miércoles, 19 de abril de 2023

Soplo de aire fresco

La comida era buena, el lugar tranquilo y la cerveza estaba bien fría. Llevábamos hablando y riendo un buen rato. Hablando de todo y de nada, metiéndonos unos con otros, rescatando anécdotas del pasado, o simplemente comentando cualquier cosa que pasara por nuestras cabezas sin darle mayor importancia.
De pronto me perdí en mi cabeza, desconecté por unos instantes. La sonrisa seguía en mi cara, eso lo sé, pero dejé de escuchar sus voces durante casi un minuto.

En ese minuto me planteé qué hacía allí, y quién era realmente esa gente.  Cómo podían estar haciéndome reír así, cómo podían hacerme querer pasar horas y horas de sobremesa, o abrirme a ellos sobre mi vida con la tranquilidad con la que uno se abre en familia. Cómo era posible que, estando en un momento extraño y complicado de mi vida, unos desconocidos pudieran sentirse tan cercanos.

Y es que a veces creemos que sólo la gente que nos conoce de siempre puede entendernos y ayudarnos. Pero olvidamos que es un soplo de aire fresco lo que nos hace respirar mejor.

Gracias.

viernes, 24 de febrero de 2023

Sara.

Me aseguré de que no pudiera ver entre los huecos de la tela que le había puesto en los ojos, la cogí de la mano, y la guié en silencio para bajar las escaleras del avión. Ella sabía perfectamente que había sido un vuelo largo, pero no tenía manera de saber a dónde habíamos ido. Había tomado todo tipo de precauciones para que así fuera, y por ello iba vendada en los ojos y llevaba unos Sony WH-1000XM4 con cancelación de sonido total. Por si eso no fuera suficiente, la noche de antes la había tenido despierta para ir de empalmada a coger el avión, a sabiendas de que entonces pasaría la mitad del vuelo dormida, perdiendo así la noción del tiempo y haciendo que le fuera imposible adivinar hacia dónde nos dirigíamos.

La llevé con cuidado hacia la zona de recogida de equipaje, donde por suerte no tuvimos que esperar más de 5 minutos hasta que nuestras mochilas aparecieron por la cinta. Íbamos bastante ligeros para 2 semanas de viaje, pero el plan era poder moverse con facilidad y, de necesitarlo, comprar allí mismo ropa u otras cosas de necesidad. Sara había insistido en que ella correría con todos los gastos, y que no había nada que pudiera hacer para disuadirla de aquello. Cualquier intento por mi parte de convencerle de compartir gastos era abatido por el mismo argumento una y otra vez. “Me dijiste que hiciera cosas que me hicieran feliz, que invirtiera en mi felicidad, y eso hago, ahora no puedes quejarte” me decía, la muy pilla. 

Salimos del edificio principal y la ayudé a orientarse con sus ojos aún vendados hacia un pequeño mirador dentro del aeropuerto. “¿Estás lista?” le pregunté. Ella no dijo nada, solo dio pequeños saltitos de impaciencia y emoción, e hizo un ruidito agudo que interpreté como un sí.
Le quité la venda de los ojos con cuidado y me puse a su lado, queriendo ver su reacción si conseguía identificar dónde estábamos. Para mi sorpresa, lo primero que hizo no fue mirar al paisaje, ni buscar algún letrero en busca de una pista. Lo primero que hizo fue mirarme a mí, sonreírme, darme un abrazo fuerte, y después pegarme un puñetazo en el hombro. “Eso por tenerme con los ojos vendados tantas horas, eres tontísimo”. Me reí, y asentí, concediendo, pues no podía negar ninguna de las dos acusaciones.

Después de eso sí miró a su alrededor. Delante tenía una bahía muy extensa, tanto que apenas se podía llegar a ver lo que había al otro lado. Se giró, curiosa, para mirar hacia la dirección opuesta. Ahí se le iluminó la cara. En cuanto vio la ciudad, la estructura de los edificios y los rascacielos supo dónde estábamos. “¡Raúl, Raúl, Raúl! ¡Esto es Tokio! ¿Verdad que sí? “¡Dime que sí, dime que sí!” me azuzó con los brazos para que comenzara a caminar, impaciente como estaba ella por explorar aquella ciudad, y aquel país. Yo sonreí y asentí con la cabeza, dejándome llevar. “Sí, lo es” respondí de forma breve. Parecía increíble que ella con sus piernas cortas pudiera hacerme caminar tan rápido. Pero eso me hacía feliz, porque ella estaba feliz.


Llegamos con las mochilas en la espalda a una parada de taxis. Todos amarillos, aunque de diferentes tonalidades, imagino que o bien de forma natural o por el desgaste del sol sobre la pintura. “¡Venga, venga, venga!” me dijo de nuevo, haciéndole una señal a un taxi para saber si podíamos subirnos. Ella siempre era así, energética, sonriente, incansable. Yo era bastante más parado y tranquilo, quizá por eso nos compenetrábamos tan bien. “Espera, Sara…” le dije, cogiéndola de la mano. Se giró y paró en seco, me miró, con sus ojos curiosos pero sin que su sonrisa cediera ni un solo milímetro. “¿Qué pasa?” me preguntó, alzando una ceja.
La miré, dejando una pausa dramática de tiempo para hacerme el interesante. “Sé que tienes ganas de ver mil cosas, pero… ¿sabes qué tengo yo?”
Me miró entrecerrando los ojos, me apretó la mano de la que estábamos cogidos y empezó a reírse en voz alta en mitad de todo el mundo. Cuando dejó de reírse suspiró y puso cara fingida de fastidio antes de contestarme. “Sí, lo sé.” Nos miramos, sonreímos. Ella sabía lo que iba a decir, y yo sabía que lo sabía. “Soy tontísimo, ¿Verdad?” Le pregunté.
Y ella me respondió, sonriendo más que nunca . “El que más”.



Y de repente me di cuenta. Que todo valía la pena por escucharla reír así.

sábado, 16 de abril de 2022

Soledad

 De todas las soledades...
la de estar acompañado era la que más temía.
Y de todas las verdades...
aquellas que aun no conocía.



jueves, 17 de febrero de 2022

Y ya no estás.

Aun hace eco en mi mente tu risa
y ven mis ojos en los tuyos el sol brillar,
mientras caminando al son, sin prisa,
escucho tu voz empezando a cantar.

Todo mi cuerpo atento a tus notas,
toda mi mente perdida en tu ser.
No había nunca escuchado antes
un sonido que hiciera vibrar mi piel.

Fuiste la reina del mundo,
de aquel que yo quise tener.
La dueña de mis suspiros,
de mis lágrimas, de mi querer.

Fuiste la leve brisa de viento
que devolvió ilusión a mi vida,
aquella que hizo se tornaran luz
mis más oscuras pesadillas.

Fuiste tanto, todo, y más.
Mi noche y día, por igual.
Mi luz, mi sombra, mi lugar.
Fuiste tanto...y ya no estás.

sábado, 5 de febrero de 2022

En la Plaza de España

 "Who do you think you are, running around leaving scars..." 

Dejó el estribillo de la canción a medias y giró la cabeza para mirarla. Estaba allí, sentada a su lado, en un banco en mitad de Plaza de España, devolviéndole ahora la mirada. Quedaron en silencio mirándose unos pocos segundos. Segundos incuantificables, inexactos, pues lo que para ella pudo ser solo un instante, fue para él cerca de una eternidad.
Finalmente quebró y apartó la mirada, dirigiéndola hacia el suelo, juntando las manos nervioso. Respiró hondo para intentar tranquilizarse, para que el aire que entraba por sus pulmones desplazara al miedo que sentía a decírselo. Respiró profundamente para hacerse un poquito más valiente.

Habían quedado varias veces en los últimos meses, juntos, solos. Habían reído como nunca, habían hecho el tonto como siempre, habían compartido buenos momentos, y se habían compenetrado en todo momento como si llevaran años viéndose, como si nunca se hubieran separado sus caminos.
Pero sí lo habían hecho.

-¿Sabes? Ahora vivo aquí, en la misma cuidad...- dijo él, justo antes de hacer una pausa, intentando encontrar palabras que no supieran a aire. Palabras que estuvieran cargadas, que tuvieran peso. Ella esperó, no dijo nada, solo le miraba.

Cerró los ojos un momento para poder seguir.

-Sigo sintiéndome increíblemente bien cuando estoy contigo. Sigo disfrutando de cada momento que compartimos, sigo sintiendo que verte sonreír es lo más bonito que le puede pasar a alguien en la vida, que mi tiempo se siente más tiempo cuando lo comparto contigo. Y...- Hizo otra vez una pausa, pero continuó en seguida, como si necesitara sacarlo ya, como si el simple hecho de no decirlo pesara en su interior. -Y pensaba que quizá podríamos volver a intentarlo- terminó diciendo.

El silencio volvió a rodearles, no podía verse, ni oírse, pero sí sentirse. Ella apartó la mirada y miró al suelo, sin decir nada. Él la miró, con una sonrisa caída, triste, y añadió - Es una locura, ¿verdad?-. Lo dejó caer, no porque pensara que lo fuera, sino porque quería darle una salida fácil.

Ella lo sabía, pero él le importaba. Le importaba de verdad y no habría visto justo tomar un atajo. Dejó que el silencio se diluyera lentamente entre el ruido del gentío, los coches y los pocos pájaros que, ajenos a la situación particular de ellos dos, cantaban alegres en los árboles de la plaza.

- No, no es una locura- terminó por decir justo antes de devolverle la mirada.

Y no hicieron falta más palabras, no hizo falta más explicación. Él le entendió a través de su mirada, y ella supo que él lo entendió. No intentó ocultar sus lágrimas y las dejó caer libres por su mejilla. Ella se inclino hacia él y le abrazó. Él le devolvió el abrazo, y una vez más, por un instante, fueron uno solo.

Y es ahí donde entendió que hay amores eternos que, aunque no acaban, sí cambian.

domingo, 30 de enero de 2022

En mitad de la noche

Se despertó en mitad de la noche, desvelado. Miró al reloj de la mesita de noche. Daba las 3:40. Todavía quedaba mucho para que sonara el despertador, eso le reconfortó un poco. Se quedó tumbado en la cama, boca arriba, intentando dejarse cazar de nuevo por Morfeo mientras su cabeza comenzaba a hacer de las suyas y se rebelaba contra él poniéndose a barajar pensamientos. Hacía tiempo que quería escribir, pero no era capaz de romper el bloqueo artístico, no era capaz de encontrar una excusa, un argumento sobre el que hacerlo. Su cerebro decidió que era un buen momento para ponerse a cavilar sobre ello.
Buscaba algo que le hiciera sentir, que le hiciera emocionarse. Algo que pudiera leer de nuevo dentro de años y años y le removiera algo por dentro aun después de tanto tiempo. Una historia, una reflexión, algo que ocurrió o que podría ocurrir. Daba igual, simplemente tenía que ser algo que sintiera que quería escribir. Eso era lo que le gustaba de escribir: Dejar los sentimientos sobre el papel. 

Suspiró inconscientemente, entre triste y resignado, por no ver que estuviera encontrando ninguna solución a su quebradero de cabeza. De repente notó un pequeño movimiento en su pecho. Una ligera sensación de calor, después otro pequeño movimiento. Abrió los ojos y miró encima suyo, encontrándose de frente dos ojos brillantes y amarillos que le observaban. 
Maya, una gatita negra como la misma noche, gustaba de dormir sobre su pecho y se había despertado con su suspiro. Él se quedó mirándola, ella acercó la cabeza y la frotó contra la suya dos veces antes de volver a tumbarse. Cuánto se querían.
Sintió la necesidad de acariciarla.

Pero cuando fue a sacar la mano de debajo de la manta, notó que ésta estaba siendo asida por algo. Sonrió en la oscuridad, se mordió el labio ligeramente para evitar reírse de emoción. De alguna manera, en la noche, mientras dormían, su mano y la de ella se habían buscado a escondidas para cogerse. Algo tan aparentemente pequeño, le pareció tremendamente hermoso. Casi mágico. Se sintió feliz, sintió que todo iba bien, que todo iría bien.

Y supo que, sin lugar a dudas, quería escribir sobre ello.

sábado, 22 de enero de 2022

Punto y... aparte.

No era una oscuridad absoluta, pero casi. Había una tenue iluminación que venía de una apertura en el techo. Una apertura que, o bien era muy pequeña, o lo parecía debido a la gran altura a la que se encontraba.
Era una sala muy amplia y vacía, tan amplia y vacía que no cabía nada que no fuera el frío que rezuman las paredes. Tan amplia y vacía... que el solo hecho de estar ahí te hacía sentir insignificante.

- ¡¿Dónde estás?! - preguntó frustrado levantando la voz. Sus palabras se helaron en el aire a los pocos segundos, cayendo pesadamente sobre la fría losa. 
Se giró en todas direcciones, con las manos en la cabeza, como si al soltarla pudiera perderla.

- ¿Dónde estás? - repitió, esta vez sin gritar, con la voz quebrada, dolida.

Tardó aun unos segundos en dejarse oír. No es que se estuviera haciendo de rogar, es que en su estado actual le era difícil aparecer.

- Estoy aquí - respondió. Débil, bajito, como si estuviera al límite de sus fuerzas - No te alteres, no he desaparecido. Aun - terminó de decir, dejando reposar las palabras en el tiempo.

En el preciso y exacto instante en el que escuchó la voz, sus ojos se iluminaron. Se colocó de frente hacia la dirección desde la cuál venía el sonido y, aunque no podía verle, sí podía sentirlo. Ya no hacía tanto frío en aquel lugar.

- Necesito que vuelvas - dijo él, tembloroso, como si no estuviera seguro de si esas eran las palabras adecuadas.

- ¿Lo necesitas? Si lo necesitaras, no habrías estado tanto tiempo sin mí - contestó la voz, sin ápice de rencor, sin acritud alguna, simplemente resaltando un hecho.

Él balbuceó unos instantes, frunciendo el ceño, gruñendo. Volvió a cogerse de la cabeza, intentando no desquiciarse, intentando no perderse aun más. Intentó pensar, pero fue en vano. Y cuanto más pensaba, más le parecía que se alejaba de encontrar una respuesta convincente. Y esa sensación fue la que le hizo entender.

- Tienes razón. No lo necesito - dijo concediendo finalmente.

- Y, ¿entonces? - preguntó la voz, sin mostrar ningún sentimiento.

- Lo quiero - Sentenció, firme, convencido.

Cerró los ojos y respiró profundamente. Dejó que su mente se perdiera en recuerdos, que los recuerdos se deshicieran en sentimientos y emociones, y dejó que éstos le calaran tan profundo que fueran como una segunda piel.

 
Sintió el hormigueo propio de esos segundos antes de un primer beso, el erizar de la piel de un te quiero en un susurro. Sintió el punzante dolor del primer desamor, el hielo aparentemente eterno que envuelve el corazón tras la primera ruptura. Sintió la ilusión de una nueva sonrisa, la alegría de un "yo también" en el momento indicado, la emoción de apuntar el último acorde de una canción que acabas de crear, la sensación inexplicable de paz de ciertos abrazos, la amargura de la primera lágrima que cae tras un adiós.

Sintió. Sintió tantas cosas que aquella sala dejó de estar vacía, sintió tantas cosas que dejó de hacer frío, que dejó de sentirse solo. Sintió tantas cosas que la sala se quedó pequeña, estallaron los muros, se abrió hacia el cielo.
Y volvió a escuchar la voz, ahora más enérgica, que no venía de ningún lado y a la vez provenía de todos. Porque estaba dentro de él.

En ese momento, por fin, se reencontró consigo mismo.

miércoles, 29 de diciembre de 2021

Feliz año nuevo. (Reflexión)

Todos los años suelo escribirle a la gente que me importa un mensaje, relativamente extenso, felicitándoles estas fechas. Y más importantemente aún, para mí al menos, diciéndoles lo mucho que significan para mí.

Este año no me ha apetecido. Y ha sido ahí cuando realmente me he dado cuenta que algo iba mal.
Y entonces, pensando en ello, me he dado cuenta de que no sólo no me ha apetecido hacer eso, sino que de forma genérica no me han apetecido muchas cosas durante muchos meses.

Con pinzas, y con todo el respeto del mundo a las personas que han sufrido depresiones profundas, diría que estoy pasando por una en estos momentos de mi vida. Una sutil, leve, o quizá sea un indicio. O para ejemplificarlo de forma más clara, si la depresión clínica fuera estar sumergido en un lago profundo, yo tengo ahora el agua por las rodillas.
Y no quiero que suba más.

Dos años de pandemia no solo afectan a la salud física. Yo tengo la certeza de que mi apatía y falta de ilusión por hacer nada se han visto impulsadas mayormente por la situación. Soy una persona muy emocional y me encanta dar y sentir cariño por parte de aquellas personas que quiero. Desde el cariño más íntimo y directo como un abrazo, hasta el cariño más sutil como el que desprende una mirada o una sonrisa. Y eso me ha faltado. Y me ha faltado mucho. Y poco a poco ha hecho herida, al principio invisible, y ahora a piel viva.

Y esto que me está pasando, seguramente le estará pasando o le habrá pasado a muchos otros. Así que creo que ahora más que nunca deberíamos esforzarnos por ofrecer un poquito más de comprensión a los demás y aprovechar cualquier excusa para decirle a alguien que les amamos, que les queremos, que les apreciamos, que nos cae genial, o simplemente que nos hemos acordado de ellos. 
Un minuto de nuestro tiempo puede levantar el ánimo de alguien por un día entero. Y eso es algo que vale la pena. Y es algo que todos podemos dar y merecemos recibir.

Dicho esto. Yo mismo quiero aprovechar para decirle algo a esas personas que han estado o están en mi vida:

Gracias. Gracias por haber impregnado mi vida con, como mínimo, un poco de vuestra esencia.
Y no importa si compartimos camino hace mucho o si fue algo fugaz. Quiero que sepas que, si alguna vez me importaste y te quise de cualquier forma, sigues teniendo un hueco en mi vida para ti. Porque yo sí creo en los para siempre cuando el cariño es de verdad. Porque puede que los caminos que seguimos cada uno se separan en algún momento...pero las huellas de los pasos que dimos juntos, siguen marcados en el recuerdo.


Feliz año a todos/as. 

jueves, 26 de agosto de 2021

Fuego

No sé qué me quemó más.
Si el color de su pelo
o la intensidad de su mirada.
Ni sé cuánto tiempo pasé,
horas, creo, ido en su balada.

A solas, mirándola en silencio,
sin más intención que admirarla.
A solas, como temiendo,
que de verla... se acabara.

jueves, 12 de agosto de 2021

Reencuentro.

Sólo se habían visto en persona en una ocasión, hacía un par de años, en un evento que tuvo lugar en la capital, Madrid, donde hoy volverían a encontrarse. Estaba inquieto, jugando con el reloj de su pulsera, mirando a los distintos semáforos y pasos de peatones desde los cuales pudiera verla llegar. No estaba nervioso, estaba entusiasmado, emocionado. Ella era un tipo de persona muy especial. Era una persona de esas que llevan una mochila llena de felicidad y van repartiendo de ella entre aquellos que se le acercan. Ella era como ese primer rayito de luz que se cuela por la ventana y te despierta con calidez. Ella era muchas cosas, pero la más importante para él, era que ella... era ella. Y no intentó ser nadie más.

La divisó en la otra parte del paso de peatones, a la salida del metro de Atocha, justo en frente del Hotel OnlyYou. Se levantó y, sonriente, agitó el brazo para que le viera. Él era un chico alto, así que enseguida lo vio y le devolvió el saludo con la mano de forma efusiva. Desde ahí no podía verlo, pero él estaba seguro que también estaba sonriendo. Siempre era así. 

Se apresuró hacia el paso de peatones y le levantó la mano con la palma abierta para que parara. Ella no lo entendió, se encogió de hombros y siguió caminando por el paso de peatones, hasta juntarse con él justo en medio. Se abrazaron. Y os aseguro que, incluso si todo el viaje hubiera sido solo para ese momento, habría valido de igual manera la pena.

La estrujó en sus brazos, contento, y le dio un beso en la mejilla, uno sonoro y cargado. Ella sonrió de nuevo, y cuando estaba a punto de hablar, se escuchó el pitido de los coches. Estaban ahí, parados, en mitad de una de las calles más centrales, entorpeciendo el tráfico. “¡Corre!” - le dijo. Y entre carcajadas huyeron al trote hacia la acera. 

- ¿Qué plan has preparado? - preguntó él mientras se alejaban un poco del alboroto de la calle principal. Ella le miró extrañada, señalándose a sí misma y protestó - ¿Yo? ¡Pero si acabo de llegar a esta ciudad, no conozco casi nada! Di tú qué te apetece hacer conmigo-. Él se rió - ¡excusas, mimimimi, excusas! Pero no te preocupes, tengo el plan perfecto, pues, de lo que más me apetece -. La cogió del la muñeca, tirando levemente de ella para evitar que se chocara con una persona que venía a toda velocidad desde la otra dirección y llevándola hacia una cuesta próxima.

- Vamos por aquí-. Dijo él. Y ella, ella se dejó llevar.

Llegaron enseguida al Parque del Retiro, lleno de césped, árboles, sonidos de pájaros, aire fresco y tranquilidad. - Pero... ¿qué plan ese ese tan fantástico? - preguntó ella mirando alrededor. Ya había estado antes, pero seguía gustándole ese sitio. Era como encontrar un oasis verde en un vasto desierto de ruido, metal, y cemento. Era como un lugar donde poder desconectar del ajetreo constante que embargaba la capital. Él la miró brevemente, negó con la cabeza y siguió caminando. - Si te lo digo no tiene gracia, pero créeme, que es un plan genial. ¡Al menos para mí! -rió.

A los pocos minutos caminando hacia el interior del parque, se pararon en frente de un bordillo alto que separaba el camino de los viandantes del césped. volvió a acercar su mano a su muñeca, la cogió con solo los dedos, y se la alzó levemente mientras hacía una reverencia señalando con el brazo hacia el césped. - Si la señorita me permite - comentó, divertido. Ella se rió, y después intentó ponerse seria - Cómo no, faltaría más - respondió mientras se ayudaba de su mano para subir el escalón. Ciertamente no le hacía falta la ayuda, pero así era más divertido.

Se sentó en el césped, y la invitó con otro gesto más a sentarse ella también. Ella le miró, alzando una ceja mientras se sentaba. 

- ¿Y bien? - preguntó ella.

Él se encogió de hombros, mirándola tranquilamente, y sonrió. - Este es mi plan. Lo que más me apetece hacer contigo - dijo mientras volvía a encogerse de hombros. 

- ¿El qué? ¿Sentarte en el suelo? - preguntó ella aguantando la risa.

- Nooooooo - respondió él. - Ya sabes. Estar. Simplemente estar, hablar contigo - estiró las piernas a un lado y se dejó caer un poco, colocando las manos en la nuca para que la cabeza quedara un poco más levantada y no tocara el suelo. Quedó mirando el cielo mientras proseguía - Eres sin duda alguna, una de las personas más interesantes mentalmente que conozco. Tu forma de ser, tus pensamientos, tu manera de expresarlo, tu saber estar, tu inteligencia emocional. Es fascinante, ¡de verdad! Y quiero disfrutar de ello. Aquí, así, hablando contigo, sin más preocupación que conseguir poner una palabra después de la otra al hablar -.

Ella le miró en silencio unos segundos, luego, ya también un poco sonrojada, echó la cabeza para atrás y negó con la cabeza velozmente un par de veces - Naaaaaah, qué dices, pero qué lindo eres. Ayyyy, ¡te como! - respondió, riéndose ya. Él se rió también, era difícil no hacerlo con esa risa tan contagiosa que ella tenía, y más si usaba una de sus expresiones tan típicas.

Y así pasaron el resto del día. Hablando, conociéndose un poco más. Descubriendo ideas, disfrutando puntos de vista, formando opiniones, compartiendo momentos y sueños, recordando historias, vivencias, y cualquier otra cosa de la que se pueda hablar. Rieron mucho, y también lloraron un poco. Pero sin duda alguna, al terminar el día, lo que sí tuvieron, es que los dos eran un poquito más.

martes, 26 de enero de 2021

Normalicemos el querer.

Normalicemos ya no sólo el querer, sino el decirlo. Normalicemos que no sólo se quiere a tu familia y tu pareja, sino también a amigos y amigas, a perros y gatos, incluso a intangibles. Normalicemos que sea algo que digan tanto chicos como chicas, independientemente de a qué sexo se dirijan.

Normalicemos que sentir es humano, que es esencial para ser personas, y que es motivo de felicidad y no de vergüenza.

"Querer" según la RAE: "Amar, tener cariño, inclinación a alguien o algo"

¿Puede haber algo más puro y bonito que tener cariño por alguien o algo? Así que, no seas tonto y díselo. A él, a ella, a ellos. Seguro que tienes más de una persona en tu vida por la que sientes inclinación, a la que le tienes cariño, ya sea por unas cosas u otras.
 

No siempre se trata de amar, de querer compartir una vida romántica con alguien. A veces es simplemente que hay alguna persona que siempre está ahí para ti. O incluso simplemente es alguien con quien hablas sólo de vez en cuando, pero que siempre que lo haces te sientes sonreír por dentro. Quizá gente con la que tienes muchas vivencias pasadas acumuladas y que por la nostalgia te hace sentir así. O quizá gente que por su caracter te inspira a sentirte bien. Quizá, no quizá, quién sabe. Pueden ser mil cosas... pero si lo sientes... díselo. 

Toda la vida me han considerado, y con razón, enamoradizo. Pero a parte de eso, también he sido muy de querer a las personas, de encariñarme; de sentir que formas parte de la vida de otras personas y que esas personas forman parte de la tuya. Saber que hay gente que te lee o te escucha y es feliz solo por ello, y al revés. ¿Soy sólo yo el que piensa que esto es maravilloso y da a la vida mucho más color y calidez?

En serio. Normalicemos que querer, es la mejor cualidad del ser humano.

sábado, 30 de marzo de 2019

Así empezó

- Si te giras, te beso. - Le dijo él, mirándola a escasos centímetros de distancia, la cara apoyada en su cama, mientras ella estaba tumabada boca arriba y a veces le daba por girarse para encontrarse con su mirada.
Él se moría por besarla, y ella lo sabía. Ella quería que la besara, y él lo sabía también. Pero sin embargo, pese a repetir la misma amenaza hasta 3 veces, no llegó a besarla. Y ganas no le faltaba a ninguno, y besos tampoco, pero a veces el corazón de una persona tiene tantas heridas que las cicatrices se convierten en miedo, que el dolor del pasado se convierte en duda.

"La beso, a la próxima la beso, de verdad" pensó él hasta en 3 ocasiones. No hubo un cuarto pensamiento similar, no hubo otra auto-promesa incumplida. Y no la hubo, porque ese día sí hubo un héroe, sí hubo un valiente. Ella se giró, él la miró... y ella misma, sin dejarle amenazar en vano, le besó. Le besó y le quitó el miedo, le besó y le curó cien heridas, le besó y cerró cicatrices que no recordaban ya qué era sentirse listas. Le besó, y todo, desde aquel momento, cambió. Y aunque ella en ese momento no supo lo que ese beso acarrearía, arriesgó. Y ganó, ella. Y ganó, él.

 Y hoy, más de dos años después, no hay ni un sólo día en el que él no la mire y la admire, y de gracias por aquel día en el que ella fue, lo que él no pudo ser. Valiente.

 

 

Te quiero, cielo.

martes, 4 de diciembre de 2018

No todo el amor se siente igual

No todos los amores son iguales, no.
No todos se sienten igual... y quizá sea eso lo que haga del amor, amor.
Algo íntimo, personal, que se nutre y se moldea de distinta manera según la persona a la que se ama. Y se crea algo irrepetible, algo que por muchas veces que te hayas enamorado, no será nunca igual. ¿Y no es eso bonito? Yo creo que sí.

Aun hoy, después de tantos meses juntos, sigo pensando en ti constantemente. Mientras trabajo, mientras voy en el metro, mientras juego, mientras canto, y sobretodo mientras escribo. Y siempre pienso que tengo ganas de volver a tu lado, sea la hora que sea, esté donde esté. Me encanta la sensación de estar cerca de ti, aunque tú estés a lo tuyo, y yo a lo mío. Me hace feliz sentir tu presencia cercana.

Eres la playa recóndita donde descansa mi ser,
mi santuario de paz donde puedo volver.
Hasta en mi peor día, encontrarme a tu lado,
apaga mi rabia y deja mi corazón calmado.

Eres la magia que me mantiene siempre niño,
el hada que crea los polvos con los que río.
Mi pensamiento alegre de Nunca Jamás,
no importa dónde volemos si tú aun estás.

Eres el suspiro de Becquer,
que nunca supo a dónde iba.
Qué tonto él, que preguntó
yo lo seguí, a ti me llevó.


 Y estás lineas describen perfectamente como siento mi amor por ti.
Gracias por ser así.

~R

martes, 13 de marzo de 2018

Ojalá vuelvas

Entiendo que te fueras, comprendo los motivos, incluso aquellos que nunca se dijeron y quedaron a merced del olvido en el fondo de ti. Comprendo mis errores, mi equívoca motivación, mi falta de comprensión. Así que no solo entiendo que te fueras, sino que además lo apoyo. Lo que no consigo sobrellevar, es que no vuelvas, o peor aún, que no quieras volver.
 
Después de tantas horas, tantos recuerdos y canciones. Después de tantos viajes, tantos esfuerzos por regalarnos unos minutos más. Hicimos grandes cosas pequeñas, vivimos de forma distinta momentos banales. Pero sobretodo, creamos. Creamos cientos de historias, algunas reales y otras no tanto; creamos magia, unas veces de letra y otras de tan solo un instante; creamos algo, para los dos, un algo sin nombre y ajeno al paso del tiempo, un algo que debía estar para siempre... Porque tanto tú como yo, lo habríamos querido así en su momento.
 
Y a mí, a mí se me parte el alma solo de imaginar que no se puede recomponer el puzzle. Sabía que eras de muchas piezas, y que eran de difícil encaje, incluso algunas eran cambiantes. Sabía que tardaría toda una vida en entenderte del todo, pero estaba dispuesto a esperar si mientras podía seguir aprendiéndote día a día.
Solo espero que te des cuenta de lo mucho que has sido para mí, de lo mucho que me has importado... y que sepas que pase el tiempo que pase, aquí te seguiré esperando. 
 
Y ojalá un día me hables tú, y pueda empezar una nueva historia con la misma letra pero distinto final. O mejor aun, sin final.

Ojalá vuelvas.

martes, 6 de marzo de 2018

Inconexión

Estaba esperando el metro, resulta que en mi parada no llega la cobertura de internet, así que como siempre he dedicado esos minutos de inconexión para dar un repaso a las fotos de mi móvil.

He estado mirando las fotos de mi familia y de mi querida sobrinita Laura. No he dejado de sonreír ni un solo instante en esos 5 minutos que ha tardado el metro en llegar. No he dejado ni un segundo de querer poder cerrar los ojos y chasquear los dedos, para que al abrirlos me encontrara allí con ellos.

Después ha venido el metro y casi sigo con mi vida. Pero entonces me ha atacado una sensación de rechazo, de inconformismo. No, no está bien que haya tenido que ser la falta de internet la que me haya hecho prestarles esa atención a mi familia y sus fotos. No está bien, porque debería sacar más tiempo para la realidad y menos para la ficción que es internet.
Nos abosrbe a muchos, nos aparta de los sentimientos más humanos y de cosas que no deberían nunca quedarse atrás en la vida de nadie.

Hoy me he dado cuenta de que tengo algo que cambiar en mi vida. Y ese es el primer paso para cambiarlo.

viernes, 2 de marzo de 2018

Nada en el Tintero

Yo creo que lo peor de la vida es que nunca sabes qué elección te va a llevar a qué y te va a privar de cuánto. Al mismo tiempo, ahí mismo radica lo maravilloso de la vida, lo que hace que realmente estés viviendo TU vida.

Por eso los videojuegos gustan tanto. Guardar y cargar, infinitas veces, hasta que hayas probado todas las combinaciones y elijas el resultado que más te guste. Al mismo tiempo, por eso siempre volvemos a la vida real, para poder ser nosotros mismos mediante las elecciones sin vuelta atrás que hacemos.

Y precisamente por ese caracter incierto, azaroso también, es por lo que creo firmemente en estas tres cosas:

- Da siempre una segunda oportunidad, no a aquellos que te la pidan, sino a aquellos que en sus acciones reflejen que realmente la quieren. Nadie que no se preocupe por ti de verdad seguirá ahí aun cuando vuestros caminos se hayan separado. Piénsalo.

- No guardes rencor. El rencor es injusto, porque le pone la cara de su yo pasado incluso a aquellos que cambiaron hace tiempo. El rencor ciega, te impide ver las personas como son y las muestra siempre como quien fueron, o peor. Y el rencor solo trae más rencor.

- Sé sincero. Con el resto del mundo y contigo mismo. No dejes cosas sin hacer por orgullo, el orgullo es simplemente el miedo a que piensen menos de nosotros. Y ¿Qué importa qué piensen? Importa lo que piensas tú.
Ser sincero con los demás hará que confíen en ti, pero no lo hagas por eso, hazlo porque solo así tendrás una conciencia tranquila y dormirás bien todas las noches.

- Bonus: No te dejes nada en el tintero.

martes, 26 de diciembre de 2017

Personas

Estoy en el tren de vuelta a casa. Tengo 1h y cuarenta minutos por delante, y la necesidad de escribir para plasmar mis pensamientos y sentimientos. Hacía tiempo que no lo hacía, hacía tiempo que no me sentaba conmigo mismo y me hablaba como aquel que se ve con un amigo de toda la vida, pero que hacía ya años que no veía.
Mis manos echaban de menos sentir palabras, echaban de menos ser la pluma que escribe una historia.

Y aquí estoy, listo para escribir. ¿Qué me ha empujado a escribir? La persona que tengo sentada al lado. No la conozco de nada, y no tengo ni la más remota idea de como se llama o de dónde es. Simplemente me ha pedido que si le podía ayudar a subir la maleta, y algo tan tonto, tan simple, me ha hecho pensar en lo afortunados que somos de conocer en la vida a esas personas que nos forjan y viven nuestra vida con nosotros, esas personas que cambian algo en un solo instante y ese instante cambia tu vida. Esas personas, que vale la pena conocer.

Los que me conocen saben que tengo facilidad para encariñarme con la gente, para confiar en las personas y dejarme llevar por las emociones y lo sentimientos. Me encanta la gente, porque son completos misterios, son algo totalmente desconocido y secreto. Me encanta la gente porque esconden cientos de colores y formas, miles de maneras de ser y de ideas distintas, miles de sorpresas.

Y esto me lleva a hablar de lo siguiente. Hay 4 categorías de personas que te puedes cruzar en la vida. Una, es la gente tóxica. No perdamos no un segudo hablando de ellos.
Dos, la gente que conoces y con la que puedes estar y pasártelo bien. Es gente que pueden ser amigos de amigos, conocidos, alguien de clase o el trabajo, etc.
Tres, los amigos. Todos sabemos qué es un amigo, porque cada uno tiene su propia definición para esa palabra. Esas personas que van más allá de caerte bien, esas personas en las que confías, con las que compartes, por elección propia, tu tiempo libre, tus secretos, tus problemas, tus grandes momentos. Eso es un amigo.
Y luego está la cuatro. Ese tipo de persona no es necesariamente rara o escasa, simplemente no todo el mundo la sabe ver, o mejor dicho, sentir.

Es esa persona que en el momento de conocerla sientes que algo cambia en tu vida o tu manera de ver la vida. Que cuando la conoces sientes que esa persona va a tener un impacto en tu vida, que se merece tu atención y tus mejores intenciones. Es esa persona que cuando la ves, sabes que va a romper alguna de tus cientos de murallas que has levantado con el tiempo por culpa del miedo o la inseguridad.

Y no necesariamente tiene que ser alguien que esté ahí toda la vida. No necesariamente tiene que ser alguien que planearas encontrar o conocer. No tiene por qué ser nada en concreto.
Hay gente así que te impacta y hace temblar tu mundo en unos dias, luego desaparece. Incluso en unas horas.
Hay gente así que te aparece de la manera más insospechada, jugando a un juego online, en una parada de autobús, caminando por la calle.
Hay gente así que no tiene porque ser amor, ni siquiera una amistad. No es nada en concreto, pero puede perfectamente serlo.

Yo me he cruzado con mucha gente que me ha roto muros, he conocido a muchas personas que me han hecho sentir que se podía ir más allá en la vida. He encontrado gente que me ha hecho sentir sentimientos o emociones de formas que no había sentido antes. Algunas de esas personas duraron unos segundos, otras unos meses, y algunas afortunadamente se quedarán toda mi vida.

Y es que sin duda alguna, aquello que más importa en la vida son las personas, que en definitiva son las que viven la vida.

martes, 26 de septiembre de 2017

Errores

Supongo que a veces no basta con querer hacer las cosas bien. Porque no siempre lo que crees que haces bien, está bien. Está claro que cometer errrores es humano, está claro. Pero los errores, humanos o no, tienen consecuencias.

He cometido muchísimos errores en mi vida, supongo que tantos como cualquier otro, o incluso más. He sacado dos conclusiones en claro:
Uno, que el que más errores comete es el que más cosas intenta. Y dos, que los errores con las personas que quieres, terminan doliéndote más a ti que a ningún otro. Esto último, a mi pesar, lo he comprobado en demasiadas ocasiones y en mi propia vida.

Mis errores han sido tan grandes, que he llegado a perder a gente de mi lado. En algunos casos, para siempre, en otros con más fortuna, durante "solo" años.
Y de todo esto, lo que he sacado en claro es... que aunque estemos condenados a cometer errores, es nuestra opción elegir qué hacer con ellos.
Aunque creas que no sirve de nada, discúlpate, una y mil veces si hace falta y lo sientes. Aunque creas que ya es tarde, reconoce tu error, no le pongas excusas, admite que has sido estúpido. Aunque no le veas sentido, demuestra que te importa haberte equivocado y haber dolido a alguien. Demuéstralo con más que palabras. Demuéstralo de corazón con cada cosa que hagas mientras lo sientas.
Y es que no se trata de buscar el perdón de la otra persona, sino de buscar el perdón de uno mismo.

Nadie puede librarse de errar, pero todos podemos elegir cómo afrontarlo.

miércoles, 28 de junio de 2017

"No" a la buena suerte.

No quiero tener la suerte de cometer errores y que se arreglen solos. No quiero tener suerte para que me den trabajos, ni encontrar un piso con condiciones inmejorables. No quiero la buena suerte, no la quiero si no va cogida de la mano contigo.


Paso de esa suerte que hace que todo me vaya bien, que cualquier dificultad que se me plantee en el camino termine por solucionarse de la mejor manera posible y sin que prácticamente lo intente. Paso de esa suerte, por completo, si no la puedo tener cuando se trata de ti, de nosotros. Y es que aunque ya te lo he dicho, te lo puedo repetir una y otra vez, porque no es algo de lo que vaya a cambiar de opinión: Eres el amor de mi vida, y no lo mido en cuánto te quiero y ya, sino en esas otras cosas que me haces sentir. Cosas que no había sentido antes, que no habría podido explicar hasta el momento en el que comencé a vivir mi vida junto a ti.


¿Conoces esa sensación de que alguien se funda en un abrazo contigo y de repente no sientas ningún tipo de emoción ni sentimiento más que una completa calma que te hace sentir seguro? Yo ahora la conozco, gracias a ti.
¿Conoces ese momento en el que tu mente se centra, tu actitud cambia, tus ganas de todo crecen y parece que por fin estés caminando el camino que tú mismo elegiste para ti? Yo lo conozco, gracias a ti.


Es fácil decirlo, lo sé. Es fácil porque las palabras se escriben en solo un instante, pese a que lo que describen es un sentimiento y estado que durará toda una vida. Es fácil decirlo, pero también tengo intención de demostrarlo, de seguir día a día a tu lado. Estoy seguro de que meteré la pata alguna vez, y alguna otra. Estoy seguro que seguiré teniendo errores, pero no más seguro estoy de ello que de que no voy a cansarme nunca de ti, de tu risa que hace eco en mí, de tu manera de recibirme cada día al llegar a casa, de tus movimientos aleatorios, de cuando te da espumita. Dios, qué feliz soy cuando te da espumita.

No sé, Nika, quizá sea un tonto por creer en el amor verdadero. Quizá sea un tonto por creer que algo basta solo con quererlo e intentarlo con todas tus fuerzas para tenerlo y que esté siempre ahí... pero este tonto te quiere, ayer, hoy y para siempre.


Este tonto... sabe poco, pero lo poco que sabe lo sabe bien. Y sé... que eres el amor de mi vida.

viernes, 9 de junio de 2017

Solo con verte

Como un desierto para el caminante,
que implacable y eterno lo siente.
Como una espina de rosa,
que tiñe de rojo al valiente.

Fuego desnudo en mi alma,
cada vez que roza mi piel tu mano.
Fuego desnudo, que quema,
como tu vela al secar mi llanto.

No intento predecir el viento,
sino dejarme llevar a donde ir.
No pretendo entender qué siento,
sino dejar a mi corazón latir.

¿Y que hago si no es quererte
a cada segundo que estás aquí,
paseando por mi mente,
porque nunca te has ido de ahí?

¿Y qué hago si no es amarte,
a ti y cada momento a tu lado?
Sería feliz sólo con verte,

pero he sido el más afortunado.