, esta vez te aseguro que no lo entiendo - preguntó mirando ahora también al techo como yo. Parecía casi como si no fuera con nosotros la conversación. Me encogí de hombros levemente, tardé a penas unos segundos en responder.

- ¿Por qué, qué? - contesté sin ninguna esperanza de que se diera por vencida y cambiara de tema. Suspiró y me pegó en el hombro un golpe seco y sin maldad.

- Sabes perfectamente a lo que me refiero. ¿Por qué la dejaste ir así sin más? ¿Por qué no hiciste nada? Podrías haber ido a verla, podrías... podrías haber intentado convencerla para que no se marchara...¡podrías haber intentado cualquier cosa! - exclamó, aunque sin alterarse- Es que tan poco significaba par..  - No le dejé terminar la frase, levanté la mano rápidamente con el índice levantado y frunciendo el ceño, pero sin apartar la vista del techo. No quería llorar.

- No te atrevas. No te atrevas siquiera a insinuar que no significaba tanto para mí. Tengo cada uno de los recuerdos clavados en el alma, y sabes perfectamente que ella es la razón de que tú existas y estés aquí. Y te necesito y te quiero como el aire que respiro, así que... - tragué saliva - así que cállate y no digas más tonterías-  
Ella se mordió el labio de abajo un poco avergonzada y bajó el tono de voz...

- Entonces, explícame por qué- me volvió a preguntar, mirándome a mí esta vez. Y como si los soles de sus ojos pudieran atraer mi mirada, giré la cara yo también.

- ¿Por qué? - le miré con la mirada llena y vacía - pues porque ella lo habría querido así, de mí. Si quiere volver, volverá con o sin mi ayuda, pero no volverá por mucho que vaya y se lo pida. Así que....

- Así que... ¿qué? - preguntó ella asustada. Tragué saliva, era difícil pronunciar esas palabras.

- Así que se acabó. Fue ella la que dio el adiós, y sólo ella tiene derecho a cambiarlo por un hasta pronto - sentencié, como si no hubiera absolutamente nada más que decir al respecto. Ella se quedó callada y me miró durante largos segundos, parecía que eso iba a ser todo. Pero aún tenía una pregunta más.

- ¿Y si alguna vez te necesita?- arqueo de nuevo una ceja, aguardando mi respuesta.
Sonreí, volví a mirar al techo, contento.

- Ahí estaré, hasta el final de los días-

Y cuando volví a mirar, ella ya se había marchado, aunque su presencia seguía exactamente a mi lado.


~Quiero aprender de ti~

lunes, 2 de noviembre de 2015

Despierta.

Ésta va a ser una entrada difícil, quizá la más difícil para mí de todas las que he escrito.

Hoy han pasado dos acontecimientos a priori inconexos, pero que juntos han tenido un impacto en mí mayor al que ha tenido cualquier desamor. Sin dramas ni chorradas, me ha hecho corregir una parte dañina de mí mismo, me ha hecho cambiar.
Hoy una persona nueva ha entrado en mi vida, y otra ha decidido decirme adiós, literalmente hablando.

Nada más verme hoy, mi prima me ha puesto su bebé de 3 meses en los brazos. "Es tu tio Raúl" ha dicho. Nunca antes había cogido un recién nacido, y menos uno tan cercano en cuanto a familia se refiere. Ha sido tenerlo en los brazos, sentir algo tan pequeño y frágil, que está lleno de vida... y se me han roto todos los esquemas mal montados que tenía en la cabeza y me ha venido a la mente la persona que, horas más tarde, me iba a decir adiós definitivamente. He visto como uno puede estar tan ciego ante sí mismo, que es capaz de destrozar las cosas que más aprecia por simples tonterías que no tienen ninguna importancia. He visto que hacemos muchas más cosas mal que bien, y esto es precisamente porque pocas veces nos da por corregirnos y aprender.
Perdonadme si no escribo como otras veces, si se tambalean las palabras y algunas frases no terminan de encajar. Pero es que lo que escribo normalmente no me vale hoy para expresarme, y realmente lo tengo que expresar.

No se trata de seguir a ciegas en la misma dirección, eso no es determinación, eso es estupidez. Las curvas se inventaron para dar los giros necesarios. En la carretera y en la vida, si no todo sería linea recta. No se trata, repito, de seguir siendo uno mismo a toda costa, sino de mantener tu actitud y tu originalidad siempre que no te haga daño a ti mismo. No hay que tener miedo a cambiar cosas que pensábamos que eran inamovibles y que tenían que ser parte de nosotros sí o sí. 


Desde aquí, quiero decir 3 cosas que creo que pueden ser importantes para personas, y que ojalá me hubiera aplicado a mí mismo hace tiempo:

1- Sopesa bien las cosas que importan y las que no. El corazón no es una balanza reglamentaria, está trucada por tus emociones y desvirtúa el resultado. Porque te duela en el corazón, no significa que sea algo realmente importante, y de la misma manera, porque no sientas nada, no significa que tengas que prestarle atención. 

2- Cuida a la gente que te importa. No hoy y dentro de 3 semanas. No llamando de repente  e intentando tener un detalle especial. Cuando dos personas se importan mutuamente lo único importante es que se tengan en consideración. Importan más los hechos que las palabras, e importa mucho más ver un cambio en alguien, que escuchar un gracias. Nadie es perfecto, es cierto, pero la actitud lo es todo ante los errores y la vida. 

3- Nunca olvides que "demasiado tarde" sólo vale para describir el pasado. Nunca el presente, y mucho menos el futuro. "Demasiado tarde" es la excusa de los que se niegan a cambiar, o peor aún, reconocer que deben cambiar. Puede ser demasiado tarde para dejar de beber antes de vomitar, pero no es demasiado tarde para controlar la próxima vez. Puede ser demasiado tarde para corregir una acción que ya has hecho, pero no es demasiado tarde para pedir perdón y enmendar el error. Quizá los resultados no son los mismos que si hubieras actuado -antes de-, pero sigue habiendo resultados, no lo olvides.

Así que despierta, si es que estás dormido, como hasta hace unas horas lo estaba yo.



Una última vez, te tengo que dar las gracias.


martes, 29 de septiembre de 2015

Gente

Creo que conocer gente es lo que realmente hace de la vida una historia para recordar. Es lo que de verdad te hace crecer como persona, lo que nos vuelve más sabios.
A veces nos cruzamos en nuestra vida con la persona adecuada en el momento adecuado, y nos hace entender algo que hasta entonces nadie nos había sido capaz de hacer entender. Quizá simplemente nos recuerde algo que ya sabíamos, pero teníamos olvidado.
Esas personas no siempre se quedan, simplemente están de paso, a veces unos minutos únicamente y otras veces años. Pero el caso es que ahí están.

No hablo de amor, ni de amistad, ni de nada parecido. Hablo únicamente de personas y lo que nos pueden aportar en un momento dado. Yo soy de los que piensa que cuando conocemos a alguien podemos elegir si queremos que esa persona aporte algo a nuestra vida o no. A veces somos tan cerrados a los demás, a abrirnos a otros, que perdemos la oportunidad de aprender o descubrir cosas realmente interesantes... incluso sobre nosotros mismos. A veces es esa persona que de repente aparece en tu vida la que puede darte el empujón que necesitabas, o hacerte ver lo que hasta entonces se te escapa. No se trata de hacer caso a todo el mundo, sino de no descartar la posibilidad de alguien pueda cambiar tu vida para bien.

Mucha gente ha pasado por mi vida de manera temporal, y algunas de esas personas me han aportado cosas que otros que conocía de años no han podido. Simplemente porque he sido capaz de no poner un muro entre la gente y yo. Y al revés igual, he pasado por la vida de gente de manera fugaz, y alguna vez, cuando lo han permitido, he podido cambiar algo en sus vidas, o ayudarles a tomar una decisión importante. Incluso en un lapso de tiempo tan fugaz como el de un viaje de tren desde Nuevos Ministerios hasta Sta Eugenia.

La gente es interesante, la gente tendrá su lado exterior, pero también su lado interior que es el que trae esas cosas que nos unen a todos, esa humanidad encerrada en las vivencias que hemos experimentado cada uno y que nos permiten sentir afinidad con otras personas. Es cuando llegas ahí, cuando una persona te hace crecer como persona, te hace más sabio.

Yo creo que hay que dejarse llevar un poco más por las ganas de conocer, y un poco menos por el miedo a lo que no conocemos. Creo que hay que ir más hacia el riesgo de algo que podría hacernos feliz, que hacia la seguridad de conformarse con quedarse sentado esperando. Sinceramente, prefiero pasar la vida acertando e equivocándome, que solamente esperando. Y cuanta más gente pasa por mi vida, más convencido estoy de ello.

martes, 22 de septiembre de 2015

Para toda la vida.

Para cuando quise darme cuenta, ya era tarde. Me había quedado atrapado en sus brazos, en cada roce de sus manos, en cada beso en la piel, en cada mirada, en cada sonrisa. No había perdido la noción del tiempo, simplemente éste no me importaba lo más mínimo, pues no había nada en el mundo que prefiriera estar haciendo que estar ahí. Nada.

Cada segundo que pasaba, era un segundo más que sentía que quería estar a su lado. Nunca antes había tenido tantas ganas de no separarme de alguien, nunca antes había sentido un cariño tan fuerte que parecía no poder controlarse por ninguna de las dos partes. No recuerdo un sólo instante en el que nuestras manos no buscaran alguna parte del otro, no recuerdo ni una sola mano que no estuviera ansiosa de acariciar. Fue simplemente un abrazo continuo entre dos almas.

Lo que pasó en ese banco, a esas horas, es algo muy difícil de explicar. Yo creo que rocé la absoluta felicidad durante casi 4 horas... aun sabiendo que iba a romperme justo después. Mientras escribo esto, aun puedo oler en mis manos el olor que dejó su piel en ellas, aun puedo recordar cada una de las palabras que hacen eco en mi cabeza. Y no es fácil, porque sé que es algo que no volveré a tener.

Ayer por la noche... descubrí que sí hay gente que es como yo, que sí hay gente que es como yo necesito que sea mi otra mitad, que si hay gente que puede hacerme 100% feliz, sólo hay que buscar. Ayer compartí con esa persona vida y tres cuartos, en tan sólo 4 horas de banco. Ayer por la noche me enamoré de alguien, y alguien se enamoró de mí... pero el miedo a volver a querer que vi en su mirada, le alejó sin remedio de mí.

Ayer por la noche, fue el mejor ayer por la noche que he tenido.
Ayer por la noche... te encontré, me encontraste, y nos encontramos. Para toda la vida. ¿Lo oyes? Para toda la vida.

domingo, 13 de septiembre de 2015

¿Grande o tonto?



Hoy me surge una duda inesperada. ¿Es mi corazón muy grande? ¿O simplemente muy tonto? Parece que nació para querer, lo cual estaría muy bien, si no fuera porque también nació para no olvidar. Y es que mi corazón es así de especial, mi corazón nació con esa manía de sentirlo todo multiplicado por diez. Sea dolor o sea amor, sea alegría o sea tristeza, decepción o ilusión. Y lo más gracioso es que lo único que consigue calmarlo, es lo mismo que lo que le causa dolor…

Bueno y... ¿Que qué hago aquí escribiendo? Pues que la ausencia de tu presencia es la causa de la ausencia de mi esencia. Y sólo pienso en volverte a ver. Y echarte de menos es la única excusa que necesito para sentir que necesito escribir... y por eso borro la mitad de lo escribo, para tener que volverlo a escribir. Y fíjate tú, que yo quería escribir sólo una frase ingeniosa, pero es pornerme a pensar en ti, echarte tanto de menos, que no puedo dejar de escribir hasta que cada poro de mi piel se haya expresado.

No te puedo pedir que vuelvas, no te puedo pedir que me quieras, pero sí quiero pedirte que no olvides nunca que te quiero, sin tiempo ni distancia. No olvides nunca que mi corazón nunca olvida, y que tú sigues siendo parte de todo lo que él ansía. Y si por pedir que no quede... déjame que te pida: Sé feliz.

sábado, 15 de agosto de 2015

entonces ¿Qué?

Puede que esté loco. O que simplemente tenga un trastorno considerable emocional que haga que tenga estos altibajos que dan tantos tumbos a mi corazón que el pobre hay días que no sabe ya si va o si viene. Puede que sea algo excesivo, que debiera de ir al psicólogo para que me tratara de hacer controlar estas emociones y sentimientos. Os lo juro, a veces se sienten tan imparables como un tren contra una pared de papel. A veces, hasta yo mismo me asusto de lo intenso que puede llegar a ser. Es cerrar los ojos, revivir un sólo momento en una imagen, y me explota por dentro un fuego que me eriza hasta los pelos de la nuca.

Pero decidme. ¿Qué iba a escribir yo entonces? O peor... ¿Quién más te iba a amar así?

Trocitos de papel

Nunca se lo había planteado, nunca se había parado a sentarse y dedicarle unos minutos a esa parte de su vida. Y si lo había hecho, había sido de manera inconsciente. ¿Cómo saber cuando estamos siguiendo un camino que nos está privando de otro mejor? ¿Cómo saber cuando es momento de cambiar o de probar algo diferente?
Tomo un sorbo del batido de fruta que tenía sobre la mesa y pestañeó un par de veces centrando de nuevo la vista en el ordenador. Ese trabajo no se iba a terminar sólo, y aun le quedaba la mitad. Suspiró profundamente y comenzó a releer el último párrafo que había escrito para recordar por dónde iba. 

- ¿Quieres que te ayude?- escuchó de repente su voz detrás de ella. Se giró y le vio de pie, recién llegado de la calle, todavía con el traje y los zapatos, con la mirada cansada, pero con una sonrisa en la cara. Era un trabajo importante, trabajo de fin de carrera ni más ni menos, pero sabía que si de alguien podía fiarse, era de él. Ella le devolvió la sonrisa y asintió con la cabeza, echándose a un lado y dejando sitio a su lado. Él se quitó la chaqueta, se aflojó la corbata, y comenzaron a repasar el escrito. Y así pasaron las horas.
En algún momento ella se preguntó si estaría ayudándola sólo porque se sentía en deuda, pero cada vez que le escuchaba comentar algo sobre el texto, su voz sonaba entusiasmada y su mirada había perdido el cansancio.


Pasaban los días y cada día era distinto, pero siempre había algo que era igual. Él siempre llegaba tarde por la noche, y a ella siempre le nacía esperarle. No sé llegó a preguntar qué le parecería a él que hiciera eso, tampoco le importaba. Ella lo hacía porque quería y ya está. Él llegaba tan cansado que no tenía ganas ni de cocinar ni de hacer absolutamente nada. En más de una ocasión, ella le preparó algo de cenar. No importaba lo que fuera, él se comía cualquier cosa que le preparara, y además parecía disfrutar comiéndolo, incluso aunque dijera que eso no le gustaba. Alguna vez se preguntó ella si realmente no le gustaba o si le estaba tomando el pelo. Era difícil saberlo. Muchas veces se quedaban hablando, cada vez de un tema, no importaba tampoco cuál. De alguna manera cuando hablaban podían ahondar mucho en la conversación, fuera del tema que fuera, y aunque realmente no se conocían de más de 1 mes, a ella le había demostrado que se podía confiar en él, que se podía hablar con él. 

Así pasaron los días, decía, en total dos semanas en las que hubo historias de todo. Pero sobretodo risas, muchas risas. Y hablando de risas, habría que hablar de aquel día que fueron al Burger King. Algo tan simple como unos trozos de papel, algo tan leve como un soplido... crearon en ella una risa distinta a las demás.
Ella estaba hablando por teléfono mientras esperaban sentados a que les entregaran su pedido, él parecía estar simplemente ahí, ausente y pensando en sus cosas. Estaba entretenida hablando, y despedazando el ticket que les habían dado, dejándolo hecho trizas, haciendo de él docenas de papelitos pequeños que iba almacenando en su mano. Cuando dejó de hablar, él se giró a ella y le preguntó - ¿Dónde tienes el ticket?-. Ella abrió los ojos como platos y miró hacia su mano izquierda, y mientras la abría lentamente delante de su cara dijo - aquí.-. Y entonces lo hizo, sin pensarlo, de forma espontánea. Le sopló con fuerza en la mano, tirando todos los papeles volando sobre la cara de ella. Ni ella misma podría describirlo, cómo se rió en ese momento. Fue algo inesperado que le nació de dentro, como si se sintiera libre por un segundo y después de mucho tiempo sin sentirlo así. Se había reído antes, muchos días y muchas veces, pero no así, era algo diferente. No había mirado, se había olvidado de todo por un momento y se había dejado llevar, había saltado. Por un momento se preguntó a sí misma ¿Por qué algo tan tonto me ha hecho sentir tan bien?
Y se arrepintió, pero no de haber saltado, sino de no dejarse hacerlo más a menudo.

jueves, 14 de mayo de 2015

Dolor.

- ¿Cómo puedes vivir así?- me preguntó despertándome de mi sueño. No le tuve en cuenta el que me hubiera despertado, me giré y me puse boca arriba con los brazos sobre el pecho, dando un pequeño suspiro mientras mi mirada se clavaba en el techo. Ni siquiera la miré.

-Así, ¿cómo?- pregunté, aun a sabiendas de lo que quería decir. Pero con ella nunca se sabía, a veces era de una manera, y a los pocos minutos de otra. Impredecible, alocada y siempre, siempre sincera.
Ella frunció el ceño, como si el simple hecho de que le preguntara le hiciera pensar que me burlaba de ella. - Pues así, con tantos silencios, con tantas palabras por decir. ¡Ya sabes! Con esos pensamientos que nunca sacas por miedo, con tanto...dolor. - Trago saliva para decir esa última palabra. 

Me recorrió por todo el cuerpo, como si la palabra se me clavara en cada uno de sus recovecos. Dolor. Hice una pequeña mueca y por primera vez en mucho tiempo me sentí incómodo hablando con ella. Me giré dándole la espalda, y medité durante unos segundos la respuesta.
- No lo sé.- dije al fin. Pestañeé lentamente mientras cogía aire. - No tiene importancia. Supongo que cada uno es como es, y mi corazón funciona de una manera muy particular. Tiene sus más y sus menos, como todo. Pero me hace sentir único y fiel a mi manera de sentir... - ella me interrumpió. - ¡Pero el dolor! ¿No te molesta?- preguntó inquieta y a punto de patalear en el suelo. Noté la rabia y el malestar en su voz, y por una milésima de segundo deseé poder girarme y abrazarla.
Y entonces lo entendí, lo entendí todo. Su dolor, mi dolor. Entendí qué hago aquí, por qué me muevo, qué me hace sentir más yo, entendí por qué no quiero dejar de ser quien soy.


Le miré poniéndome de nuevo boca arriba. Sonreí un poco y devolví la mirada al techo. Me puse serio, como aquel que sabe que lo que dice no sólo lo piensa, lo siente. Como aquel que sabe que lo que va a decir, tiene un significado que abarca más que una sola realidad. -Eso a penas duele. Dolor, dolor real, es saber que estás triste, y no ser capaz de hacerte sonreír-.

Cerré los ojos sin esperar su contestación. No esperaba una tampoco, y no importaba. Dijera lo que dijera, yo iba a seguir siendo el mismo. Porque hay dolor y dolor, y sólo uno mismo sabe cuál le compensa.

martes, 28 de abril de 2015

¿Cómo sabes que amas a alguien...?

¿Cómo sabes que amas a alguien? ¿Cómo sabes qué es amar y qué no es?

Amar es como dibujar con el dedo en el cielo un camino entre estrellas. Todo el mundo puede hacerlo. Para todos habrá cielo, estrellas, un camino y un dedo que lo pinte... pero ningún camino será igual a otro.

Así que, así de primeras, no habría sabido qué responderte. Te diría que no sé cómo se sabe que amas a alguien, pero que sí sé qué es amar. ¿Qué es amar?
Amar es, ni más ni menos, lo que yo siento por ella. 

Supongo que ahora me preguntarías que cómo puedo estar tan seguro de que eso es amar. Es una pregunta justa, y haré lo mejor que pueda para hacértelo ver. Sin metáforas ni exageraciones. Ahí va:



No voy a hablar de lo que he hecho por ella, ni de lo que estaría dispuesto a hacer. No tiene que ver con las horas dedicadas, ni el esfuerzo, ni los sacrificios hechos o que pensé en hacer. No tiene que ver con los poemas que me ha inspirado, ni las canciones que pensar en ella me incitó a componer. Ni siquiera me atrevo a decirte que la amo porque estuve a punto de dejarlo todo para irme a vivir allí. No. No se trata de lo que hago o haría. Eso son sólo acciones. Lo que realmente me hace pensar que la amo... es lo que consigue hacerme sentir.

Sé que es un sentimiento distinto al que tengo por nadie más en el mundo, porque hay ciertas cosas que me ocurren con ella que no me ocurren con nadie más. Ni con mis amigos, ni con mis padres... ni siquiera con mi hermano.
No importa cómo me encuentre, no importa si estoy enfadado con el mundo o con ella, si estoy triste o si estoy deseando que la tierra me trague y desaparecer para siempre, me pasa que si estoy con ella, todo lo que sentía hasta ese momento se borra de golpe. Se borra y sólo soy capaz de sentirme bien, de sentirme tranquilo y feliz. Soy perfectamente consciente de lo ilógico de esto, pero es que incluso si hay algo que me preocupa terriblemente o que me causa malestar, algo en lo que evito pensar para no sentirme mal... cuando estoy con ella puedo hablar de ello y sentirme feliz, sentirme con ganas de sonreír. Y eso, eso no me pasa con nadie más.


Sé que la amo, porque  independientemente de dónde esté y lo que esté haciendo, nunca pasa más de una hora sin que le dedique aunque sea un pensamiento fugaz. Esto es así. Aunque sea sólo imaginar su sonrisa en un parpadeo, aunque sea sólo recordar su nombre.

Sé que es amor, porque muchas veces me pongo celoso y me enfurruño como un niño cuando le escucho hablar de otro alguien especial... pero te juro que luego siempre termino sonriendo porque la siento más feliz que antes. 


Sé que es amor, porque he querido a muchas antes y mientras y seguramente después. Soy un chico enamoradizo, no puedo negarlo. Y tengo facilidad para sentir y encariñarme. Pero una cosa es cierta a pesar de esto: He querido a muchas, y sólo ella permanece en mí una y otra vez.

Sé que la amo, porque la conozco, porque a veces me cae mal y me da rabia que sea de ciertas maneras. Porque a veces resoplo y me pone nervioso... pero no querría que dejara de estar ahí y de ser así.

Pero el motivo real por el que sé que te amo... es porque aunque sé que nunca voy a tenerte, quiero seguir queriéndote el resto de mi vida con alguna parte de mi corazón.



lunes, 13 de abril de 2015

Un Madrid - Valencia

A veces encuentras la libertad y la aventura de vivir donde menos la buscas. A veces ocurren cosas que no imaginabas, y que una vez ocurren... nunca olvidas.

Ayer me reencontré con tres personas que nunca había visto antes. Ayer redescubrí a tres personas, que ya conocía incluso sin haberles conocido antes.Ayer conocí a tres personas que marcaron un día de mi vida, y que ocurra lo que ocurra en adelante, siempre habrá momento y lugar para recordar.

Me salí de la norma, me salí de lo normal, de lo racional. Me dejé llevar por la vida, por las ganas de ser libre y de vivir. Por las ganas de romper los moldes y olvidarme de las ataduras, por las ganas de recordar que, al final del día, sólo cuenta lo que hemos vivido y no lo que dejamos por vivir. Fui el yo que tenía olvidado, lo fui gracias a ellas, y lo fui por mí.

La verdad es que no recuerdo que hubiera ni un sólo segundo en el que me sintiera un extraño. Reí tanto, me despreocupé tanto de la hora, de la lluvia, del agua y del frío. Sonreí tanto, me despreocupé tanto de lo que podía pasar o no, disfrutando de lo que estaba pasando... que de tanto reír y tanto estar feliz, no me di cuenta de todo lo que estaba ocurriendo allí:

Se formaron lazos invisibles, de confianza sin motivo ni razón. Confianza que se sintió en el ambiente, en las miradas, en el tono de nuestra voz.
Se crearon lazos inexplicables, de bienestar y de compresión. Un pacto silencioso para que ese día, en ese momento, todo lo malo fuera bueno, y todo lo bueno, fuera mejor.
Y ojalá que esos lazos, no queden perdidos en un rincón.
Ojalá esos lazos, sean el comienzo de una historia aún mejor.

Gracias M.A.R  ^_^



Reservar una plaza en un coche compartido para hacer un Madrid - Valencia a las 19h. Tener la intención de dormirte en el viaje... y terminar durmiendo en la misma habitación que las 3 chicas con las que ibas después de estar en la playa bañándote con ellas a las 3 de la mañana, tres chicas que no conocías de nada hasta ese mismo día. Algo para no olvidar =)


viernes, 3 de abril de 2015

Ilusionarse

Alguna vez me he preguntado si la ilusión era algo opcional. Si era algo que uno podía elegir no sentir, si era algo que uno podía elegir descartar de su vida para protegerse de volar muy alto y sufrir la caída.

Imagino que no para todo el mundo es igual, los habrá capaces de despejarse de todo. Yo no soy uno de esos. A mi la ilusión me asalta lo quiera o no lo quiera, porque me gusta soñar despierto, imaginar, pensar en cosas que están por pasar. Y no nos vamos a engañar a estas alturas, la mayoría de las veces que me ilusiono, es con personas. ¿Por qué? Supongo que porque veo cosas en las personas, veo cosas que quizá ni ellos mismos ven a veces, cosas que me resultan interesantes y me gustan. No estoy hablando de enamorarse, no es necesario llegar a esos extremos. Simplemente ilusionarse, querer que ocurran cosas con esas personas, imaginar momentos especiales que sabes que sólo tendrían el máximo sentido con ellas.

Pero es que ilusionarse con una persona, igual que es algo muy bonito, es también el tipo de ilusión más devastador. Porque cuando te ilusionas con una cosa, por ejemplo, el día de tu cumpleaños, el día pasa y ya queda en el pasado, haya sido bueno o malo. Sin embargo, cuando te ilusionas con una persona... esa persona queda ahí en el tiempo, en el día a día, y se convierte en una caída tras otra durante largo tiempo, quizá demasiado tiempo para alguno. 

 Y con esta última caída, quedo ansioso de la siguiente.

miércoles, 28 de enero de 2015

Es difícil

Es difícil entender cómo una hoja
que despacio surca los cielos,
mecida con suavidad por el viento,
puede causar una herida
que no cicatriza en el tiempo.


Es difícil entender cómo destruye
por dentro y sin miramientos,
haciendo eco en el pasado
avivando la llama del miedo
el sonido fuerte de un débil silencio.

Es difícil, yo lo sé
encontrarse uno mismo.
Perder el miedo a cambiar
y a crear un buen camino.

Es difícil, tú lo sabes
olvidar lo aprendido.
Confiar en el cambio
que lleva a un incierto futuro.

Es difícil, sí lo es
que las lágrimas no sean saladas,
pero te aseguro que cuando me miras
las lágrimas sólo saben a calma.

domingo, 11 de enero de 2015

Camino


Se sentó a un lado, sobre una roca que parecía descansar a la sombra de un pino. Su cara no reflejaba cansancio alguno, sus movimientos no eran los de alguien que llevara mucho tiempo caminando. Y sin embargo sus ojos daban una sensación distinta mientras miraba al horizonte del camino. Una mirada que estaba cargada de tantas sensaciones diferentes, de tantos matices que las palabras a penas podrían empezar a describir... pero ahí estaba él, sin decir una palabra, sin vacilar ni un momento en su camino. ¿Por qué?.

- Hmm... parece que aún te queda mucho camino, ¿no es cierto?- le dijo una voz de hombre mayor desde atrás de él. 

Carraspeó para aclararse la garganta, como si hiciera demasiado tiempo que no hablara y las palabras se aglomeraran atragantándolo. Pero no se giró ni llegó a apartar la mirada del horizonte, sabía perfectamente quién era. 

- No lo sé. Dímelo tú, ¿no? - contestó esbozando una diminuta sonrisa en su boca. El hombre no pudo evitar reír. 

- No puedo decírtelo, es algo que no sé. ¿Por qué no lo dejas estar? ¿Por qué no dejas de caminar este camino? ¿Sabes a caso a dónde va?- el tono del hombre no era de reprimenda, ni de enfado. Era el tono de un hombre que quiere saber, de un hombre que espera para escuchar y entender. 

El viento sopló tranquilo por entre las hojas del árbol debajo del cual se encontraban, emitiendo un pequeño silbido de silencio que dejó flotar las preguntas en el aire durante unos segundos inapreciables. 


- La verdad es que no. El final de un camino no se sabe hasta que no llegas al final. Tiene sentido así, ¿no te parece?- suspiró un instante- Pero no lo puedo dejar estar. No sé hacerlo, quizá no quiero - ahora el que suspiró fue el hombre mayor y negó con la cabeza. Casi se podría haber dicho que esperaba esa contestación. O más que esperarla, la había temido.

Pasaron unos segundos sin decirse nada. El sol había avanzado hacia el atardecer y rasgaba a las nubes dejando pinceladas de color dorado por todo el cielo. El hombre volvió a preguntar: 

-¿Entonces por qué? No consigo entenderlo. Explícame por qué no puedes ir por cualquier otro camino- parecía como si le estuviera suplicando, como si necesitara escuchar una respuesta, como si no estuviera contento con el hecho de que él estuviera caminando ese camino. 

- Es fácil. No se trata de si sé o no lo que me espera al final del camino. Se trata, únicamente, de que lo que yo quiero conseguir, sólo puede ser conseguido haciendo esta misma travesía. No hay otra manera, no hay atajos, no hay más caminos que tengan la posibilidad de llevarme a donde yo quiero ir. No tengo más remedio y... - hizo una pausa, dejando de mirar al horizonte para volver la cara y mirar al hombre, sonriendo ampliamente con la boca, aunque sus ojos estuvieran bañados en melancolía. - y aunque lo tuviera, tampoco lo querría de otra manera -. 

El hombre suspiró y frunció el ceño.

- ¿Y si llegas al final después de años de caminar y no encuentras lo que querías? ¿Y si todo ha sido para nada?

Él rió aun con más fuerza. 

- Al final de esta vida, todo termina siendo para nada, pues todos morimos y dejamos de ser- le brillaron los ojos por un momento, casi como si el sol mismo se hubiera reflejado en ellos -. Pero al menos yo podré decir que viví soñando, que viví para lo que yo quería ser y tener. No puedo aspirar a nada más- terminó de decir, levantándose lentamente de la roca y ajustando sus ropas para retomar el camino.

El hombre apretó los dientes y bufó. 

- Maldito, me arrastrarás contigo a ningún sitio.

Él contestó comenzando a caminar, saludando con la mano sin girarse. 

- Entonces en "ningún sitio" la encontraremos.

Y se marchó.