martes, 7 de octubre de 2014

Va.

Se quedó mirándola cuando ya estaban a un metro de distancia. Hacía meses que no se veían, hacía meses que no se encontraban, hacía meses que no recordaban lo que era tenerse al lado.

"¿Puedes subirte ahí?" Le preguntó él señalando a los escalones que conducían al patio de su casa. Ella ladeó la cabeza delicadamente, y su mirada reflejó esa curiosidad de la cual tantas veces hacía gala. "¿Por qué?" contestó ella mientras se subía al primer escalón sin esperar la respuesta. 
El se colocó entonces en frente de ella, mirándola con secreta timidez a los ojos y le contestó "Necesito darte un abrazo en silencio y de forma indefinida, así estaremos los dos cómodos, a la misma altura...". Ella movió la nariz divertida, sonriendo de manera imperceptible. Normalmente le habría pegado un puñetazo en el hombro por comentar sobre su estatura, normalmente se habría reído sarcásticamente en contestación, quizá un par de aplausos lentos también. Pero esta vez no hizo nada de eso, esta vez sólo abrió los brazos y dijo "va". Como si ella únicamente le estuviera haciendo un favor, como si ella no fuera a sentir en lo más mínimo ese abrazo. Pero ese era su juego, ella siempre iba de dura, y el nunca se lo creía.

El sonrió en un suspiro y no se hizo de rogar. Se acercó veloz y la abrazó con fuerza, apoyando su cabeza en el lateral de la suya, abrazándola no sólo con sus brazos, sino con todo su ser. Llevaba mucho tiempo esperando este momento, cada día que lo había estado esperando lo había anhelado más... dejó pasar todo lo que sentía en ese abrazo, dejó fluir todas sus emociones sin reparos ni ningún remordimiento. Y cuando se preguntaba si ella lo habría sentido de alguna manera... lo escuchó en su pecho. Toc toc toc toc, toc toc toc toc. 
Estaban a la misma altura, y pudo sentir en su pecho el latir cambiante de su corazón. Entonces supo que ella lo había notado, entonces supo, aun sin verla, que al otro lado del abrazo, ella también estaba sonriendo.

Segundos, minutos y horas perdieron relevancia. Centímetros, metros y kilómetros, todos valieron en ese instante la pena. Y en algún lugar de sus mentes, en silencio y sin consultarlo con el otro, cada uno por sus motivos, se prometieron que no volverían a dejar pasar tanto tiempo sin volverse a ver.

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